Miguel Rocca

Debo admitir que llegué un poco más tarde de lo que pensé al estadio de la Universidad San Marcos. La final de la Copa Libertadores, al otro lado de la ciudad, en Ate, hizo que llegar a la UNMSM demore casi hora y media. Sí, nosotros no somos Fito Páez, pero sí queríamos llegar a verlo.

Y allí estaba el argentino que horas antes había estado en el Monumental junto a Sebastián Yatra, Tini Stoessel y la brasileña Anitta. Ahora Fito, secundado por su banda, toca “Mariposa Tecknicolor”, uno de los temas más esperados del nacido en Rosario. La masa concentrada, como unas 40 mil personas solo en el campo del estadio, corea una a una las canciones de Páez, quien repite el plato en Lima luego de haber cantado este año también en el anfiteatro del Parque de la Exposición.

Luego sería el turno para otro esperado retorno. Interpol, el trío que en abril de este año cantó en los Domos de San Miguel y generó tan buenos comentarios, ahora venía a Lima para hacerle frente a las más de 50 mil almas que llevó el festival. Con temas como “Evil”, “Rest my chemistry” y “Obstacle 1”, la banda neoyorquina ofreció una sólida presentación que seguramente los hará volver pronto a nuestro país.

El Vivo x el Rock, en su undécima edición, intentó descentralizar la música. Con casi todos los artistas internacionales en el remozado estadio de San Marcos, los alrededores del recinto deportivo y todos sus espacios fueron muy bien aprovechados por la organización. Así podías disfrutar, por ejemplo, si no estabas en campo viendo a Interpol o Fito Páez, del metal de A.N.I.M.A.L., del pop folk de We the lion o dle reggae de Los Filipz. Es decir, música para todos los gustos.

Pero la propuesta de esta edición iba más allá de la música. Batallas de los gallos se hacían espacio en uno de los escenarios, la feria Perú Independiente también tuvo su lugar y pequeñas pero simbólicas muestras de arte, ligadas a la ilustración y la música, se exhibían en los espacios que ofrecía el recinto sanmarquino. Ah, y para los que se quejaban por solo comer choripan, una oferta gastronómica variada -aunque insuficiente- se pudo ver en el Vivo x el Rock. Cosas para aplaudir, y algunas por mejorar. Los baños fueron esta vez un punto ampliamente a favor de la organización. Sin colas ni demoras. Bien.

Vivo x el Rock 11: Una edición para todas las sangres

En el estadio era el turno de escuchar ahora a uno de los headliners, Slipknot. Había mucha expectativa por la banda de las máscaras terroríficas (no encontré lugar donde no hubiera alguien con algún polo de Slipknot) y creo que todas, fueron colmadas. Desde la tribuna Oriente se podía ver a un público entregado que pogueaba -aunque no fue el “gran” pogo- los temas de Corey Taylor y compañía. Recontra acierto esta presentación de poco más de hora y media.

Ahora era el turno de Casablancas. The Strokes llegaba a Lima por primera vez, y lo hacía eligiendo al Vivo x el Rock como su única presentación en Sudamérica por estas fechas. Con turismo incluido por algunas calles de Miraflores y el Centro de Lima, ahora les tocaba ir a lo suyo. “Heart in a cage” fue el elegido para abrir el show en un estadio que ya no lucía tan abarrotado (el público de Slipknot se había retirado luego de ver a sus favoritos), luego sonó “You only live once”. Algunos mensajes poco legibles de Julian y un saludo “Hola Perú” que alocó a todos. La presentación de The Strokes en Lima dejó muy buenas sensaciones y transcurrió sin contratiempos. Casablancas y compañía tocaron 18 temas en San Marcos y sí, se guardaron lo mejorcito -o lo más conocido- para el final: “Last nite” sonó como el broche de oro a una presentación esperada por mucho tiempo, con una cereza al pastel que fue la inclusión de Machu Picchu, canción que la banda no tocaba desde el 2016.

Broche de oro para una edición más del festival más grande que tenemos por estos lares. Avances, sí y bastantes, pero queda la sensación de que el Vivo x el Rock seguirá mejorando. Ahora toca ir a buscar algo de cumbia...

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