“Tiempos recios" de Mario Vargas Llosa; “Archivo expiatorio” de Luis Jochamowitz; y “Resina” de Richard Parra. (Foto: Difusión)
“Tiempos recios" de Mario Vargas Llosa; “Archivo expiatorio” de Luis Jochamowitz; y “Resina” de Richard Parra. (Foto: Difusión)
José Carlos Yrigoyen

Novela

Mario Vargas Llosa regresó con su mejor ficción desde “La fiesta del Chivo” y de paso la más destacada de este año: “Tiempos recios”. Sobresalieron en un ciclo fecundo para este género “Adiós a la revolución”, de Francisco Ángeles; “Cementerio de barcos”, de Ulises Gutiérrez; y “La Perricholi, reina de Lima”, sólida incursión en la novela histórica por parte de Alonso Cueto.

Teresa Ruiz Rosas demostró oficio y persuasivos recursos para construir la rara densidad de “Estación delirio”. “Tiene que haber otro final”, de Susanne Noltenius; “El futuro es una máquina que nunca se apaga”, sorprendente artefacto de Erick Benites; “Aquello que perdimos en la arena”, de Julia Wong; “El imperio de las mareas”, de Luis Hernán Castañeda; y “Amores líquidos”, volumen que extiende el continuo malestar emocional y sexual que impulsa la narrativa de Carmen Ollé, son títulos referenciales de esta etapa que se cierra. También “Lo tenemos levantado hacia el Señor”, divertida blasfemia del corrosivo Javier Ponce; “El sueño de cerbero”, de Víctor Lozada, así como “Historia de un brazo”, de Ricardo Sumalavia, uno de nuestros más valiosos prosistas en activo. Hubo reediciones imperdibles como “El bosque de tu nombre”, de Karina Pacheco, y el “El Fantasmocopio”, de Carlos Enrique Freyre. No puedo soslayar dos afortunados rescates: “Ismandro”, compleja historia coral de ribetes vanguardistas firmada por Enrique Pinilla, y “Mosko-Strom”, inconforme fábula social de una adelantada a su época: Rosa Arciniega.

Cuento

La desafiante ternura que rezuma “Pajarito”, de Claudia Ulloa Donoso; el inquietante y cruel tono irreal de “Todo es demasiado”, de Christian Briceño; “Resina”, de Richard Parra con su trepidante violencia callejera; y la orfebrería de la lírica prosa de “Algunos cuerpos celestes”, de Augusto Effio Ordóñez, figuran dentro de lo más encomiable de este rubro. Acompañan los deliciosos y turbadores microrrelatos de Carlos Calderón Fajardo reunidos en “Los zapatos de Bianciotti”; la nostalgia por el miedo de “Jamás en la vida”, de Fernando Ampuero; y “Yo soy una señora”, de Jaime Bayly. Hay que anotar, asimismo, la reedición de “Los ríos de Marte / Trampas para incautos”, debut de Yeniva Fernández, y “Desde el exilio” de Mariella Sala, un clásico de los años ochenta que por fin es accesible a los nuevos lectores.

Dos escritores jóvenes publicaron libros donde, a pesar de dudas e imperfecciones, se proponen espacios alternativos a afianzar en los siguientes años. “Quien golpea primero golpea dos veces”, de J.J. Maldonado, recicla a través de su buena intuición narrativa elementos del cómic y del cine distópico; mientras que “Nadie nos extrañará”, de Luis Francisco Palomino, revitaliza con cierto brío el realismo sucio que tanto se desprestigió en los noventa, y explora los códigos de las relaciones humanas entre ‘millennials’ de un San Juan de Miraflores convulso y personal.

Poesía

Los poetas del setenta no han perdido presencia entre nosotros. Para probarlo está la edición póstuma de “Albaco: ceremonia e interpretación del I Ching” de Enrique Verástegui; “El árbol de Mora”, nutrida y rigurosa antología de Tulio Mora; “Malas maneras y otros poemas”, compilación que hermana al potente libro inaugural de Jorge Nájar con una selecta muestra de su poesía más reciente; y “Soy la muchacha mala de la historia: poemas de María Emilia Cornejo”, excelente estudio e investigación a cargo de Pedro Casusol. Sumemos a esta relación “Romancero berciano”, de José Morales Saravia, y la prosa poética “A mano umbría”, de Carlos López Degregori.

De las generaciones más recientes es necesario incidir en el retorno –tras un cuarto de siglo– de Lizardo Cruzado, poeta que dejó constancia de su consolidada madurez en “No he de volver a escribir”. “Esquirlas”, de Miguel Ildefonso, fue auspiciosa señal para una obra que comienza a emerger de la confusión y la autoindulgencia. “La vida ya superó a la escritura” e “Ideario” son pasos seguros y bien direccionados de la entrañable y ácida Tilsa Otta. Reediciones de obligatoria revisión: “Berlín”, de Victoria Guerrero; “Trenes”, de Roxana Crisólogo; y “Feelback”, de Valeria Román Marroquín.

No ficción

Lo mejor del año corresponde a “Carta al teniente Shogún”, generoso y vibrante testimonio de Lurgio Gavilán sobre sus avatares en el conflicto armado interno; así como a “Y la muerte no tendrá dominio”, de Victoria Guerrero, audaz fusión de relato biográfico y textos poéticos de refulgente intensidad confesional. Alfredo Bryce se despidió de la actividad literaria con “Permiso para retirarme. Antimemorias 3”; Abelardo Sánchez León volvió al ruedo con su sentido “Soldado de Dios”, tan sentido como el collage biográfico dedicado a Vargas Llosa por Mariana de Althaus en “La literatura es fuego”. Muy recomendable resultó “La comedia literaria”, elegantes y amenas memorias de Julio Ortega. “Sabiduría” clausuró la trilogía “Pájaro pinto”, de Gregorio Martínez, un alarde de oralidad y maestría formal digno de sus momentos más altos.

Resaltemos la fina ironía de “Archivo expiatorio”, de Luis Jochamowitz; “A quién le importa”, de Teresina Muñoz Nájar –contundentes crónicas acerca del abuso sexual infantil en nuestra realidad–; “Algún día te mostraré el desierto”, de Renato Cisneros; “En pos de la República”, de Carmen McEvoy; “Las muchachas malas de la historia”, de Rocío Silva Santisteban; la conmovedora impudicia de los “Cuadernos de pasión y desasosiego”, de José Rosas Ribeyro; y el interesante experimento de hibridación plasmado en “Cuadernos de Obrajillo”, por la tríada Luis Hernán Castañeda-Félix Terrones-Paul Baudry. Aparecieron dos libros de investigación basados en la vida personal y política del presidente de la República: “Vizcarra: retrato de un poder en construcción”, lúcida semblanza de Rafaella León, y “Vizcarra: una historia de traición y lealtad”, del inquisitivo Martín Riepl. También vale apuntar la repercusión de “Mujeres del Perú”, de María Luisa del Río y Doris Bayly; “No te mato porque te quiero”, de Lorena Álvarez; y “Hemingway desconocido”, de Omar Zevallos. Entre las reediciones, “Japón no da dos oportunidades”, dura crónica del exilio publicada originalmente en 1994 por Augusto Higa Oshiro; “Los topos” y “El caso Banchero”, de Guillermo Thorndike; “Muerte en el Pentagonito”, de Ricardo Uceda; “El pintor de Lavoes”, de Luis Miranda; “Los cojudos”, de Sofocleto; y “La generación del 50: un mundo dividido”, del maestro Miguel Gutiérrez ocupan un lugar prominente.

LO MEJOR

1. “Tiempos recios”, novela de Mario Vargas Llosa que lo trae de vuelta en su mejor nivel.

2. Las notables columnas de Luis Jochamowitz fueron reunidas en “Archivo expiatorio”.

3. Rafaella León trazó un preciso perfil del presidente en “Vizcarra”.

4 . “Resina”, poderoso libro de cuentos de Richard Parra.

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