“Me gustan las historias de proezas condenadas al fracaso”
José Miguel Silva

El año 2016 deja libros de autores peruanos que no pasaron desapercibidos. En el género del cuento podemos mencionar, entre otros, el caso de “Al fin el hombre bala”, ópera prima de Pedro Pérez del Solar (Lima, 1966), doctor en Literatura Hispana por la Universidad de Princeton, docente universitario de esta rama e investigador sobre cómics.

No es fácil agrupar los 19 relatos (y micro relatos) que incluye esta obra. Si bien en la diversidad está su fortaleza, pueden identificarse algunas características similares en las piezas creadas por Del Solar. Lo entrañable de sus personajes, el cuidado del lenguaje utilizado y los desenlaces inesperados son parte de este curioso universo de ficción.

Y probablemente la mejor muestra de esto sea “Al fin el hombre bala”, un cuento que relata el transcurrir de los miembros de un elenco circense que esperan salvar su futuro lanzando a un hombre desde el interior de un viejo cañón. Sobre este relato, y sobre su visión acerca de la literatura conversamos con Pedro Pérez del Solar en esta nota.

-¿Crees que los cuentos deben tener necesariamente un mensaje?

Creo que no. Por lo menos yo pienso un cuento como una forma que debe ser lo más completa y coherente en sí misma, más que escribirla en función a tener un mensaje. Y a veces tienes claro eso en la cabeza el mensaje sale solo. Por ejemplo, en algunos de los cuentos de este libro puede haber un mensaje, pero no es que yo haya tenido primero en mente el mensaje. Se trata de algo que llega después. No estoy de acuerdo en comenzar por el mensaje y a partir de ahí elaborar la historia.

-¿De dónde surge la idea que genera el cuento “Al fin el hombre bala”, que da título a tu libro?

El cuento se fue formando de a pocos. Primero estaba suelta la idea del Circo Verolina, que existió y estaba en Yungay (Áncash). Fue gracias a ese circo, ubicado en lo alto de una colina, que muchos niños se salvaron del huayco que ocurrió tras el terremoto [del Año 1970]. Tenía esta idea del circo que salva gente, y lo menciono en algún momento del cuento. Y también tenía la idea final del personaje (hombre bala) que en lugar de salir disparado, explota. Y esto lo ubiqué en el contexto de los años ochenta y noventa, con la violencia política presente, que sirve para crear la tensión dentro de la historia. Así fueron apareciendo una serie de ideas que encajé.

-Hablemos sobre tu proceso creativo. ¿Primero tienes la idea de historia y luego vas creando los personajes o trabajas en el sentido inverso, es decir, primero concibes los personajes y con ellos vas adecuando una historia determinada?

En el caso del cuento que me mencionas, tenía la historia y luego aparecieron los personajes de a pocos. Algunos no funcionaban, otros sí. Y algunos venían con personalidad, como uno llamado "El Payaso Momia", que es medio siniestro. No sé realmente lo que hace pero termina siendo un interlocutor muy importante dentro del relato.

-Y también está el dueño del circo, que no es cualquier personaje en el cuento…

El Mago Benítez es el héroe de la historia. Por cumplir con el ofrecimiento (al público), dado que el hombre bala auténtico no está, se trepa al cañón y se inmola. Al menos eso se sugiere al final de la historia…

-Más allá de dos o tres cuentos extensos, tu libro también cuenta con algunos micro relatos. ¿Cómo armaste la estructura del libro en sí teniendo en cuenta al lector final?

He tratado de compensar. Quise escoger un conjunto de relatos más o menos coherente, más que todo por el tono de lo que se cuenta. A mí me importa el tono, determinado tipo de lenguaje, el manejo del humor en las historias, y qué se yo, a veces estas historias de proezas condenadas al fracaso, como en el caso del circo, o en la historia del hombre que trata de irse en balsa desde el (puente) Ricardo Palma hasta el (Océano) Pacífico, cruzando el (río) Rímac.

-También hay un relato muy curioso llamado “Gracias a Dios es viernes”, en el que una pareja surgida de una discoteca se va a pasar la noche juntos pero no ocurre lo esperado. ¿De dónde surgen ambos personajes?

Es un relato ‘discoquetero’. Hay discotecas donde hay un podio y una chica que baila y también un ‘rey de la discoteca’. En el cuento ambos bailan por su cuenta hasta el final de la noche. Luego, cuando finalmente se encuentran, no ocurre un encuentro apasionado sino más bien una resolución muy pequeña. Ambos están agotados, muertos. Traté de bajar la situación a la realidad. No quise convertir el encuentro en algo tan ardiente. El final fue un beso de buenas noches, como un beso de casados viejos que aún sentían el ‘pitillo’ de la discoteca en sus oídos. 

-Ya en tu faceta de lector, ¿para que un cuento te guste debe divertirte, conmoverte o enfurecerte?

Es una buena pregunta porque creo que los cuentos que me hacen llorar a la larga no me han gustado mucho. Me gustan los cuentos que pueden sorprenderme por cómo están hechos, en los que estoy leyendo y digo ¡qué interesante esta manera en la que está armada el relato! A veces uno puede contar una historia sobre una comida entre dos amigos y puede ser un éxito o también un desastre. Cualquier historia, por más tirada de los pelos que sea, dependerá siempre de cómo esté construida. Puede ser un relato que me haga llorar o reír, pero si finalmente no me gusta en el nivel de lenguaje o estructura, probablemente acabe calificándolo como un cuento que no me gusta.

-Se dice que Vargas Llosa, García Márquez, Carlos Fuentes y compañía ‘la tenían más fácil’ porque había grandes temas para escribir en su juventud, mientras que hoy los temas son mucho más cotidianos. ¿Te parece que esto brinda las mismas oportunidades para un escritor?

Por supuesto. Me parece que los temas no se cierran. Quizás sí haya cierta saturación de ciertos temas, pero nada más. De repente durante el Boom Literario, las (novelas sobre) dictaduras eran un tema que pudo haberse saturado, pero eso no lo anulaba en sí.

-Finalmente, Pedro, ¿qué te da la literatura?

La literatura me ayuda a pensar mejor. Cuando escribo mi cabeza funciona de una manera distinta a cuando hago otro tipo de cosas. Ni siquiera en mi trabajo como profesor de literatura o como crítico de historietas me pasa esto. Es como si tuviera un tipo de músculo que no se mueve en otras situaciones. Y eso me gusta mucho. 

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