“Me impactó leer ‘La ciudad y los perros’ a los 16 años”
José Miguel Silva

Un grupo de niños asaltan un banco en un centro de juegos. Una pareja de enamorados invade departamentos pilotos de edificios en construcción para poder dormir bajo un techo. Dos hermanos cuentan los últimos días de su madre enferma en una clínica de Santiago. Los cuentos de “Niños héroes” (Literatura Random House) muestran a personas vulnerables que intentan acomodarse en una sociedad compleja, que parece querer impedirles el acceso al progreso.

Si bien ha recibido múltiples elogios por sus novelas “Camanchaca” (La calabaza del diablo, 2009) y “Racimo” (Literatura Random House, 2014), el chileno Diego Zúñiga también muestra mucha destreza en los relatos cortos. Y esto quizás pueda encontrar explicación en su admiración y lectura dedicada de cuentistas célebres, como el peruano Julio Ramón Ribeyro, a quien incluso cita en el epígrafe de su más reciente obra.

Conversamos con el autor de “Niños héroes” durante su visita a Lima para participar del reciente Festival de la Palabra, organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú.

-Para los que no han leído tus novelas “Camanchaca” y “Racimo”, ¿qué parte de tu literatura encontrarán en este libro de cuentos “Niños héroes”?

Creo que una parte nueva. Las novelas que mencionas estaban situadas en Iquique. La primera era más íntima y la segunda puede verse como un policial, quizás más social o político. “Niños héroes” son cuentos que abordan la vida en la ciudad. Son relatos protagonizados por gente que está llegando a la adultez y tiene problemas con eso. No tanto por temas personales sino más bien por cómo la sociedad complejiza ese paso. Son chicos con vidas vulnerables y el llegar a ser adultos las hace más aún.

-En “Un mundo de cosas frías”; una pareja de enamorados duerme cada noche en departamentos ‘pilotos’ de distintos proyectos inmobiliarios que hay en Santiago de Chile. ¿Tiene algo de realidad la historia o es meramente ficción?

Es todo ficción, pero uno de mis sueños es imaginar que eso es real, que alguien me cuente que ‘hay chicos que duermen en departamentos pilotos’. A mí se me ocurrió porque Santiago de Chile ha cambiado mucho el último año y estamos llenos de proyectos inmobiliarios, los que creo representan muy bien el momento social que vivimos. Es decir, hay muchos edificios nuevos pero los chicos no tienen posibilidades de trabajo, por lo que no pueden pagarlos. Además, son lugares inhóspitos: departamentos chicos, feos y caros. Me pareció bonita la idea de los chicos que viven vidas artificiales. Ellos no tienen casa y se dan cuenta que esos departamentos están vacíos, pueden vivir un tiempo ahí e imaginar cómo sería su vida en esos lugares.

-¿Por qué a la chica del relato le cuesta tanto separarse de su pareja si él es incapaz de darle la seguridad mínima de un hogar?

Es una buena pregunta. Algo que me gusta de ambos (personajes) es que si bien viven en los márgenes de la sociedad, a la vez quieren ser parte de esta. El deseo de ellos es poder vivir en estos departamentos, tener una vida instalada, pero no pueden. Para mí en el libro el tema social era muy importante. Así que este es un libro sobre el resentimiento, sobre cierta rabia que produce una sociedad que margina todo el tiempo a raíz de tu origen. Cuando uno nace en cierto sector social, es muy difícil que haya una movilidad real. Y de eso hablan los cuentos.

-Me fascinó el relato “Niños héroes”, en el que dos hermanos pobres cuentan cómo cuidan a su madre convaleciente. Durante la escritura, ¿te es fácil pasar de momentos tristes a otros felices o quizás a otros que generen furia?

Es raro porque igual un libro de cuentos te permite experimentar con muchos lugares que uno no sabe que conoce de la escritura. A diferencia de una novela donde uno toma un tono y se hace cargo de un narrador, los cuentos te permiten experimentar más, indagar en otras cosas que quizás uno desconocía de sí mismo. Y creo que el libro de cuentos tenía que apuntar a esa posibilidad de recorrer otros caminos. Con “Camanchaca” y “Racimo” había dado vueltas por lugares que yo creía tengo más qué decir, pero “Niños héroes” me permitió la posibilidad de indagar en otros aspectos y en las sensaciones que tú me dices. Es raro, uno se termina multiplicando. Así descubres que eres muchos escritores a la vez. Y cuando uno arma un libro de cuentos queda en evidencia la cantidad de voces que tienes adentro. Y es muy interesante porque luego ves cuál te interesa para seguir desarrollando.

-¿En tus lecturas iniciales hay algún autor peruano?

Obviamente, Vargas Llosa. Todavía tengo el recuerdo del impacto que me generó leer “La ciudad y los perros” a los 16 años. Al terminar la novela no podía creer cómo todo calzaba perfecto. Eso fue maravilloso. Pero después hay dos autores que para mí son muy importantes. Julio Ramón Ribeyro es fundamental. Y lo cito en el epígrafe de este libro de cuentos por una especie de homenaje o agradecimiento con su obra. Es un autor que aprecio mucho y quiero creer que mis cuentos, en algún sentido, tienen algo ‘Ribeyriano’ a partir del tema de la derrota. También me gusta Luis Loayza, un escritor medio secreto, que me encantaría poder editar alguna vez en Chile. Su libro de cuentos “Otras tardes” me pareció muy importante. La poesía peruana también es muy variada y de buena calidad. Me pasaría mucho tiempo descubriendo y leyendo a poetas peruanos.

-En tu país eres socio de la editorial independiente Montacerdos. Aquí en el Perú las editoriales independientes están  en un momento complicado, exigiendo que la Ley del Libro sea más equitativa. ¿Cómo se mueve el sector independiente en Chile?

Primero debo decir que Montacerdos se llama así por el libro de Cromwell Jara, un autor peruano medio secreto y que considero fundamental. Ya sobre tu pregunta, creo que la edición latinoamericana vive siempre en la precariedad si es que no hay detrás un mecenas. El mundo editorial (independiente) chileno no dista tanto del peruano. Trabajamos con lo que podemos. Estamos siempre al borde del abismo. Allá las políticas culturales no son en ningún caso mejores que acá. Pero sí hay que decir que en Chile han surgido una serie de proyectos que permiten al mundo editorial (independiente) crecer cada vez más. Hace poco se hizo una feria del libro independiente (La Primavera del Libro) y había más de 100 sellos, lo cual es muchísimo. Sin embargo, ¿cómo sobrevive cada una? No lo sé. Con Montacerdos hemos tenido la fortuna de que algunos libros han circulado bien. Hemos tenido buena prensa, armamos un catálogo que generó lectores. No vivo de Montacerdos, como ninguno de los otros tres socios, pero (editar) termina siendo una ‘Quijotada’ que vale la pena. Tengo más sentimientos por los libros que edito que por los que publico. Ahora, evidentemente uno quisiera que las políticas del libro ayuden a la industria independiente, pero se hace lo que se puede. Y creo que hasta ahora ha funcionado.

-“Niños héroes” sale por una transnacional (Penguin Random House Grupo Editorial). Siendo un editor de una independiente, ¿cómo te manejas en este tránsito entre las editoriales grandes y las chicas?

Tengo doble militancia (risas), una por autor y otra por editor. Bueno, “Camanchaca”, mi primera novela, se publicó primero por una editorial independiente en 2009. Luego tuve la suerte de que Random House se haya fijado en el libro y lo haya querido reeditar en 2012. Desde ahí mantenemos este vínculo y me siento muy afortunado porque ellos me tratan muy bien. Mis editores en Chile son muy generosos, en España también. Me cuesta irme, a pesar de que hay una gran cantidad de proyectos independientes que me fascinan. No descarto nunca volver al mundo de la independencia donde empecé. Es una relación media tensa, y quizás genera una idea de contradicción.

Es como tener dos chicas…

¿Y cuál crees tú que sería la más guapa?

Depende de cada uno…

(Risas) mira, creo que hemos podido convivir bien con eso, y como te digo, si en algún momento se me da la chance de publicar en una editorial independiente de otro país, yo feliz. Además, creo que este sector ha revitalizado el campo literario, porque ha hecho que las transnacionales se pregunten qué están publicando. Las independientes han descubierto una gran cantidad de autores jóvenes, reeditaron libros que estaban perdidos. Y esto hace que las editoriales grandes miren con mayor atención ese mundo y empecemos todos a producir algo mejor. Mientas mejores libros editemos las independientes, las grandes comenzarán a mejorar sus catálogos. Y eso siempre beneficia al lector.

¿Te imaginas en algún momento no siendo escritor, es decir, solo en el periodismo?

No. Siempre quise ser escritor. Estudié periodismo de rebote, porque había que vivir de algo. Y estoy muy agradecido de ese oficio. Creo que si no fuera periodista no sabría cómo sobrevivir.  Pero siempre me interesó la literatura. Para mí, escribir ficciones es un goce. Si bien hay una serie de complejidades, cosas buenas y malas, creo que me costaría mucho manejarme solo en el periodismo. En mi caso, la literatura es lo primero, lo segundo y lo tercero.

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