(Ilustración: El Comercio)
(Ilustración: El Comercio)
José Carlos Yrigoyen

Esta es la historia de un niño a quien el espejo le devolvía una imagen que no era la suya. Que no se sentía cómodo ni con su cuerpo ni con su nombre. Cuando creció, decidió someterse a tortuosas cirugías, se inyectó testosterona mediante largas agujas que introducía en sus muslos y después de afrontar las más duras pruebas físicas y mentales, pudo contemplar su reflejo con orgullo y libertad. Hablo de Thomas Page McBee (Carolina del Norte, 1981), prestigioso periodista y la primera persona trans en boxear sobre la lona del mítico Madison Square Garden, templo masculino de la violencia rentada. Page McBee narró el largo camino hacia sí mismo en un exitoso libro, “Man Alive” (2014), llamado de atención acerca de los ímprobos esfuerzos que deben asumir los miembros de una de las comunidades más discriminadas del mundo para hallar el lugar en la sociedad que les permita ser plenos y felices.

“Un hombre de verdad”, el segundo libro de Page McBee, puede leerse como una continuación de su autobiografía, pero es también algo más que eso. Cuando a los treinta años su transformación fue completa, ingresó al mundo de los hombres y descubrió muy rápido que la masculinidad es una cárcel. Una dimensión en la que individuos que mantienen largas amistades son incapaces de abrazarse o que prefieren la soledad y la depresión antes que expresar sus sentimientos y debilidades. Con prosa ágil, tentacular por momentos, y una lucidez extraordinaria, McBee analiza la crisis de la masculinidad en Estados Unidos y comprueba que todo falla desde el concepto que los norteamericanos tienen de ser hombres. Mientras que los daneses, por ejemplo, consideran que es lo opuesto a ser niño, aquellos creen que es lo contrario a ser mujer. ¿No es, exactamente, el mismo concepto que maneja la gran mayoría de los peruanos? ¿No es el mismo lastre que nos condena a la constante simulación y a un miedo inacabable?

Page McBee quería entender las razones de esta situación. Comenzó preguntándose por qué los hombres pelean. En su afán por responderse, acepta “convertir su cuerpo en un arma” y se inscribe en un torneo amateur de box. Entrena durante casi medio año; en el cuadrilátero y en el vestuario aprende y disecciona los rituales de la hombría. Asimismo, entrevista a distintos especialistas, pero ninguno de los sociólogos o escritores que interpela le brinda un mejor punto de vista sobre la masculinidad tóxica que Mike Tyson, indiscutible apóstol de machismo más primario: “Somos iguales. Un ansia de poder, un impulso de poder. En cualquier terreno que estemos, tenemos que tener poder. Es como somos”.

Aunque pierde el combate pugilístico al que se había comprometido, Page McBee emerge de esa experiencia con certezas invaluables para edificar su nuevo yo. Comprende que el problema no es la masculinidad, sino la forma como la aceptamos. Que por eso los hombres echan mano de la violencia cuando perciben que su espacio y su orgullo son amenazados o cuando se sienten humillados y avergonzados. Que el progreso no necesariamente es un antídoto contra las masculinidades ponzoñosas, pues estas no han desaparecido, ni mucho menos, entre los supuestamente más empáticos ‘millennials’, quienes reproducen los mismos comportamientos de sus padres y abuelos. Y que el problema no es la testosterona, como se cree, sino la frecuencia con la que nuestro entorno premia la agresividad. Las conclusiones de Thomas Page McBee pueden sintetizarse en esa cita que hace de la investigadora Niobe Way: “si tu humanidad implica que alguien deje de ser visto como humano, entonces no hay humanidad posible”.

LA FICHA

“Un hombre de verdad”

Calificación: ★★★1/2.

Autor: Thomas Page McBee.

Editorial: Planeta.

Año: 2019.

Páginas: 192.


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