El escritor Ulises Gutiérrez Llantoy. (Foto: USI/ Difusión)
El escritor Ulises Gutiérrez Llantoy. (Foto: USI/ Difusión)
José Carlos Yrigoyen

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Releer el primer libro de un autor que cuenta ya con una obra consolidada suele ser un ejercicio estimulante: descubrimos en sus páginas impericias juveniles o hallazgos en agraz que serían luego concretados con mayor oficio y contundencia. Pero tan interesante como constatar la evolución de un escritor es reparar en el desarrollo de sus obsesiones personales y cómo se han ramificado hasta conformar un consistente andamiaje en el que descansa un mundo propio, complejo y reconocible.

Eso me ha sucedido con la revisión de “The Cure en Huancayo”, debut literario de Ulises Gutiérrez Llantoy (Huancavelica, 1969), narrador cuyo mérito primordial es refrescar nuestra tradición realista gracias a una mirada singular teñida de un optimismo melancólico que equilibra y redime la zozobra existencial en la que se debaten sus criaturas. Estas son casi siempre jóvenes de ascendencia andina, signados por vicisitudes amorosas y las cicatrices de su aprendizaje académico y emocional en esos años cuando el terrorismo y la más terrible crisis económica de la historia del Perú depredaban el futuro de una generación entera. Es el caso de Zancudo, protagonista de “Ojos de pez abisal” (2011) y del entrañable Gato Ccasani de “Cementerio de barcos” (2019), novelas destacables por su versatilidad técnica y pericia argumental.

Los actores principales de estos cuentos pueden considerarse variaciones tentativas que prefiguran a los referidos personajes. Lejos del terruño, su verdadera patria ha sido reemplazada por un amor perdido o un pasado doloroso que no acepta desvanecerse y resurge sin aviso a través de un gesto mínimo o el recuerdo de una canción o cualquiera de aquellos milagros que la razón llama coincidencias, como ocurre en “Viaje a la China” y “Esperanza”. A semejanza del Gato Ccasani, varios de esos seres desconcertados provienen de universidades nacionales y habitan en residencias estudiantiles, donde experimentan de modos peculiares las exaltaciones y fracasos de la primera juventud. Es lo que se formula en “Pintas en Civiles”, que resume bien la poética sentimental y vitalista de Gutiérrez. Los elementos mencionados remiten al Murakami de “Tokio Blues”, un libro al que el universo ficcional de nuestro autor debe no pocos aportes y del que además ha aprendido ese humor agridulce que no rehúye la ingenuidad y la ternura. Comprobamos esa circunstancia en “Cinco soles perdidos” o en el relato que da título al conjunto, el cual deriva en uno de los puntos recurrentes de la narrativa de Gutiérrez: la música como fuego que reúne a los hombres, que les otorga afinidad y voz en un contexto hostil empecinado en privarlos de toda seña de identidad.



“El mérito primordial de Gutiérrez es refrescar nuestra tradición realista gracias a una mirada singular”.

Otra de las sombras que surcan estas historias es la de José María Arguedas. Esa huella resulta patente en “Wayanaquitos”, imaginativa reelaboración de “La agonía de Rasu Ñiti”. Modesto Ñaupa, un popular danzante de tijeras retirado que trabaja en una construcción, cae al vacío y se apresta a recibir la muerte consagrándose a la memoria de sus añejas glorias y de la casi imperceptible resonancia de un viejo huayno huancavelicano que, como la voz del Wamani en el relato arguediano, aflora desde el fondo de su pecho a la manera de un dulce y luctuoso presagio. También reverbera dicha influencia en los dos últimos cuentos, “De Colcabamba a la Luna” y “El cordero que se fue volando”. Ambos se sitúan en pequeños pueblos de la sierra central y describen la voluntad de dos niños que, mediante la tecnología de los vehículos aéreos, aspiran a ser parte del “Mundo de Arriba” celebrado en la “Oda al Jet”. Al igual que el poema de Arguedas, esos aparatos extraños se integran naturalmente al plano mítico andino, celosamente preservado por padres y abuelos.

Aunque es un primer libro más que digno, “The Cure en Huancayo” no me parece una colección pareja. Algunos cuentos edifican una metáfora sutil que al final se subraya y explica demasiado (“Viaje a China”); otros se desenvuelven mecánicamente y sin la debida convicción (“La despedida”). Sin embargo, las virtudes de estos textos sobrepasan esas debilidades puntuales que Gutiérrez ha pulido pacientemente en sus entregas de madurez. Solo queda esperar el próximo paso de un escritor en plena exploración de las amplias posibilidades que sus logradas ficciones nos hacen vislumbrar.

LA FICHA

Autor: Ulises Gutiérrez Llantoy.

Editorial: Planeta.

Año: 2020.

Páginas: 206.

Relación con el autor: ninguna.

Calificación: ★★★

BIBLIOGRAFÍA DEL AUTOR

“Ojos de pez abisal” ( 2011 )

El encuentro de dos peruanos en la lejana Kioto, en Japón, sirve como disparador para una serie de sorpresivos descubrimientos, traumas no superados y giros imprevistos del destino. Gutiérrez mueve su narración entre Huancayo y el país asiático para configurar un sensible relato sobre el perdón y los recuerdos.

“Cementerio de barcos” ( 2019 )

El autor vuelve a urdir una historia más allá de las fronteras. Como personaje central aparece Elmer Ccasani, quien primero va de la provincia a Lima, donde se descubre como un hombre fuera de serie. Cuando se pierda en el extranjero, quienes lo conocieron intentarán reconstruir su identidad aunque sea a retazos.

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