¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo. (Foto: Debate)
¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo. (Foto: Debate)
José Carlos Yrigoyen

¿Por qué nos es tan difícil fijar las pandemias en nuestro imaginario histórico? Basta recordar que la tragedia más letal del siglo XX no fue ninguna de las dos guerras mundiales que preservamos como hitos contemporáneos, sino la gripe española, que en solo dos años (1918-1920) acabó con la vida de cien millones de personas alrededor del planeta. Tal vez la cuestión sea que, a diferencia de los eventos bélicos, nos cuesta señalar el inicio, desarrollo y conclusión de las pandemias; al ser incapaces de atribuirles dicha estructura aristotélica, las olvidamos entre muchos otros acontecimientos que juzgamos más reconocibles.

El ensayo “¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo” del búlgaro Iván Krastev -uno de los politólogos más reconocidos de Europa- plantea que ya podemos manejar algunos indicios de cuándo será el fin de la pandemia; sin embargo, eso no es lo más importante, sino cómo lo hará. A partir de esa convicción, Krastev analiza, desmontando errores ópticos y aparentes verdades engendradas en estos tiempos confusos, cuál será realmente el futuro de la globalización, de las democracias ante la amenaza populista y de la Unión Europea.

Nuestro autor reconoce que varias de sus conjeturas iniciales se han dado de bruces contra la realidad, pero que otras sí han logrado mantenerse y demostrar que, aunque poseemos algunas certezas, buena parte de ellas han tomado un cariz paradójico que nos obliga a aceptar que ya no hay vuelta atrás después del covid-19. No obstante, también nos enseñan a no adelantar apresuradamente el fin del orden liberal -como sostuvo, con alegre ligereza, Slavok Zizek- o a anunciar su auténtico carácter autoritario, según han dictaminado filósofos habitualmente serios como Giorgio Agamben o Peter Sloterdijk. Y, sobre todo, a tomar con pinzas esas advertencias tremendistas sobre el irresistible ascenso de los autoritarismos a raíz de la pandemia.

Krastev sostiene que una de las paradojas principales del mundo acosado por el coronavirus es que los líderes autoritarios, quienes suelen asentar su poder personal en las crisis, no la están pasando bien en este contexto. La explicación es que las crisis les favorecen cuando son creadas por ellos mismos y ofrecen su posición de hombres fuertes para conjurarlas. Este no es el caso: el hecho de reemplazar sus bravatas y el culto a la personalidad por normas racionales los ha disminuido a niveles intolerables para su ego colosal. El complicado presente de Donald Trump -casi seguro derrotado de las elecciones norteamericanas de noviembre- o de Jair Bolsonaro son pruebas suficientes a este respecto.

¿Ha puesto en jaque la pandemia a las democracias que se han visto impelidas a decretar el estado de excepción? Krastev cree que no y su posición es similar a la de otro notable politólogo, Daniel Innenarity, quien en su excelente “Pandemocracia” nos recuerda el caso de Hungría, caballito de batalla de quienes argumentan lo contrario. Estos olvidan que el régimen de Orbán ya era en la práctica una dictadura apenas disfrazada y que la excepcionalidad brindada a su favor por el parlamento magiar carece de fundamentos básicos: una condición temporal y la incapacidad para crear nuevos delitos. El estado de excepción no suprime el pluralismo; lo que sí puede dañarlo es que la gente se quede en casa. Uno de sus factores esenciales es “la gente de las plazas” a la que aludía Milton Friedman.

Finalmente, queda esa media verdad de que el Estado nación ha resurgido frente a las entidades supranacionales y los proyectos globalizadores. Las críticas que Krastev formula a la Unión Europea son tan duras como ciertas: en el inicio del contagio, Bruselas no supo cómo reaccionar mientras en España e Italia la gente moría por millares. Pero, en realidad, el neokeynesianismo de las medidas de esos Estados no confirma su auge, sino más bien su incapacidad para obtener la mayoría de los recursos que por sí solos no pueden generar. La lección de ello es que para conseguir la igualdad y la prosperidad en el mundo de hoy el pacto global es insoslayable. “¿Ya es mañana?” resulta una lectura muy estimulante y mucho más lúcida que las estridentes admoniciones de algunos orondos intelectuales demasiado enamorados de su propia voz.

LA FICHA

¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo.

Calificación: ★★★★

Autor: Iván Krastev.

Editorial: Debate.

Páginas: 128


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