Dante Trujillo

La primera vez que la banda llegó a nuestro país, eran tres. La próxima que lo haga, serán dos más una tropa circense. Echando mano del reciente y muy documentado “. La biografía total”, del periodista argentino Marcelo Fernández Bitar, recordamos que en el principio del trío también fueron dos: Gustavo Adrián Cerati Clark y Héctor Pedro Juan Bosio Bortolotti. Este último, además de aprender solo a tocar bajo siendo un chiquillo, era aficionado a la natación. Por eso lo llamaban Cetáceo, lo que terminó en Zeta.
Ambos tocaban en bandas de barrio influidas por Elvis Costello, Gary Numan, Blondie y, sobre todo, The Police, cuando se conocieron en la Universidad del Salvador, donde estudiaban Publicidad. Zeta era un año mayor, de 1958, pero quiso la casualidad que se retrasara navegando por medio mundo durante el servicio militar, lo que provocó la coincidencia en el aula. Se hicieron muy amigos, y sobre las cenizas de un grupo de Zeta, en 1981, llegaron a tocar covers. También formaron parte de una agencia de publicidad que nació para ser un desastre. Querían formar una banda en serio, pero les faltaba el tercero que cuadrara el círculo.

Este acabó siendo otro ‘tano’: Carlos Alberto Ficicchia Gigliotti (1963), hijo de un baterista de ritmos tropicales que se hacía llamar Tito Alberti, de quien tomó el apellido artístico. Charly practicaba waterpolo cuando conoció a Laura Cerati. Trató de enamorarla sin éxito, pero terminó conociendo al hermano. Durante 1982, mientras comenzaba y terminaba la guerra de las Malvinas, el trío tocó, se reconoció, se comenzó a encontrar mientras definía cómo quería sonar y verse. Probaron nombres –Taras Bulba, Los Pelitos, Rockefort, Aerosol, Sidecar, Extra, Estereo, Los Estereotipos, Radio– antes de llamarse como se llamaron y presentarse por primera vez en la sala de una casa ante 15 amigos, en diciembre de ese año.Iniciaron un ritmo frenético de presentaciones y en agosto del 83 firmaron contrato con CBS. Para diciembre –cuenta Fernández Bitar– eran, junto con Sumo, la banda que más público llevaba a los pubs porteños. Con una mezcla de onda wave, ska, reggae, punk, pop y la producción artística del recordado Federico Moura (Virus), el 1 de octubre de 1984 presentaron su primer y epónimo LP en el subsuelo de un local de comida rápida. De inmediato esa música pegajosa y bailable, llena de estribillos –feliz, luego de tantos años de seriedad rockera y política en el ambiente–; esos chicos guapos y maquillados, de peinados imposibles y ropas extravagantes, provocaron un furor insólito, completamente insospechado. “Si Soda Stereo no se convierte en el nuevo ‘boom’ argentino, paso a retiro efectivo”, dijo el mítico periodista musical Rafael Abud.

—Te encontraré en estas ruinas—
Al año siguiente publicaron “Nada personal”, y Soda siguió efervescente, pero dentro de las fronteras de su país, como ocurría con otros grupos del momento. En diciembre de 1986 saldría “Signos”, pero un mes antes la banda salió, por fin, de viaje: luego de más de 200 mil copias vendidas en su tierra, la meta era la conquista del aún auroral mercado latinoamericano de rock en español. Se había hecho ya, sin embargo, un minucioso trabajo de difusión (en Chile eran célebres sin haberlo pisado), cuando aún no existían ni las redes sociales, ni los canales de cable (el MTV regional nació recién el 93), ni la música se teletransportaba. “Cuando volvamos quizá estaremos arrepentidos de haber hecho esta gira, porque no sabemos qué podrá pasar”, dijo Cerati. Su primer destino fue Colombia, donde reunieron a algunos miles de personas entre Bogotá y Medellín. Su siguiente parada fue nuestro país, entonces muy maltratado por la crisis económica y la monstruosidad terrorista.

Aterrizaron en el Jorge Chávez el 11 de noviembre del 86 a las 7 de la mañana, mientras los esperaba “una considerable cantidad de uniformados, gran parte de la prensa local, fans de edad escolar”. Tocaron el 13 en Arequipa, adonde “viajamos en unos aviones tan viejos que nos hacían jugar al bingo para distraernos de los sacudones”, contó Zeta mucho después. Abrieron con “Sobredosis de TV” y, 85 minutos después, cerraron con “Cuando pase el temblor”, “con chicas tirando collares, anillos, y hasta corpiños”. Luego volvieron a Lima para hacer prensa y concentrarse en los tres conciertos que darían en el Amauta, donde terminaron reuniendo a 40 mil personas, una taquilla inaudita para los tiempos, y más tratándose de un grupo que cantaba en nuestra lengua. Telonearon los locales Danai & Pateandolatas. En el segundo show, como primicia, estrenaron en vivo “Prófugos”, mientras la juventud, sabia, gritaba: “¡Abajo Alan García, Gustavo presidente!”.En una entrevista de media página en la sección C de este Diario (antecedente del suplemento que tiene en sus manos), Cerati dijo: “No deja de ser interesante ser popular, porque nunca fuimos elitistas. Sabemos bien qué queremos y qué buscamos. Hay dos tipos de éxito, y no siempre van juntos: la creatividad musical y el éxito popular creciente”. Pero antes de acabar 1986, Soda Stereo marcó otro hito en nuestro país. Ganó La Más Más de Panamericana.

Contado resulta desopilante, pero desde 1976 dicha radio instauró un ránking anual con los votos de los oyentes que llegaban por carta (el correo electrónico era ciencia ficción), que se transmitía en vivo durante dos o tres días desde grandes auditorios, como si fuera cualquier festival. Se trataba de una gran cuenta regresiva a la que sucedía, tras el puesto número uno, la canción del año. Quizá lo más curioso fuera que la gente vibraba frente a videoclips, y cuando las canciones no los tenían, bailarines o una banda de covers se encargaban del asunto. Pues bien, la primera vez que una canción de pop o rock en español ingresó a los primeros 35 puestos de la lista fue en 1983 (“Amor por computadora”, de Miguel Ríos, puesto 33). En 1984, Frágil llegó al 12 con “Nave blanca” y en el 85 Charly García alcanzó el 13 con “Demoliendo hoteles”.Entre el 12 y el 14 de diciembre del 86, la plaza de Acho se sacudió con miles de personas cantando ya un buen puñado de hits en español (Hombres G, Los Abuelos de la Nada, Tequila, Zas, Instrucción Cívica, GIT, Río, Virus), pero Soda logró la cuádruple hazaña de incluir “Cuando pase el temblor” (24), “Nada personal” (7), “Sobredosis de TV” (3), para luego coronarse con La Más Más con una canción que en realidad no existía: “Mix Soda”. Esta era un medley creado por los programadores de la radio con cinco de sus temas más populares. La banda entonces fue rebautizada por el célebre DJ local Randy Calandra como “la trilogía del rock”, un sobrenombre exitoso pero pintoresco, al menos sintácticamente.

—Ciudades de la furia—
Con Latinoamérica en el bolsillo y muchísimos discos colocados (los tres primeros vinilos habían vendido en nuestro país 56 mil copias), comenzaron de inmediato los preparativos de una segunda gira, esta aun más ambiciosa: 22 shows en siete países, siendo el nuestro el primero del Soda Tour 87, adonde llegaron el jueves 18 de junio. El famoso periodista Mario Pergolini, entonces un muchacho, fue parte del ‘crew’, y contó: “A pesar del toque de queda y de ser las 3 de la mañana, el público estaba esperando en el aeropuerto, o sea que se había quedado a dormir allí desde el día anterior”. El club de fans local contaba con cien mil miembros.

Nunca se había visto una devoción igual. Tras una entrevista en el viejo local de Radio Panamericana en Mariano Carranza, había tanta gente esperándolos en la calle que tuvieron que escapar por el techo, saltando de un edificio a otro. Pacientes y profesionales, Cerati, Bosio y Alberti aguantaron todo tipo de encuentros con la prensa, como una conferencia en Miraflores de dos horas ante 50 periodistas y mil hinchas carnetizados por Panamericana (sponsor absoluto de la sodamanía, ahí otro sustantivo de la época); o una charla surrealista con Yola Polastri, en su formato Yola Rocker. En medio de todo, recibieron un triple disco de platino.Soda vendió todas las entradas para su concierto del viernes 19 de junio, aunque “solo” acudieron ocho mil personas, no porque teloneara Feiser, la banda de Álamo Pérez Luna; ni por el toque de queda (que continuaba desde la visita anterior; de hecho, fue el más largo de la historia nacional, del 8 de febrero de 1986 al 28 de julio de 1987), sino debido a una amenaza de atentados de Sendero Luminoso. Al día siguiente repitieron el plato en el Amauta, esta vez sí con un lleno a tope. Durante los siguientes días se presentaron en Ica, Arequipa, Trujillo, Chiclayo y Piura, en conciertos que iban de los 10 mil a los 16 mil asistentes. Finalmente, dado el éxito inaudito, añadieron una última presentación en Lima antes de dejar el país: fue otro ‘sold out’.

Como parte de la mitología, se creía que la banda había grabado en algún momento de la gira interna el clip de “Cuando pase el temblor”, quizá por los paisajes que muestra y los sonidos andinos, cuando la realidad es que se filmó en Jujuy, en el noroeste argentino. Con el material de la gira, se concretó el cuarto álbum del grupo –y primero en vivo–: “Ruido Blanco”, que incluyó versiones tocadas aquí de “Signos” y “Final caja negra”. El arte del disco incluye una versión estilizada de un pájaro trazado en las pampas de Nasca. Para el anecdotario recuérdese la existencia de Trama, grupo nacido en el 86 y bastante radiado el 87. Liderados por Luis Salazar Figallo, sonaban y se veían deliberada y evidentemente como Soda (los maliciosos los llamaban ‘Chola Stereo’). Acaso para darse ese toque italiano de los referentes, Salazar se presentaba con el alias de Luciano Figallo. Grabaron un disco con la misma disquera (CBS) y, como referencia, quedó el hit –que lo fue–: “Un ovni en mi jardín”.

Ese año Soda Stereo no ganó La Más Más –otro furor llegó de Europa: Indochine–, pero ocupó el puesto 2 (“Persiana americana”), 3 (“Signos”) y 16 (“Prófugos”).

—La vida es sueño stereo—
Durante los siguientes años Soda no dejó de crecer y evolucionar hacia nuevos ritmos, siempre desafiándose, reinventándose: publicó “Canción animal” (1990) y “Dynamo” (1992), de los que hizo giras que, sin embargo, nos pasaron por alto. La banda también había llegado a cierta saturación y tuvo un gran receso entre el 93 y el 94, en el que cada uno aprovechó para dedicarse a proyectos personales, entre los que claramente destaca el inicio de la carrera solista de Gustavo Cerati.

En el 95 retomaron la viada conjunta con “Sueño Stereo”, una joya. Esta vez el Perú sí fue incluido en una gira que iba de Chile a Estados Unidos –dato que se le escapa a Fernández Bitar–: tocaron el 27 de octubre de 1995 en Arequipa (un concierto poco memorable por el escaso público) y, dos días después, en la cancha de fútbol de la Universidad de Lima, ante 12 mil personas que pagaron 15 dólares por verlos (otros tiempos). El reencuentro con los limeños, casi una década después, fue entrañable y fervoroso, al punto de que la banda que teloneó, que fue Mar de Copas, tuvo que abandonar el escenario antes de tiempo debido a la presión lindante con la agresividad del poco respetuoso respetable.La banda, finalmente, no pudo más de sí. Tras superar todos los récords continentales de ventas y asistencia a conciertos, en 1997 sus integrantes dijeron basta. Se despidieron de México, Venezuela y Chile y, frente a 70 mil personas reunidas en el estadio de River el 20 de setiembre, Cerati dio las célebres “Gracias totales”.

Pero como en todo espectáculo de rock que se precie, este tuvo un ‘encore’. El problema es que hubo que esperar diez años más.

—Me verás volver—
Soda regresó a los escenarios para una gira el 2007. Llegó al Perú y tocó el 8 y el 9 de diciembre ante 100 mil asistentes que agotaron las entradas en cinco días: todos los shows fueron, largamente, los más concurridos de la historia nacional. Las colas para ingresar al Estadio Nacional se extendieron por siete cuadras. Antes de despedirse sobre el escenario, Cerati dijo: “Esta noche es muy especial porque aquí termina todo el trayecto internacional. Y qué bien acabarlo aquí: Lima es otra ciudad de la furia”.

Nunca negaron la posibilidad de volver a tocar juntos. Sin embargo, tres semanas después de una visita a Lima como parte de la promoción de su disco “Fuerza natural”, el 15 de mayo del 2010, Gustavo Cerati, guitarra, voz y espíritu de la banda más querida y popular que ha dado Latinoamérica, sufrió un accidente cardiovascular isquémico que lo apagó lentamente, como las luces de un hermoso espectáculo que solo queda revivir en el corazón.