Ilustración del artista chileno Alberto Montt para Literary Death Match.
Ilustración del artista chileno Alberto Montt para Literary Death Match.
Juan Carlos Fangacio Arakaki

Por el nombre, seguro muchos recordarán el programa de MTV “Celebrity Deathmatch”, en el que se recreaba a famosos en plastilina peleando hasta la muerte dentro de un cuadrilátero. Pero #LiteraryDeathMatch es una iniciativa del periodista y escritor argentino Diego Fonseca, creada hace unas semanas como ‘hashtag’ en Twitter, para imaginar aguerridos duelos entre figuras de la literatura de todos los países y todos los tiempos y todos los géneros. Así, como jugando, puso a enfrentarse al mexicano Juan Rulfo contra el peruano Julio Ramón Ribeyro, a Dostoievski contra Flaubert, a Virginia Woolf contra Marguerite Duras, entre otros.

Y detrás de esos enfrentamientos, a gente emitiendo sus votos para elegir a su favorito. Porque estas guerras lúdicas son, en el fondo, una buena oportunidad de discutir de literatura, de recordar autores o releer ciertos libros. Para seguir los duelos, hay que acudir al Twitter de Fonseca, , y empezar a votar. Y mientras el torneo sigue su curso, él nos respondió algunas preguntas.

¿Cómo se te ocurrió empezar a armar estas peleas en Twitter (teniendo en cuenta que es la red por excelencia de las peleas más tóxicas)?

Estaba en confinamiento estricto en España y llevaba tres meses sin ver a mi hijo, que vive en Estados Unidos con su mamá. No la llevaba bien. Pasaba el día pensando de qué manera podía ir a verlo. Caí en una angustia jodida. No escribía casi nada y ni leía. Un pozo. Un día estaba en el estudio y veo frente a mí mi ejemplar de “Troilo y Crésida” y recordé que toda la vida he vivido en el tironeo (tironeo bueno) de decidir quién era mejor entre Shakespeare o Cervantes. Así que decidí subirlo a Twitter como encuesta. Empezaron a caer votos, y decidí subir otro duelo. Y así me pasé el día. Creo que fueron 130 o 150 duelos. Me sirvió de distracción para no pensar. Al día siguiente, saqué duelos para mantenerme distraído, y en menos de una semana la cosa creció y había una decena de personas pensando batallas, introducciones, sumando más gente. Hoy debe haber una treintena involucrada. Novelistas, cuentistas, profesores de literatura, académicos, filósofos y, sobre todo, lectores. Para mí leer fue siempre una tabla de salvación de múltiples formas, pero no suponía que lo sería de este modo: un entretenimiento que a muchos les sirvió para recuperar autores olvidados y releerlos, conocer nuevos y armarse listas de títulos. Ahora, cuatro meses después pude viajar a Estados Unidos y ver a mi hijo. Él me ayuda a cargar los duelos en la plataforma.

¿Cuáles son los criterios principales que utilizas para los emparejamientos?

El primero es género: cuento-cuento, novela-novela, filosofía-filosofía, y demás. Luego debía haber cierta cercanía entre los autores, escribir dentro del mismo tema. Pero eso se complicaba a medida que pasaba el tiempo, así que en algunos casos armé y armamos bombos de varios autores sin mucha relación. Al cabo, el lector elegirá a quien lee, no a quien no. Y sucedió algo muy normal: todos intentamos ordenar el mundo, buscar razones al desorden. Y eso hacen: la gente encuentra lógica a lo azaroso para mantener el barco a flote. Supongo que, de algún modo, es una metáfora de estos días, sólo que aquí las muertes son simbólicas, y esto es un juego.

Una cosa que percibí en el entretenido duelo Rulfo-Ribeyro es que el asunto se vuelve una cuestión bien patriótica. ¿Fue una excepción o suele pasar?

Ya sucedió antes. Supongo que aún somos hijos de ciertas culturas todavía muy marcadas por la idea de nación y el cosmopolitismo se hace secundario en un torneo como este. Supongo. Pero creo en el fondo la gente elige con bastante razón. Y juega, y eso es importante: defender la idea de ruptura por el lado lúdico. Luego, aun en esas batallas de chauvinismos más o menos graciosos –graciosos porque los mismos inventores de los #Teams se suelen reír de eso– ganan buenos autores. Dudo que un mal autor pudiera ganar a un escritor brillante. El lector siempre se rebela y dice “eh, momento, esto tiene un límite, no se puede votar a este palurdo por más que lleve la bandera del lugar donde crecí”. Deduzco que el chauvinismo tiene algunos límites cuando se trata de una disputa de arreglo intelectual. O eso quiero creer.

Habrá quienes vuelvan a ese argumento (ya convertido en cliché también) de que las comparaciones son odiosas. ¿Qué decir ante ello?

Nada. Vivimos comparando. Y la comparación nunca es definitiva, siempre hay un nuevo ángulo desde el cual arriesgar una tesis. Si esta tontería que hacemos en #LiteraryDeathMatch contribuye a animar algunas discusiones –literarias, filosóficas, políticas–, pues genial que la comparación las movilice. Es usual que la competencia y la puja, el ánimo del debate, haga que cada uno traiga mejores argumentos a la discusión la siguiente vez. Así sea en Twitter, que no es espacio de debate o discusión, sino un bar de gritones.

Los comentarios literarios de los participantes son de lo más divertido. ¿Podrías mencionar dos o tres ejemplos de la creatividad de la gente al referirse a sus autores favoritos?

Hay demasiados. Hay una triple batalla: escribir buenas introducciones a los duelos, que a menudo encargo a gente que respeto; conseguir que gane tu autor preferido, más allá de los chauvinismos, porque es una elección estética y ética; y el intercambio de sarcasmos, ironías y puñaladas retóricas entre los participantes. Hay demasiados y hay muy buenos. Muchos encuentran divertido torearme a mí, que he pasado de ser el Dark Lord a una especie de Nerón electrónico y, como me dijeron por DM tras la batalla de Tolkien, The Lord of The Ring. En todo caso, esta delicia es de las últimas que llegaron: una presentación del duelo entre Gabriela Mistral y Alfonsina Storni en palíndromos. La autora, Merlina Acevedo, la tituló “Sé verlas al revés”, y siguió con este otro juego: “I’m a sin, rot’s. Mistral art’s: I’m Storni’s. A sin rot’s. Mistral art’s: I’m Storni’s, am I?” Hay de todo allí, y me parece una de varias síntesis posibles de #LiteraryDeathMatch: arte, poesía, juego, libertad. Una creativa decadencia.

Siga los enfrentamientos en Twitter:


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