Crítica: "La Ronda", juegos sexuales en versión limeña
Crítica: "La Ronda", juegos sexuales en versión limeña
Redacción EC

ALBERTO SERVAT

En la historia del teatro hay obras que no solo se convierten en clásicos sino que, de alguna manera, se van trasformando de acuerdo a los escenarios, los países y las intenciones de quienes asuman el reto de montarlas. Y “La ronda”, de Arthur Schnitzler, es probablemente una de las piezas teatrales más adaptadas en el siglo XX.

“Reigen”, título original de labra de  Schnitzler, fue escrita en 1897, publicada en 1900 y recién representada en1920. Tal vez su gran popularidad se la debe a la película francesa Nicole Kidman interpretó todos . Entre sus muchas adaptaciones también se encuentra el musical (1994) y el filme (2004), de Dean Howell. Todas estas adaptaciones no hacen sino confirmar un carácter universal de la obra. Al parecer el discurso original de Schnitzler sobre la conducta humana ha sobrepasado su propia época y circunstancia. Y “La Ronda” es una radiografía de una sociedad clasista, intrigante y avocada a los placeres.

“La ronda” cuenta diez historias de amor, seducción y sexo. No solo eso, cada escena es también un estudio de las reglas sociales y la actitud de los diversos tipos humanos. Allí está la clave para entender este complejo cuadro en el que las prostitutas y las esposas infieles, los militares y los hijos de familia, participan de una ronda sexual sin perder ni por instante su papel dentro de un esquema social difícil de romper.

En manos de Jaime Nieto la obra puede resultar divertida, ocurrente y, por cierto, bastante irreverente (sobre todo para un público en pleno aprendizaje). Pero también es cierto que su ligereza pierde de vista el juego de maneras, la visión social del tema y la humanidad de la obra. Prevalece, eso sí, el aspecto sexual. Tal vez porque su principal interés en esta ronda sea ese aspecto justamente. El sexo es la columna vertebral del montaje a tal punto que se convierte en casi un muestrario de posiciones sexuales. Si en la obra original las escenas ocurren antes o después del acto sexual, en el montaje de Nieto siempre ocurren sobre el escenario. Por supuesto, la adaptación del texto también ha cambiado el género de algunos personajes para darle una variedad a las situaciones y acercarlos a tiempos donde la homosexualidad no es más un tabú.

La estructura de esta ronda sexual es la siguiente:

1.    La prostituta y el militar
2.    El militar y la empleada doméstica
3.    La empleada doméstica y el hijo de familia
4.    El hijo de familia y la mujer casada
5.    La mujer casada y su marido
6.    El marido y la adolescente
7.    La adolescente y el escritor
8.    El escritor y la actriz
9.    La actriz y el conde
10.    El conde y la prostituta

La acción de la obra original tiene lugar en Viena, alrededor de 1890. Jaime Nieto la trae a Lima y en la actualidad. Hay algunos cambios: el conde se convierte en congresista, el poeta es una dramaturga y la adolescente es un chico. El problema es que no aprovecha los cambios para hablarnos de una realidad inmediata. Un aspecto que otros montajes han enfatizado. De manera que los cambios de tiempo y ciudad no tienen mayor sentido. No hay mayores sutilezas, no explora en las diferencias sociales, aunque sí resulta inequívoca la presentación del vacío que deja el sexo al paso. Es toda la profundidad que encontramos.

En cuanto a los cuatro actores que tienen a su cargo las diversas caracterizaciones -Alonso Cano, Katia Salazar, Giovanni Arce y Fiorella Flores- podemos decir que asumen su labor con entusiasmo y, sobre todo, con valentía, dada la cantidad de desnudos que ilustran las escenas. Pero los aciertos son parciales y no resultan tan convincentes en todos los personajes que interpretan. Cano, por ejemplo, es un actor solvente y con el tiempo ha sabido acertar en sus elecciones dramáticas. Pero comienza la obra con un militar no del todo contundente, como si necesitara calentar para componer un mejor personaje. Giovanni Arce se comporta con soltura pese a las exigencias escénicas pero llega casi a la caricatura cuando tiene que interpretar al joven inexperto que cae en manos del hombre casado. Sin embargo, es un actor a quien debemos seguir la pista. En cuanto a las actrices, sin duda Katia Salazar compone bien sus roles y sabe mutar de un personaje a otro, pese al apurado ritmo del montaje.

“La ronda” se presenta en la Alianza Francesa de Miraflores hasta el 26 de mayo.