La Mente: nuestra crítica del disco "Los millonarios del alma"
Luis Jaime Cisneros

está de vuelta. La banda peruana lanzó en setiembre su cuarto álbum. Lo tituló: “Millonarios del alma”. Doce canciones de autoría propia que reflejan la mirada perspicaz e inquisidora –y por momentos demoledora– con que este sexteto interpreta y decodifica a la sociedad en la que vivimos o subsistimos. Y es este álbum uno de los que ha marcado el ambiente musical local en el 2015 que se despide dentro de dos semanas, en medio de un clima electoral al cual la música –y el rock en especial– no es ajeno. 

Los doce temas de “Millonarios del alma” son una suerte de recorrido bailable y mental por los principales problemas que sacuden a un país como el Perú, hipnotizado por el éxito económico a cualquier precio y donde, incluso, la corrupción a todo nivel se impone como un modo de vida. El individualismo y el egoísmo social como modo de empleo y motor de la discriminación. 

Ahí están para quien quiera escucharlos temas como “La palabra del ciego” y “Apaga tu motor”. O ‘La respuesta’, un llamado a la honestidad y el amor propio, un rechazo a las argollas como parte de la escalera al éxito: “La respuesta es honesta y frontal, y si ahora te caigo mal y me descartas de tu festival, no nos ponemos las rodilleras para negociar con nadie”.

No faltan temas con alusiones al medio ambiente y a la fiebre de cemento vertical en que Lima se ha convertido arrasando con árboles. “Inhumano” es una muestra de ello: “Sobre el pavimento nacerán árboles que violen tu ciudad y en sus ramas comerán lo que quede entero de la humanidad. Los edificios han tomado el control con la promesa de una vida mejor [...]”.

En “Comer” una sociedad consumista salida de un capitalismo salvaje queda expuesta a sus miserias: “Se comieron la bonanza y de postre la esperanza” cantan en un momento Ricardo Wiesse y Nicolás Duarte, quienes son las voces, compositores y propulsores de La Mente. Y su verbo no deja a nadie en pie: “Comer comerciales, comer porquerías, comer las noticias de todos los días, beber de la fuente de la hipocresía [...] comer la basura que dan los canales”.

La energía y el ritmo que imponen hacen de esta placa su disco más rocanrolero, en comparación a los precedentes “Para los muertos y los vivientes”, “La Mente” y “Música”, donde predominaba su sonido ‘electropical’ fusionando la cumbia con música electrónica, ska y dancehall con un estilo que me hacía recordar al combo francés de los noventa, Les Negresses Vertes.

Cuatro discos en casi una década de existencia puede parecer una cifra exigua para algún desprevenido. En el negocio de la música, las estadísticas no son siempre un buen indicador e inducen al error. A las bandas no se les puede medir en base a una ecuación que reduce un proceso creativo a una cifra de negocios. El recorrido de La Mente en sus casi diez años de existencia desde que irrumpió en escena en el 2006 demuestra que son más que un puñado de canciones reunidas cada cierto tiempo en un álbum. 

La propuesta de este sexteto que conforman Ricardo Wiesse (voz), Nicolás Duarte (voz), Rafael Otero (guitarra), Telmo Jáuregui (bajo), Alberto Hernández (teclado) y Juan Carlos Polo (batería) encuentra su mejor formato de expresión en los conciertos en vivo, como acaba de ocurrir en la reciente edición del festival Vivo X el Rock en la Universidad de San Marcos. A ello se suma su inquietud de promover la música a través de funciones vespertinas públicas para menores con el fin de desmitificar el lugar común de estigmatizar con drogas y alcohol al rock. 

La banda cierra el 2015 este 18 de diciembre con un concierto denominado “La fiesta histórica de La Mente” en el legendario Sargento Pimienta de Barranco, donde ofrecerá una selección de su repertorio en base a las preferencias del público expresadas a través de las redes sociales. Otro signo de que la música se democratiza.

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