Manolo Rodríguez y la vez que cantó con Celia Cruz en Argentina
Manolo Rodríguez y la vez que cantó con Celia Cruz en Argentina
Antonio Alvarez Ferrando

Febrero del año 2000. Teatro Gran Rex de Buenos Aires, Argentina. La orquesta peruana La Única del timbalero Aníbal López se prepara para acompañar a Celia Cruz. Cerraban una exitosa gira que había incluido Chile y Uruguay.

Manolo Rodríguez era en aquel entonces cantante principal de dicha agrupación salsera que desde algunos años atrás acompañaba a la Reina rumba durante sus periplos por Sudamérica. Así lo quería ella.

Unas horas antes de empezar el espectáculo, Aníbal López se acerca a Manolo y le dice al oído: “Vicentico, el argentino que iba a hacer dúo con Celia se ha enfermado. Entras en su lugar. Toma este casete y apréndete la letra del tema 'Vasos vacíos'”.

La canción era un clásico del argentino y la cubana, que habían grabado a dúo en 1988 para el álbum “El ritmo mundial” de los “Fabulosos Cadillacs” y mediante el cual la Guarachera del mundo buscaba abrirse paso en el mercado local.

“Cuando llegamos al Gran Rex recuerdo haberme quedado sorprendido porque estaba repleto. No entraba nadie más. Estaba muy nervioso”, cuenta Manolo en conversación con El Comercio.

Ahora hay tiempo para reírse, pero en ese momento no. Los minutos transcurrían y la memoria le jugaba una mala pasada al chalaco que hasta ese momento solo visionaba un tremendo papelón. 

Mientras sus compañeros afinaban los instrumentos se le ocurrió escribir la letra de la canción en un papel. “Cogí un lapicero azul y me puse a copiar la letra. Pegué la hoja con cinta scotch en mi muñeca. Era mi única salida”, narra el cantante.

Empezó el show y el público, como de costumbre, se rendía ante la cubana. Al término de la sexta canción Celia lo invita a cantar y en medio de los aplausos exclama: “Estás suda’o Manolito, estás suda’o negrito”.

Empieza a sonar las primeras tonadas de "Vasos vacíos" y cuando Manolo mira el papel no había letra alguna. El agua había borrado todo. Solo quedaba una gran mancha de lapicero azul.

“¡Uy, Dios mío!, dije. Arranqué el papel y le pedí al Señor que me ayude porque, ¡imagínate! El teatro repleto, las cámaras enfocándote, a tu lado Celia Cruz... era algo que iba a quedar para toda la vida”, exclama.

Manolo no sabe, ni entiende, cómo al levantar el micro pudo recordar la letra a la perfección y salió airoso de aquella presentación. “Yo siempre he dicho: o sale bien o sale mal para toda la vida y lo van a ver hasta tus nietos... y felizmente salió bien”, añade. 

La amistad de Manolo con Celia trascendió los escenarios. En esos encuentros musicales pudo conocer a Pedro Knight, esposo de la Guarachera del mundo y músico de la Sonora Matancera. Y cada vez que se encontraban en algún restaurante o evento ella lo invitaba a sentarse a su lado.

“Me decía: ‘Manolito venga pa’ acá. Siéntese conmigo’. Ella estaba rodeada de los dueños, de empresarios… yo no hacía nada ahí, yo era un cantante de barrio, así que a la primera que se descuidaba yo me escapaba. No soy de esas cosas”, dice con la humildad que lo caracteriza.

UNA VIDA DEDICADA A LA SALSA
La versatilidad y la claridad vocal de Manolo Rodríguez lo han convertido en uno de los mejores cantantes que ha dado la salsa en el Perú. Lo mismo se canta “El que se fue” de Tito Rodríguez que el punzante “Ausencia” de Héctor Lavoe. Un fuera de serie aplaudido por los integrantes del Gran Combo que por su tono de voz lo creían un compatriota suyo y hasta en Colombia donde lo conocen como “el cantante del bastón”.

Manolo empezó su carrera musical en 1980, cuando pertenecía al Ejército. Se inició en Oswaldo y su Combo y en el año 82 pasó a la orquesta Hit Parade Latino donde estuvo diez años. En 1992 firma por la Sensual 9:90 del trompetista Óscar ‘Pitín’ Sánchez.

En 1996 da el salto a La Única de Aníbal López donde se mantuvo hasta 2002. Su Cv musical se incrementó al ingresar a La Efectiva y la orquesta Vaya. Posteriormente volvió a las filas de La Única, llamada actualmente Los Únicos de la salsa, tras la muerte de Aníbal López.

Aunque tiene una magnífica voz, Manolo no lo presume. Tuvo ofertas para hacer una carrera musical en el extranjero pero prefirió mantenerse al lado de su familia, en su casa ubicada en un solar del jirón Zepita en el Callao, el mismo barrio que vio crecer a otro bravo de la salsa en Perú: Pachito Nalmy.

Ayer, precisamente, Manolo deleitó a su público en el homenaje que le hizo un grupo de amigos con motivo de su aniversario musical. En la celebración realizada en Ventanilla se vivió una intensa jornada salsera que convocó al Combo Espectáculo Creación, Zaperoko: la resistencia salsera del Callao, Marcos y los duros y Los Únicos de la Salsa. Merecido tributo a este gran cantor.

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