Los freestylers Jaze y Jota se enfrentaron en la primera jornada. (Créditos: Francesca Florian y José Carrillo)
Los freestylers Jaze y Jota se enfrentaron en la primera jornada. (Créditos: Francesca Florian y José Carrillo)
Rodrigo Moreno Herrera

El 18 de julio empezó la primera temporada de la , una liga profesional para improvisadores de rap. Aunque por meses los seguidores de esta corriente del hip hop estuvieron a la expectativa por saber si se cancelaba o no, finalmente la marca española Urban Roosters y sus asociados pudieron sacar adelante el proyecto. Es así que en el Coliseo Manuel Bonilla de Miraflores montaron un set de televisión que reunía los requerimientos técnicos y sanitarios para el desarrollo de la primera fecha de la competencia. El Comercio conversó con los productores David Alva y Guillermo Castañeda, quienes dieron detalles sobre esta experiencia.

En marzo de este año, el equipo de Alva y Castañeda se encargó de preparar la final internacional de la FMS que reunió a los ganadores de las ligas en México, España, Chile y Argentina de la temporada 2019. Con más de 10 mil asistentes, este fue uno de los últimos eventos multitudinarios que se celebró en Lima antes de la pandemia. La crisis les obligó a replantear la puesta en escena, de tal modo que se volviera un espectáculo sostenible aun sin contar con público. “Las batallas de freestyle dependen mucho de la gente. Ellos apoyan a los competidores para que brillen sobre el escenario. Lo complicado ha sido rediseñar todo a un formato televisivo y hallar la manera de cubrir nuestras planillas para que el próximo año continúe la liga”, explica Alva.

Por su parte, Castañeda, quien se encarga de la parte comercial, cuenta que para concretar la propuesta fue clave el involucramiento de la empresa privada. “A causa de la crisis muchas empresas ajustaron su presupuesto, pero se han mantenido con nosotros. Además hay marcas más pequeñas que van a aportar para la premiación, por ejemplo. De igual modo, la Municipalidad de Miraflores facilitó la gestión del espacio. Mientras se reactiva la economía, se van viendo las métricas de la primera jornada, que fue transmitida por streaming. El alcance que ha tenido es bastante grande, por lo que es un espacio bastante interesante para los inversionistas”, destaca.

LO QUE RESTA DE LA TEMPORADA

Antes se tenía previsto llevar este espectáculo al interior de país. Sería una ciudad distinta para cada jornada. Sin embargo, por lo pronto los organizadores son conscientes de que lo más apropiado será planificar el resto de fechas en el mismo ambiente armado en el coliseo. “En el mejor de los casos puede que las últimas tres sesiones sean con público, pero no queremos adelantarnos. Dependemos de las disposiciones que dé el Gobierno y también de cómo evolucione la pandemia”, sostiene Castañeda.

Alva agrega que los esfuerzos logísticos que demanda llevar a cabo esta liga tienen como objetivo consolidar el freestyle como actividad profesional. “Queremos que exponentes de esta disciplina sepan que se puede vivir de esto. Nosotros hemos mantenido los acuerdos con cada uno y tanto ellos como el equipo técnico reciben un pago acorde al mercado. Sin la venta de entradas es más complejo, pero vale la pena”, remarca.

MIRAS A FUTURO

El modelo de producción empleado por la FMS Perú es un ejemplo de cómo el respaldo de la empresa privada y de las autoridades locales puede volver viable un montaje de este calibre. No obstante, es importante no perder de vista que el freestyle es una actividad tradicionalmente underground, la cual se consolidó en plazas y parques donde los asistentes no tenían que pagar entradas. La popularidad de la disciplina, tanto en espacios públicos como en Internet, concitó la atención de marcas que permitieron su salto a grandes escenarios hace casi una década.

Para Mario Gutiérrez, decano de la Facultad de Comunicación y Diseño de la , este caso es de particular interés. “Al final de cuentas ya no se trata de vender un producto. Lo que buscan las marcas es crear otro tipo de conexión con el público al invertir en esta red de usuarios y simpatizantes del freestyle. Antes de la cuarentena, además de las 15 mil personas que asistían a ver una competencia, los organizadores ya tenían asegurada la rentabilidad en las redes”, comenta.

Y así como en el mundo de las batallas de rap se ha logrado concretar una propuesta acorde a las circunstancias, de igual modo lo tendrán que hacer los involucrados en el sector cultural.“Adaptarse a estos tiempos implica cambiar las estrategias en las distintas fases de creación de un producto. En especial cambiar la lógica con la que se concibe la distribución. Las producciones tienen que ser pensadas de otra manera. Por ejemplo, desarrollar narrativas para más locaciones en interiores, utilizar escenarios virtuales o trabajar con menos técnicos en un set”, afirma.

Por último, Gutiérrez aclara que pensar en echar mano de medios digitales como algo temporal podría perder de vista su verdadero potencial. “Lo digital es un paradigma, no una plataforma. Es lo que condiciona la manera de relacionarnos. Las marcas quieren generar confianza y credibilidad. Su interés por ser parte de la vida de las personas se puede convertir en un auspicio, como está ocurriendo con las batallas. Las empresas se pueden volver aliados de los espectáculos. Para facilitar eso se podría promover una política de reducción de impuestos por aporte a la cultura, entre otras medidas. Eso reduciría ampliamente los costos de producción. No se trata de reinventarse solo de manera creativa, sino de repensar el modelo de trabajo para que sea rentable. Hay que asumir que no se trata solo de sobrevivir a este momento”, concluye.

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