"La poesía es como un registro sismográfico de la sociedad"

Si bien ganar el Premio Copé de Oro 2015 le ayudó a obtener reconocimiento a nivel nacional, Antonio Sarmiento Anticona (Chimbote 1966) ya había publicado varios poemarios y es, además, crítico literario, investigador y dramaturgo.

El autor estuvo el martes en la Universidad de Piura presentando “La colina interior”, su intento por conjugar un hecho histórico como el terremoto de Áncash en 1970 con sus experiencias y sensaciones personales.

“El Comercio” conversó con Antonio Sarmiento Anticona, ganador del Premio Copé de Oro en Poesía 2015, sobre su obra. Aquí el breve diálogo.

En su discurso de agradecimiento al recibir el Premio Copé usted recordó a su abuela y a su padre fallecidos. ¿Le ha ayudado este libro a resolver aspectos personales de su vida?

Indudablemente que sí. “La colina interior” sirvió como una especie de catarsis, me removió íntima e interiormente, a tal punto de que creo que el significado del trabajo que hago con la palabra hace alusión al terremoto de 1970, y veladamente es una metáfora de ese ‘terremoto interior’ que me provocó la muerte de mi padre y de mi abuela.

Pocos recuerdan cosas que le pasaron a los cuatro años de edad. ¿Qué familiares estaban junto a usted en el momento del desastre?

Mi madre, que me tenía en brazos. Pero justo da la casualidad que esos elementos ‘terremotos’, inasibles y evanescentes se corresponden con el territorio de la poesía, que por su naturaleza es difuminada, ambigua.  Entonces, te aseguro que hubiera sido adulto al momento que ocurrió ese hecho, de repente no hubiera terminado escribiendo este libro. Más bien fue esa lejanía la que me dio una distancia para poder, con esos materiales evanescentes, armar el libro.

¿Recuerda otros autores que hayan utilizado una tragedia geológica para crear?

En uno de los poemas centrales de mi libro aparece un epígrafe de “Baladas peruanas” de Manuel González Prada. Ahí él hace referencia a un terremoto. Sucede que a mí, y a varias generaciones, nos marcó mucho el terremoto de 1970. Lo tenemos en la piel. Y permanece en el imaginario colectivo.

Son varios los epígrafes que hay en su poemario. ¿Se siente influenciado por Sologuren, Eielson, Huidobro y Vallejo?

Indudablemente, uno no nace de generación espontánea. Sobre todo yo que he hurgado mucho de las fuentes literarias del Perú y otros países. Aquí es indudable reconocer a Eguren, Vallejo y varios otros. Pero básicamente en mis epígrafes buscaba crear una atmósfera, porque a partir de esa sugestión la palabra tiene mayor potencia.

Sin desmerecer para nada sus poemas, por ratos mientras los leí sentí cierto aire a prosa. Cuénteme sobre este detalle.

Dentro de la poesía hay vertientes. Los poetas que cantan y los poetas que cuentan una historia. Entonces, dentro de la contemporaneidad, hay poetas que usan el tema narrativo, que es un factor importante para poder desbocar en una historia sin dejar de ser muy lírico. No sé si de manera consciente o inconsciente yo uso ese camuflaje narrativo para contar algo íntimo. Digamos que aposté a narrar algo sin perder su esencia lírica,  es decir, que no quede en lo prosaico.

Usted es investigador, crítico literario, poeta y además ha escrito obras teatrales. ¿Por qué no ha publicado aún una novela?

Es lo mismo que me pregunto a veces. Parece que mi traspaso de la poesía a la narrativa sería lo más natural. Ya que, por lo menos en “La colina interior”, hago una poesía con elementos narrativos. Considero que los géneros narrativo y poético se han disipado. Por ejemplo, “Pedro Páramo” es una gran novela con altas dosis de poesía. No sé si pueda desbocar hacia una estructura netamente novelística, ojalá, pero por lo pronto estoy abocado en seguir sacando de mis adentros aquellas historias para poder volcarlas en poemas.

Y el Premio Copé ha sido un aliciente…

Efectivamente, el Premio Copé es un respaldo, te abre muchas puertas por varios lugares del Perú. Hay muchas actividades culturales en las que se precisa contar con ganadores de este concurso porque este certamen busca bastante que las cosas salgan como corresponde.

¿Cuánto cree que le puede otorgar la poesía a una sociedad tan convulsionada como la peruana?

Creo que mucho. La poesía viene a ser una especie de registro sismográfico de la sociedad. Esa corteza poética es tan vibrátil que puede, como si fuera una antena, coger desde lo más pequeño hasta aquellas grandes situaciones sociales. Indudablemente, la poesía cumple un papel no solo estético sino también ético, porque finalmente en la este género –y en el arte en general—tiene que ver mucho el hombre. La idea es llegar siempre a la esencia del ser humano.