Sebastián Salazar Bondy, el guardián en la neblina
Sebastián Salazar Bondy, el guardián en la neblina
Santiago Bullard

Existen personas cuya vida pareciera resumir la época que les tocó en suerte. Hombres y mujeres que encarnan, con particular agudeza, los problemas que desgarran a la sociedad y la cultura de su momento. , de cuyo fallecimiento se cumple medio siglo este año, fue uno de estos personajes, tan escasos como fundamentales.

Nadie puede cuestionar que se trata de uno de los intelectuales más completos del siglo XX peruano. Era un hombre dotado de una gran curiosidad, lo que lo empujó a escribir una obra tan prolífica como compleja. Nada parece quedar fuera de sus páginas: fue novelista, dramaturgo y poeta, escribió relatos memorables y textos de crítica literaria, y debemos a su autoría algunos de los ensayos más monumentales de cuantos se han escrito en el país (el más famoso de ellos, “Lima la horrible”, sigue siendo un referente para comprender la relación que se tiende entre esta ciudad y sus habitantes). Paralelamente, recopiló antologías poéticas, adaptó obras teatrales escritas en quechua y fue director del Instituto de Arte Contemporáneo de Lima. Su mirada lo abarcaba todo, como un segundo horizonte en el que la diversidad que es inherente al Perú encontró su fiel y crudo reflejo. Uno que sabía reconocer la riqueza de esa multiplicidad.

CELEBRACIÓN DE UN VISIONARIO
“Sebastián Salazar Bondy: todo esto es mi país” es el nombre del coloquio que se llevará a cabo desde mañana en el auditorio ZUM de la Universidad de Lima. Ha sido organizado con el fi n de reafirmar su aporte a la cultura de nuestro país y, también, para “poner la obra de un artista notable en manos de los lectores de hoy que no lo conocen”, en palabras del poeta Marco Martos. Él participará en una de las mesas de este evento, que se extenderá hasta el jueves 7 de mayo.

Martos compara la figura de Salazar Bondy a la de Mario Vargas Llosa. “Él fue un antecesor de Mario Vargas Llosa –afirma– y, en muchos sentidos, su primer modelo”. Como el autor de “La ciudad y los perros”, el homenajeado fue un escritor con muchos recursos, y en sus páginas se capta la dislocación de la sociedad, tanto en la capital como en el resto del Perú.

Podemos encontrar un claro ejemplo de esto en uno de sus relatos más entrañables: “El señor gallinazo vuelve a Lima”, en el que esta ave (que es una suerte de símbolo también) vuelve a posar los ojos sobre la ciudad tras un largo viaje y la descubre radicalmente cambiada. En cierto modo, hasta podríamos decir que Salazar Bondy fue el primer analista de ese fenómeno que sería bautizado como “el desborde popular” por el antropólogo José Matos Mar en 1984.

Claro que este relato habla, también, del paso del tiempo interior, de las transformaciones que experimenta el mundo cuando uno mismo ha cambiado. De alguna forma, es un estudio de la nostalgia, que se desarrolla a través de la amistad entre un gallinazo y un niño.

Esta fórmula para desarrollar cuestiones de gran profundidad y temas de crítica social a través de una literatura en apariencia sencilla recorre buena parte de la obra de Salazar Bondy. Sobre todo, podemos presenciarlo en sus obras de teatro, donde el autor ataca problemáticas sociales muy agudas a través de un lenguaje escénico muy directo.

En esto, el autor se asemeja a su hermano Augusto. Eminente filósofo, escribió y editó diversos libros para rescatar y difundir la filosofía peruana. A lo largo de su vasta producción, Sebastián Salazar Bondy toca muchas cuestiones que, para su época, no eran del todo claras. Es por eso que su prosa es, también, la de un atento guardián entre la niebla.

De ahí que la primera sesión del coloquio lleve por título “Actualidad de Sebastián Salazar Bondy: voz desde la vigilia”. Le seguirán otras cuatro sesiones repartidas en dos días, que se centrarán, respectivamente, en su obra poética, sus observaciones sobre la ciudad, su narrativa y, finalmente, un homenaje. Tomarán parte en este coloquio diversos intelectuales y escritores, tales como Ricardo González Vigil, Rodrigo Quijano, Ricardo Portocarrero, Mario Granda, Lucía Irurita, Ernesto Ráez, José Güich, Roberto Reyes, Juan Rivera, Wiley Ludeña, Manuel de Rivero, entre otros.

CELEBRACIÓN DEL VERSO
Marco Martos, por su parte, insiste en la importancia de rescatar la obra poética de este autor. Esta será la temática en torno a la cual girará la segunda sesión del coloquio.

“La poesía de Sebastián Salazar Bondy: confidencias en voz alta” es el título de la sesión que iniciará a las 5 de la tarde del miércoles 6. En ella, Marco Martos compartirá la mesa con Carmen Ollé, Carlos López Degregori y Paulo César Peña, con Selenco Vega de moderador.

Sobre la poesía del homenajeado, Martos señala que hay libros como “Confidencia en voz alta” o “El tacto de la araña” en los que “consiguió hacer una poesía genuina y original. Que incluye elementos peruanos y especialmente limeños como ‘el cielo sin cielo de mi ciudad’, que amalgama con reflexiones profundas sobre el sentido de la vida y su brevedad”. Además de los títulos mencionados, publicó los libros de poemas “Los ojos del pródigo” y “Vida de Ximena”.

La importancia de esta sesión del coloquio es, precisamente, que se centra en una de las facetas menos recordadas de este autor. Más bien, su nombre tiende a evocar la sólida prosa de sus narraciones y ensayos. Empezando, claro está, por “Lima la horrible”.

Sin embargo, no hay nada desdeñable en los poemas de Salazar Bondy. “Sus versos de ritmo sedoso –continúa Martos– cantan a la mujer compañera, a los amigos a los que cita en epígrafes, al valor de lo efímero que, con su intensidad, se proyecta a la posteridad”.

POETA EN FORJA
Cuando Sebastián Salazar Bondy falleció, a mediados de la década del sesenta, su obra (que de por sí ya era vasta) aún no había llegado a su fi n. Y, en algunos terrenos, hasta es posible que tuviera un gran potencial que nunca llegó a explorar del todo.

Sin duda alguna, en 1965, año de su muerte a los 41 años, se estaba haciendo un gran autor –dice Martos, pensando en la obra poética de Salazar Bondy–. El destino, siempre inescrutable, quiso que fuera una inminencia, una víspera, un escritor que tuvo una primera madurez y que anunciaba con lo hecho una obra todavía más potente. Su poesía recuerda en cierto sentido a la de Quinto Horacio Flaco: habla de la vida y, a través de ella, de la eternidad”.

MÁS INFORMACIÓN
Lugar: Universidad de Lima. Av. Javier Prado Este, cuadra 46 S/N.
Día y hora: Desde el martes a las 6 p.m.
Entrada: Libre.

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