"Quien golpea primero golpea dos veces". (Foto: Difusión)
"Quien golpea primero golpea dos veces". (Foto: Difusión)
José Carlos Yrigoyen

Sentimientos encontrados me ha producido “Quien golpea primero golpea dos veces”, el segundo libro de cuentos de J.J. Maldonado (Lima, 1990). En el 2015 había debutado con “Los Buguis” bajo el seudónimo pop de Joe Iljimae. Se trataba de un volumen de relatos sencillos, ambientados en la semirrural Ñaña, patria chica del autor. Sus protagonistas eran una pandilla de adolescentes cuya existencia transcurría en medio de la ternura secreta y la violencia más gratuita; esto recordaba inevitablemente a los personajes de “Los inocentes”, de Oswaldo Reynoso, quienes también se debatían entre adherirse a la ley del más fuerte o dejarse arrastrar por el cóctel sentimental que toda pubertad contiene. Los cuentos de “Los Buguis” rezumaban espontaneidad, lecturas bien asimiladas y una inusual intuición narrativa que los sacaba adelante a pesar de los defectos proverbiales del escritor primerizo: vacilaciones argumentales y caídas de arquitecto en lo que se refería a la prosa.

Cuatro años después, Maldonado reincide. Como ya mencioné, su segundo libro esperanza por tramos y por otros desconcierta. Lector voraz de autores canónicos y de representantes conspicuos del cómic, del anime y de diversas manifestaciones de la cultura popular, ha pretendido fusionar ambas vertientes en una serie de cuentos –la mayoría de amplia extensión– donde la Ñaña de los Buguis se transforma en un espacio maleable y atemporal en el que extraños actores experimentan situaciones límite que desembocan en una fragmentación de la realidad que los sume en las fauces de lo onírico, lo distópico y el delirio más salvaje y fatal.

Esta ambiciosa empresa se cumple a medias. La indecisión de Maldonado a la hora de elegir el lenguaje adecuado para acometer sus textos es demasiado patente. En ocasiones escoge una prosa sofisticada y enjundiosa que en algunas páginas resulta impecable y que en otras peca de ampulosa y manierista. Esa afectación se traslada a las historias, que en ciertos casos sucumben a una impostación libresca que no permite aflorar una sensibilidad y una mirada auténticas: estas son sepultadas bajo el peso del artificio y de la estridencia vacua. Ese inconveniente echa a perder interesantes propuestas como “C’est la mort” o “INRI”, heridas por un manejo excesivamente impersonal de las referencias que no consigue sustraerlas de la categoría de fríos –aunque esforzados– ejercicios.

Sin embargo, hay otros cuentos en los que Maldonado se halla más cerca de alcanzar sus objetivos. “Valhalla”, el mejor del libro, es una inmersión en un Tokio de pesadilla donde reinan las aberraciones sexuales y la sordidez es ubicua. Maldonado describe esta urbe oscura a través de un lirismo sostenido, de imágenes potentes, que no decae casi nunca y le otorga a su relato unos convincentes acentos posapocalípticos tan propios de los mangas que se sitúan en un universo caótico sin moral ni ley. Igual de óptimo me parece “Hijo de Dios”, historia de un asesino serial que, motivado por la purificación de la raza humana, elimina a todos los pecadores que encuentra a su paso según los preceptos bíblicos que maniobra con demente arbitrariedad. Maldonado logra que su cuento no se convierta en una tediosa secuencia de crímenes espantosos gracias a una inteligente dosificación de los datos y la destacada delineación de un personaje que pudo terminar como un tópico intercambiable, pero adquiere un semblante particular, perturbador y por ello inquietantemente atractivo.

Juan Goytisolo afirmaba que el deber de un escritor es devolverle a la literatura algo distinto a lo que ha recibido. J.J. Maldonado está en esa búsqueda y en algunos de sus cuentos demuestra que transita por la dirección correcta. No debe desesperar ni apurarse. Tiempo y recursos tiene.

DATO

3/5

Autor: J.J. Maldonado.

Editorial: Campo Letrado.

Año: 2019.

Páginas: 154.

Relación con el autor: conocidos.