"Golpe de Estado" de John Updike, "Anatomía de un instante" de Javier Cercas y "La caída de Velasco" de Antonio Zapata son las lecturas recomendadas esta semana. (Fuente: Difusión)
"Golpe de Estado" de John Updike, "Anatomía de un instante" de Javier Cercas y "La caída de Velasco" de Antonio Zapata son las lecturas recomendadas esta semana. (Fuente: Difusión)
José Carlos Yrigoyen

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Quizá fuimos demasiado optimistas en creer, durante buen tiempo, que la amenaza del -tal como los televisores analógicos, las guías telefónicas o los walkmans-, pertenecía a un pasado al que era muy improbable regresar. En nuestra precaria democracia, donde el miedo y la nostalgia por la mano dura proyectan sus sombras al primer desencuentro, es ingenuo descartar los peores escenarios u olvidar que, a diferencia de las personas, los países nunca tocan fondo y pueden degradarse y seguir degradándose institucionalmente hasta lo indecible.

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Hay quienes toman esa circunstancia con humor. El novelista estadounidense John Updike viajó a África en los setenta y conoció el horror de las dictaduras que tiranizaban el continente, propias del realismo mágico más sórdido. De esa experiencia surgió una deliciosa novela satírica, “Golpe de Estado”, publicada originalmente en 1979. Nos presenta una nación ficticia, Kush -país que, al igual que Chad o Mali, es una larga extensión desértica apenas urbanizada en que el hambre y el analfabetismo campean sin solución-, gobernada por un sátrapa marxista e islámico, Hakim Félix Ellellou, que asume el poder ajusticiando al viejo y ciego rey al que derrocó. En su lucha por mantener la pureza espiritual de su pueblo, quema en una gran pira todas las donaciones norteamericanas destinadas a paliar la sequía que agobia a Kush hace un lustro. La narración está enfocada desde el punto de vista de Ellellou, quien, aceptando una variante de la filosofía del entrenador Elba de Pádua Tim –”la libertad es una manta que, levantada hasta la barbilla, deja al descubierto los pies”-, concluye en que el único modo de enfrentar a sus enemigos ideológicos es encarnando autoritariamente a una sociedad, que, al primer descuido, se entrega al consumismo occidental con entusiasmo, tornándolo así en absurdo mártir perdido dentro de aquel enorme páramo donde “el agua es más preciosa que la sangre”.

Con mayor gravedad, el español trató la más seria tentativa de interrumpir el camino democrático de su país luego de la Transición en la extraordinaria “Anatomía de un instante”. El instante al que se refiere Cercas es el de la irrupción a punta de balazos del ultraderechista coronel Tejero en el Congreso de los Diputados, el 23 de febrero de 1981. Ante los disparos, todos los parlamentarios se escondieron bajo sus escaños, salvo dos: el jefe de Estado, Adolfo Suárez, y el líder del Partido Comunista, Santiago Carrillo. El primero representaba a un gobierno débil, aunque elegido por la legítima mayoría del pueblo; el segundo, a la sacrificada oposición a la dictadura franquista durante cuarenta años. Su coraje y decisión, después acompañada por las del Rey Juan Carlos, consiguieron debelar una intentona que fortaleció la adhesión de los españoles por el sistema de libertades, aunque Cercas -quien pone en marcha una narración potente, documentada y emocionante- desmitifica el papel democratizador de Suárez, recordando su labor dentro del franquismo terminal, incidiendo en su personalidad burocrática y sin lustre, pero a la vez recordándonos que un solo segundo de valor puede honrar toda una vida.

La caída de Velasco”, del historiador , pretende establecer las causas y errores que provocaron el declive de la primera fase del docenio militar y el golpe incruento que dirigió Morales Bermúdez, consagrado a desmontar sus reformas. En su rigurosa investigación, Zapata contó con una fuente valiosa: los borradores de las actas de los consejos de ministros que Velasco presidió, ya muy enfermo, con la pierna amputada, tomando decisiones sobre un país asediado por un latente conflicto con Chile, la represión insoportable y una economía que comenzaba a mostrar síntomas preocupantes. Lejos de la inflamada retórica oficial, esas reuniones confrontaban a los dirigentes con una realidad paulatinamente más dura y sombría, que acabó por arrinconar a Velasco contra aquello que llaman la soledad de poder: su salida de Palacio, por una puerta trasera y sin que nadie se manifestara a su favor luego de haber encabezado una radical modernización social que definió al Perú que hoy habitamos. “La caída de Velasco” es uno de los mejores libros peruanos de no ficción de los años recientes; junto a “El último dictador” de José Alejandro Godoy ilustra de modo meridiano los terribles males generados por la sedición, la felonía y la brutalidad.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

John Updike. “Golpe de Estado”. RBA, 2011. 336 pp.

Javier Cercas. “Anatomía de un instante”. Literatura Random House. 480 pp.

Antonio Zapata. “La caída de Velasco”. Taurus, 2019. 261 pp.

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