(Ilustración: Norman del Mar/ El Comercio)
(Ilustración: Norman del Mar/ El Comercio)
José Carlos Yrigoyen

¿Qué induce a una persona a cambiar el rumbo de su destino? Hay varios motivos recurrentes: limitaciones materiales, el miedo o el principio de realidad. En el caso de , las cosas son mucho más complicadas. Una mujer cuya meta primigenia era abrirse paso en el mundo de los negocios y que terminó siendo la primera dama más joven de la historia del país, nuestra congresista más votada y candidata presidencial que disputó dos segundas vueltas consecutivas y perdidas por estrechos márgenes, no puede ser explicada limitándonos a la información de conocimiento público o a partir de la opinión polarizadora. “Señora K. Ni víctima ni heroína” es un libro decidido a rescatarnos de las aguas de esa superficialidad que suele distorsionar la imagen de los líderes políticos peruanos. Valerie Vásquez de Velasco, Ariana Lira, Beatriz Llanos y Mabel Huertas han unido fuerzas y rigor para construir un esmerado retrato de quien estuvo a punto de ser ungida como mandataria y que provocó nuestra más turbulenta crisis institucional en lo que va del siglo.

La prologuista del volumen, Elda Cantú, se refiere a este como un mosaico integrado por testimonios, epístolas y análisis académicos. Es verdad, pero aguzando un poco más la mirada es posible distinguir dos núcleos particulares. Uno está formado por los perfiles elaborados por Vásquez de Velasco y Lira, basados en versiones ‘off the record’. El engarce entre ellos, calibrado y preciso, favorece que se enriquezcan mutuamente, entregándonos quizá el relato de más complejo entramado que se ha escrito sobre Keiko Fujimori y sus relaciones familiares, políticas y amicales, tanto en su apogeo como en su caída. El otro consiste en dos investigaciones más específicas: Beatriz Llanos aporta un detallado y sólido reportaje acerca del Caso Cocteles, mientras que Mabel Huertas examina las cartas que la lideresa del fujimorismo redactó de puño y letra desde la prisión, que fungen de calculada representación de su vida privada y al mismo tiempo sirven de instrumentos para la vigencia y refundación de su proyecto partidario.

De los dos núcleos mencionados, quisiera centrarme en el primero, que reviste más interés y novedad. No había leído antes ningún texto de Valerie Vásquez de Velasco y “Curriculum vitae” significa un grato descubrimiento. Con una pluma ágil, que trasciende la funcionalidad informativa, Vásquez de Velasco corre el tupido velo de la infancia y adolescencia de Keiko Fujimori y de la difícil relación con su madre, Susana Higuchi, personaje que es demolido en las versiones anónimas recabadas. Si Alberto Fujimori fue el monstruo familiar en los años noventa, Higuchi ocupó ese puesto en las décadas precedentes. Una fuente la describe como “tosca, impertinente y desatinada” (p. 20). Humillaba a su marido en las reuniones sociales y torturó a su hijo Hiro al golpearlo “con una correa y durante horas, al punto de tener que encerrarse en el baño a llorar” (p. 21). Así, no es extraño que Keiko haya decidido plegarse a su padre, quien era para ella modelo de trabajo y orden, y que lo siguiera hasta el final de su régimen casi sin dudas ni murmuraciones, incluso negando los sobradamente demostrados maltratos que su progenitora padeció dentro de Palacio de Gobierno.

Por su lado, Ariana Lira, en “Damnatio memoriae” ahonda en las posteriores aspiraciones personales de Keiko Fujimori, especialmente en la fallida tarea de hacerse un nombre prescindiendo de su ubicuo apellido. Es descrita como una mujer metódica y esforzada –muy distinta a la imagen de perezosa que han difundido sus enemigos–, pero de inteligencia política casi nula y excesivamente dependiente de sus asesores, quienes la han inducido más de una vez a cometer errores inverosímiles y trágicos. Carente de pensamiento crítico, carisma o autocrítica, Keiko ha dispuesto sus revanchas y rencores por encima de cualquier cálculo político. Ha privilegiado, como bien apunta Lira, la fidelidad en desmedro de la capacidad; solo así se entiende la mediocridad rechinante de la bancada mayoritaria del Congreso anterior.

Keiko Fujimori encarna la paradoja de ser una decisiva figura política en la precaria democracia que vivimos y a la vez una ciudadana sin mayores atributos, que ha dedicado su existencia, infructuosamente, a perseguir un cargo para el que se ha asumido como predestinada. “Señora K” ilustra con eficacia ese desencuentro que ha arrastrado a la excandidata por un sendero en el que no parece haber marcha atrás.

LA FICHA:

Señora K, ni víctima ni heroína.

Autor: Valerie Vásquez de Velasco, Ariana Lira, Beatriz Llanos y Mabel Huertas.

Editorial: Página Once.

Año: 2020.

Páginas: 190.

Relación con el autor: ninguna.

Calificación: ★★★★.

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