Redacción EC

La Semana de la moda de París terminó hace unos días y una vez más dejó claro por qué es una de las más importantes del mundo. Aunque esta oportunidad no lo hizo únicamente por las prendas que se vieron en la pasarela, sino porque mostró cómo es que la industria de la moda está cambiando. Louis Vuitton fue su máximo expositor.

En la actualidad, ya no son los diseñadores los que aportan -casi al 100 por ciento- la originalidad y las prendas que "estarán a la moda" para que sus clientes las consuman. Ahora es al revés: la moda callejera impone el estilo. En ese sentido, existen los llamados bureaux de style, profesionales encargados de captar las tendencias entre las personas que caminan por las calles. 

El concepto suena bien, y de hecho funciona, pero genera un percance: casi todas las firmas muestran lo mismo. Al cierre de la Semana de la moda de París, críticos de la moda hicieron hincapié en esto, pues en casi todas las pasarelas se apreciaron los mismos estilos y siluetas. 

De hecho,  una de las tendencias más fuertes durante la Semana de la moda de París es el rompimiento de la silueta femenina. Adiós a las prendas ajustadas y a los escotes profundos. Bienvenidos, entonces, los botines imponentes, las faldas asimétricas, el maquillaje trasgresor y la combinación de texturas. 

Louis Vuitton, por ejemplo, presentó una colección en la que mezcló toque punk, zapatillas, transparencias, tutús, cuero, faldas con mocasines y todo esto con un aire ochentero.