Svetlana Alexievich: cronista de un mundo en trance perpetuo
Svetlana Alexievich: cronista de un mundo en trance perpetuo
José Carlos Picón

El Premio Nobel de Literatura 2015 es también un reconocimiento a un trabajo periodístico desgarrador y de alto vuelo. Y es que es una comprometida y perseverante cronista que ha retratado las historias trágicas alrededor del desastre nuclear de Chernóbil y la guerra de Afganistán, entre otras convulsiones de la actualidad. La observación, la entrevista, el rastreo y verificación de fuentes y otras herramientas periodísticas son parte de su arsenal de trabajo habitual. Y Alexievich se vale de ellas para combinar la narración, el reportaje, la crónica, el ensayo, el análisis y otros géneros. Es decir, para hacer gran literatura. El triunfo de la no ficción.

Durante el anuncio del Premio Nobel de Literatura para Svetlana Alexievich, la Academia Sueca resaltó que “su obra polifónica es un monumento al valor y al sufrimiento de nuestro tiempo”.

Por su parte, su editor en “Debate”, Jaume Bonfill, explica que el valor de buena parte de la obra de Alexievich está en el hallazgo de un método que siempre estuvo allí y que nadie había explotado con la profundidad de ella en este tipo de temas: la historia oral. Y es que para construir la transmisión de la convulsionada realidad, la autora “organiza las voces como si fuera el coro de una tragedia griega, pero consigue un efecto muy íntimo”.

En tanto, “El País” de España relata que “su especialidad es dejar fluir las voces –monólogos y corales– en torno a las experiencias del ‘hombre rojo’ o el ‘homo sovieticus’ y también postsoviético”.

Una obra vibrante que, lástima, es poco conocida en el mundo hispanohablante (solo está traducido al español su libro “Voces de Chernóbil”). En cambio, el resto de su bibliografía está traducido en más de 20 idiomas.

NOBEL PERIODISTA
Alexievich nació en Ucrania y es hija de un militar bierlorruso. Estudió periodismo en la Universidad de Minsk y trabajó en distintos medios de comunicación. Es recordada por su obra “La guerra no tiene rostro de mujer”, que llegó a ser publicada durante la perestroika. El estreno de la versión teatral de aquella crónica descarnada en el Teatro de la Taganka de Moscú, en 1985, marcó un hito en la apertura iniciada por Mijaíl Gorbachov.

También sobresale su libro sobre la experiencia de la guerra en Afganistán. Para escribirlo recorrió el país y entrevistó a madres de soldados que perecieron en la contienda. Y en 1993 publicó “Cautivados por la muerte”, sobre los suicidios de aquellas personas que no toleraron el fin de la idea socialista. En 1997, realizó, en “Voces de Chernóbil”, una investigación sobre la catástrofe de la central nuclear de Chernóbil, publicado en castellano el 2006 por editorial Siglo XXI y reeditado por Penguin Random House el año pasado.

El año pasado publicó “El tiempo de segunda mano. El final del hombre rojo”. En este proyecto, Alexievich se propone “escuchar honestamente a todos los participantes del drama socialista”.

“El mundo ha cambiado completamente y no estábamos verdaderamente preparados”, dijo en una reciente entrevista a “Le Monde”. Aún en la atmósfera soviética, Alexievich indaga con angustia y sufrimiento sobre el fin de una cultura.

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