La batalla por el buen cine. Textos críticos 1961-1963.
La batalla por el buen cine. Textos críticos 1961-1963.
José Carlos Yrigoyen

Es difícil hallar en el cine nacional una figura de tan fuerte personalidad artística como Armando Robles Godoy, al margen de las opiniones que tengamos sobre su obra. Fue el primero de nuestros directores que se consideró un autor en todo el sentido de la palabra: bajo ciertas convicciones e influencias forjó una serie de películas muy particulares que en los años sesenta y setenta significaron los únicos referentes cinematográficos peruanos dentro del ámbito internacional. Otra de sus facetas –quizá menos conocida, pero asimismo fundamental para el desarrollo del séptimo arte entre nosotros–, es su labor de crítico en el diario “La Prensa” durante 1961 y 1963. Por ello es valorable el rescate de esos textos dispersos por parte de Emilio Bustamante –docente universitario e investigador al que debemos una minuciosa historia de la radio en el Perú (2012)–, quien los ha reunido y estudiado en “La batalla por el buen cine”, volumen imprescindible para comprender las motivaciones e ideas del cineasta de “La muralla verde” (1970).

Existen dos aspectos por los que las reseñas de Robles resultan decisivas. El primero es que fueron un claro parteaguas para la crítica cinematográfica peruana. Esta era, antes de su llegada, un anodino agregado de las secciones de espectáculos. Ejercida desde un conservadurismo indulgente y una soberbia prejuiciosa, se limitaba al comentario ligero de los argumentos y temas de las películas. Robles, en cambio, se dedicó a analizar con rigor el lenguaje fílmico, procurando nunca distanciarse del gran público: escribía de forma sencilla, accesible y didáctica, sin que eso entrañara menospreciar a los lectores. Todo lo contrario. Leyéndolo, es evidente que respetaba muchísimo sus apreciaciones, al punto de aceptar la polémica con ellos de igual a igual. En distintas oportunidades brindó su espacio para responder a las inquietudes u objeciones que le formulaban. No solo fue un pionero en lo que a la madurez del cine nacional se refiere, sino que es arduo entender la crítica cinéfila moderna de nuestro país –encarnada en publicaciones como “Hablemos de cine”, “La gran ilusión” o “Godard!”– sin su aporte previo, renovador y determinante.

El segundo aspecto destacable es que, como afirma Bustamante, estos textos constituyeron una poética de su obra fílmica, un estatuto de su posterior ejercicio cinematográfico. Esos principios pueden resumirse en la certeza de que el cine se había apartado de su propia esencia para ceder –casi siempre por razones comerciales– a las convenciones narrativas, la linealidad, los recursos dramatúrgicos y la concepción de los personajes por medio de una psicología reconocible. Muy persuadido por las cintas de Alain Resnais, Robles perfila los mandamientos del camino alterno que aspiraba a seguir: la alteración témporo espacial del relato, la narración dislocada basada en la elipsis y en los dictámenes de la memoria, así como en una perspectiva más cercana a la música que a la novela o al teatro. Vislumbramos en estos apuntes primigenios el sustrato de lo que llamó “el lenguaje misterioso”, cuyo fin era transmitir en la pantalla una experiencia inefable, mística y epifánica que desafiara cualquier racionalidad.

¿Logró concretar Robles ese “lenguaje misterioso” en su cine? Los expertos coinciden en que los resultados fueron mixtos. A la hora de aplicar sus ideas, muchas veces estas se redujeron a un vanguardismo pirotécnico caracterizado por una imaginación fría y exteriorista que congelaba las pulsiones de sus personajes, meros entes que recitaban sus diálogos sin mayor emotividad ni convicción. Es lo que sucede en “Espejismo” (1972) y en “Sonata Soledad”. (1987). Sin embargo, en las bellísimas escenas de la procesión de Luren en “Espejismo” o el final de “La muralla verde”, sí es pertinente reconocer que se acercó a su objetivo, aunque fuese de manera parcial. Tal vez ello indujo a Bustamante a sostener en “La gran ilusión” que, como otros peruanos de talento, Armando Robles Godoy será más recordado por lo que pudo hacer que por lo que hizo. Suscribo el juicio, pero con un atenuante: en su caso, Robles debió abrirse paso en un medio prácticamente inexistente, donde todo estaba por fundarse. Fue suya la valentía del que coloca la primera piedra en un yermo desalentador. Este buen libro reivindica a ese imprevisible autor de quien todavía hay bastante que decir.

Autor: Emilio Bustamante.

Libro: La batalla por el buen cine. Textos críticos 1961-1963.

Universidad de Lima, 2020. 399 pp.

Relación con el autor: conocidos.

Valoración: 4 estrellas de 5 posibles.