Pelo Madueño, vestido de 'drag queen' en el videoclip de "Ay, amor".
Pelo Madueño, vestido de 'drag queen' en el videoclip de "Ay, amor".
Juan Carlos Fangacio Arakaki

A Pelo Madueño el y la cuarentena lo cogieron desprevenido: fuera de Lima, lejos de su estudio, pero con el consuelo de haber metido un par de guitarras en el auto. “Siempre pensé que si estuviera en una isla desierta y tuviera que llevarme una sola guitarra, sería mi guitarra de nylon. Y felizmente aquí está conmigo”, cuenta a El Comercio a través de la impersonalidad virtual del Zoom, la plataforma de comunicación predilecta de estos tiempos aislados.

Lo que no necesariamente se traduce en un desborde creativo. ¿Puede el confinamiento ser un acicate provechoso para la producción artística? “Creo que ese es un proceso muy personal de cada creador –afirma–. Hay gente que necesita los tiempos revueltos, cierta tensión; otros la soledad y la tranquilidad absoluta. Yo soy del segundo grupo. Mis canciones siempre vienen de momentos muy solitarios. Pero, eso sí, con espacio mental y emocional. Y en estos días, con tanta información y preocupación, no tengo ese espacio. No creo que esta sea una circunstancia de retiro espiritual”.

Sí afirma, en cambio, que en momentos como este surge el arte oportunista o circunstancial, como la abundancia de canciones sobre la cuarentena que han lanzado artistas de un espectro amplísimo (de Bono de U2 a Pedro Suárez Vértiz, elija usted a su favorito). Por eso Madueño ha elegido la coyuntura para presentar un nuevo videoclip, que nada tiene que ver con el COVID-19: “Ay, amor”, segundo single del álbum triple “XXX”, que lanzó el año pasado, y que tiene como principal particularidad ver a Madueño en traje de ‘drag queen’.

Una hora y media de trabajo solo para meterse en el enterizo blanco, ponerse la gran peluca y cargarse el rostro de maquillaje, bajo la asesoría de la ‘drag’ profesional Tany de la Riva. El resultado es un personaje que luce como una suerte de Hedwig Robinson, pero con una Flying V y dominando el escenario de una discoteca de Lince.

“La locación es una mezcla de Las Vegas con película de Tarantino, y al límite de la serie B. A mí siempre me ha encantado el cine de David Lynch o de Almodóvar, esos mundos con personajes del extrarradio. Y creo que por allí salió la idea. Fue más subconsciente que consciente”, explica.

NO ES LO MISMO

Y aunque la grabación del videoclip de “Ay, amor” se hizo el año pasado –en un tiempo récord de seis horas, afirma Madueño–, coincide con el tan mentado (y hasta el exceso discutido) “Yo perreo sola” de Bad Bunny, en el que . Consciente de que alguna comparación va a haber, Madueño opta por tomar distancia.

“Si bien es cierto que hay cierta vinculación LGTB, el video de Bad Bunny no tiene nada que ver con el mío –dice Madueño–. La forma en que el reggaeton aborda la sexualidad, en la mayoría de los casos, refuerza el estereotipo y las diferencias. Hay un discurso sexual basado en el poder, en la sumisión, que a mí no me gusta nada. Para mí, el suyo es un video más de sexismo reggaetonero. En lo mío no hay relación de hombre y mujer, de sumisión. Es simple expresión artística”.

Prefiere, en todo caso, ligar la temática de “Ay, amor”, con una circunstancia más actual, como es el decreto que establece salidas por días a hombres y mujeres durante la cuarentena, que llevó a muchos a preguntarse dónde quedan las personas trans en esa distinción. “Me parece importante, en situaciones como esta, que una sociedad discuta sus temas tabú para evolucionar”, afirma. Cualquier lectura o interpretación es bienvenida.

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