Melvyn Arce Ruiz

Luego de cuatro años de receso, los se volvieron a reunir en el 2014 con motivo del vigésimo aniversario de Rock al parque, el festival musical más grande de Colombia. La banda accedió a ofrecer un repertorio de clásicos para la ocasión y, tras ello, las propuestas empezaron a llegar. 

Mientras los integrantes decidían si volvían a grabar o no, se publicó un libro sobre su historia ("Con el corazón en la mano") y hasta un tributo a su clásico álbum "El dorado" en el que participaron desde Carlos Vives hasta los peruanos de Alejandro y María Laura. 

"De a poquitos nos dimos cuenta de que Aterciopelados significa mucho para alguna gente, que de alguna manera en la escena musical colombiana y hasta un poco también en la latinoamericana hicimos cosas muy marcadas de identidad y que abrimos muchas puertas", dice Andrea Echeverri, vocalista del grupo, en un enlace telefónico desde Bogotá al recordar el cómo se animaron a grabar "Reluciente, rechinante y aterciopelado", un CD/DVD en el que remozan temas del pasado y que da pie a la gira de conciertos con la que vuelven a Lima para una presentación en el festival Vivo x el Rock 8.

En la presente entrevista te invitamos a conocer las visiones actuales de la líder del grupo que, antes del fenómeno mundial de Shakira o Juanes, puso en el mapa musical internacional a Colombia.

Entiendo que se produce un hartazgo comprensible en el músico por la repetición de cierta parte de su repertorio. En este último disco hay canciones que vienen tocando desde hace más de 20 años y que les pide mucho el público: “Baracunatana”, “Bolero Falaz”, “Florecita Rockera”.  ¿Volver a grabar estos temas ahora les ha permitido una revaloración de sus propios clásicos?

Sí. Son las mismas canciones, pero estamos en otro momento, la banda es diferente, la energía es distinta. En carreras de más de 20 años se producen ciclos. En uno puedes estar súper emocionado porque todo funciona bien pero, de pronto, luego hay momentos de cansancio, de tensión, de aburrimiento. También hay momentos en los que a la gente no le importa lo que estás haciendo y otros en donde todo el mundo está interesadísimo. Este momento actual nuestro está muy chévere y tocar esas canciones ahora resulta placentero. Digamos también que se asumió siempre que interpretaríamos estas canciones desde el ahora. No estamos intentado calcar cosas del pasado ni intentando que suenen igual, estamos adaptándolas a lo que somos ahora, a cómo sonamos ahora y a lo que queremos transmitir ahora. Le subimos un poco el beat a algunas canciones y las hicimos como bailables sin abandonar esos momentos súper melodramáticos, porque creo que una de las virtudes de Aterciopelados es que puede sonar de muchas maneras.

Fueron una de las primeras bandas de Colombia en ganar presencia internacional y ahora la escena colombiana ha crecido muchísimo. Quizás sea, junto a la chilena, la que presenta las propuestas más interesantes de la región. ¿Cómo has vivido tú este crecimiento de la escena musical de tu país?

Para mí es un placer comparar las condiciones actuales con las de hace 20 años. Cuando nosotros empezamos no había escena, no había sonido, no había equipos, casi no había instrumentos, no tenías el personal técnico especializado que se necesita alrededor de una escena musical: no había managers ni gente que hiciera video, no existían las redes y eso también pone la cosa en otro lugar. Pero cuando nosotros empezamos hubo ciertas condiciones que facilitaron que nos volviéramos conocidos: la radio empezó a apoyar y hubo como este momento brillante del rock en español. Ya luego salieron otros géneros que definitivamente son muy masivos en estos momentos como el urbano, pero me parece que, si bien no sea rock en español la etiqueta a utilizar, ahora en Colombia hay una escena muy diversa.

Hay también muchas escuelas de música y esa es otra cosa que hace 20 años no teníamos. En el pasado, si tú intentabas entrar a estudiar música y no sabías leer el pentagrama con las noticas, no te admitían. Los músicos de ahora, además de su instrumento, saben de técnica, de grabación, son profesionales mucho más completos. Creo que eso también hace que las propuestas tengan un nivel alto. También hay una cantidad de mercados donde vienen los promotores y la gente de festivales. La cosa se está moviendo y nosotros estamos felices de ver lo que sucede y también de participar.

Hace un par de meses, hubo un festival, porque ahora están haciendo festivales así de alto nivel a los que viene gente de todo el planeta y eso también está bueno… Pero, hace un par de meses, se hizo un experimento de un festival solo de grupos colombianos. Se llamó el y fue exitoso y el cartel estaba increíble. Yo estuve allí varias horas esperando para tocar y, de verdad, que hay cosas muy bacanes pasando en la música colombiana, porque es un hecho que está pasando de todo.

Una de las particularidades de Aterciopelados, y de otras bandas latinoamericanas que destacaron en los noventa como Café Tacuba por mencionar una, es la revalorización que hacían de la música tradicional de sus respectivos países al fusionarla con géneros más masivos como el rock. Esto es algo que vemos mucho ahora en las bandas nuevas. ¿Te parece que hay hoy más identidad en la música que se hace en América Latina?

Me parece que sí y es una opción súper valida, pero digamos también que acá, a ese respecto, han pasado como muchas cosas. Hay propuestas que a mí me encantan, otras que no me gustan para nada. Luego de ese disco tan importante de Carlos Vives que se llamó “”, que de hecho salió más o menos al tiempo que nuestro disco “El dorado”, surgió un género específico que se llamó el y, ¡uf!, había unas cosas bien feas. Pero luego también hay cosas como o el mismo , que son hijos de la misma propuesta; de esta conciencia de ser mestizo, porque simplemente es eso: nosotros somos muchas cosas y tenemos muchas cosas por allí cerca, entonces es como coger lo que te sirve y hacer tu receta personal.

Aquí en Colombia también hay personas que van a la raíz específica. Hay pelados que se dedican a ir donde los maestros músicos que viven en pueblos alejadísimos y les hacen discos y documentales. Es el caso, por ejemplo, de , que era una señora súper humilde que vivía en un pueblito por allá perdido y le hicieron un documental y un disco y se volvió súper famosa y ahora ha ganado premios Grammy y viaja por Europa y todo eso le empezó a pasar creo como a los 60 años. Es una figura increíble. También hay personajes como Paíto, un señor que toca la gaita, e incluso una disquera. Se llama y es de Urián Sarmiento, un chico que tocaba la batería con Andrea Echeverri y las percusiones en Aterciopelados.  Esa onda también es válida y ha producido mucha música muy bonita.

Y, sí, definitivamente, es lo que muestra que la gente está… bueno, alguna gente porque la gente a la que le gusta el urbano no podría estar más desconectada de la raíz… pero hay gente que sí tiene el asunto de la identidad un poco más enraizada.

¿Te parece que influye también el interés que muestran por estas propuestas las grandes potencias de la música? Por ejemplo, tienen mayor acogida afuera grupos como Bomba Estéreo cuyo sonido tiene un vínculo con su país de origen que una banda latinoamericana que haga un rock muy parecido al que puede hacer una banda de, por decir un lugar, Los Ángeles.

Pues yo creo que eso tiene como dos lados, ¿no? Definitivamente, por esos países hay una riqueza cultural y musical grandísima y hay unas propuestas muy originales, hermosas, poderosas, entonces eso hace que haya interés. Pero también hay gente que porque a los de allá les gusta, entonces a nosotros también nos gusta y eso es lo mismo de siempre, esa falta de amor propio, ese mirar siempre para afuera, pero digamos que las dos sirven en este caso.

Volviendo a las particularidades de Aterciopelados. Ustedes fueron una de las primeras bandas con letras feministas. Ya de por sí tú eres un ícono importante para las mujeres que hacen rock en la región al ser la líder de una banda en una época en la que era muy raro ver algo así. ¿Sufriste de discriminación por ser mujer cuando subías al escenario?

Creo que había mucha presión, pero eso depende también de cómo lo lleves tú. Definitivamente, cuando una es mujer y se va a subir a un escenario, se topa con referentes inevitables como puede ser Madona y, pues, toda esta cosa de hacer dieta, ir al gimnasio y que a partir de allí empiece tu propuesta. Eso sí yo lo he sentido toda la vida y como respuesta he escrito muchas canciones y he tratado de desarrollar como una feminidad propia para poder enfrentar un escenario y todas estas cosas superficiales como las sesiones de fotos y todo lo que lleva la farándula, pero gente machista no me ha tocado de cerca. Soy, sin embargo, súper consciente del problema y, de hecho, además de las canciones que he escrito en Aterciopelados como “Nada que ver”, “Cosita seria”, “Oye, mujer” o “El estuche” también hice un disco hace poco que se llamó “Ruiseñora” y ese es súper feminista.

Hace ya casi 20 años lanzaron “Caribe atómico”, un disco donde hacían su primer manifiesto ecologista. Hoy, en el 2016, en ese tema el futuro se presenta mucho más apocalíptico. ¿Has perdido la fe en un cambio?

Las cosas se ven más apocalípticas, es cierto, pero en simultáneo la visión de lo ecológico y la conciencia han crecido. Hace 20 años, nadie hablaba de ecología o lo hacían unos poquiticos. Ahora casi que está de moda la gente verde. Esto tiene su lado raro y también su lado positivo, porque es lo que tiene que suceder. Se supone que, si en 20 años, no vemos un cambio radical algo grabe va a pasar, así que lo que se necesita es que toda la gente lo tenga en su vocabulario y en su manera de vida y que los gobiernos empiecen a tomar medidas reales y significativas.  Es cierto, ahora ves que el nevado al que ibas de niña ya está a la mitad, pero el tema está presente y también la esperanza de que todos empecemos a cambiar el chip lo más pronto posible.

EL DATO
Aterciopelados se presentará en el escenario Monster de la octava edición del festival Vivo X el Rock. El evento se realizará el 17 de diciembre en el Estadio San Marcos. Los Fabulosos Cadillacs (Argentina), Simple Plan (Canadá), Garbage (EE.UU.), Sum 41 (Canadá), entre otros artistas, son también parte del cartel. Las entradas se venden en Teleticket de Wong y Metro.