Pold Gastelo en foto carnet al inicio de su etapa escolar. A la derecha ya recuperado del Covid-19.
Pold Gastelo en foto carnet al inicio de su etapa escolar. A la derecha ya recuperado del Covid-19.
Diana Mery Quiroz Galvan

Para ser actor no es una casualidad. Su madre fue una profesora y cantante lírica que solía llevarlo a él y a sus tres hermanos al teatro. Cuando la veía en los escenarios se imaginaba a sí mismo de pie, iluminado por las luces y frente a cientos de personas. Esa imagen lo sedujo de tal forma que el enamoramiento fue inevitable. Sin embargo, tuvo que esperar varios años para llevar su primer taller de actuación. Durante seis meses, mientras cursaba el quinto de secundaria en el colegio Roque Sáenz Peña, asistió en secreto a las clases que el arequipeño Hudson Valdivia dictaba. A los 16 años llegó su esperado debut. Desde entonces pasaron 36 años de carrera ininterrumpida hasta que hace tres meses el no solo lo obligó a interpretar su más trágico papel, sino que estuvo a punto de arrebatarle lo que más ama: su familia.

Superado el susto, con el optimismo de siempre y el aprendizaje como bandera, Gastelo se prepara para incursionar, como mandan los nuevos tiempos, en las tablas virtuales o en “un espectáculo de actuación audiovisual” como él prefiere llamarlo. A pocos días del estreno de la comedia “Delicada flor de loto”, charlamos con el intérprete sobre sus inicios con un grupo de aficionados, los desafíos actorales que ha enfrentado y su renovada fe tras haber superado la peor experiencia de su vida.

De actor empírico a profesional

¿Tus padres estaban de acuerdo con tu incursión en el arte?

Mi papá soportaba de mala gana que me haya metido a estudiar teatro. Mi papá hubiera preferido que yo le diga que iba a ser rockero subte a que quería ser actor. Ahora los papás ya hasta se entusiasman cuando los hijos le dicen que quieren ser actores, pero antes decían “por qué a mí”. Estamos hablando de mediados de los años ochenta, eran épocas en las que nadie podía vivir de la actuación, había muy poca producción, cero producciones televisivas, cine una película al año, y en teatro apenas sobrevivían. Encima la gente no iba al teatro. Era una locura querer dedicarse a esto.

A los dos años, durante su bautizo, junto a sus padres Vicente y Felícita.
A los dos años, durante su bautizo, junto a sus padres Vicente y Felícita.

¿Por eso decides estudiar diseño gráfico?

Estudié eso, como siempre digo, para mantener el vicio de ser actor. Mi papá quería que sea abogado, así que postulé a la universidad. Pero a Comunicación Social en San Marcos. Me acuerdo de que mi papá me metió a una academia preuniversitaria que estaba dentro de San Marcos y ahí viví otro trauma porque entrabas al baño y aparecía el dibujo de la hoz y el martillo. La mitad de las clases en la pre eran con alguien que quería concientizarte sobre esto. Si salía al patio veía inscripciones del MRTA. “¿Y aquí quiere mi padre que yo estudie?”, me decía. La verdad es que yo no hice grandes esfuerzos por ingresar. Al principio, lo del diseño a mi papá también le pareció una estupidez, pero a mí siempre me gustó lo del dibujo. Estudié Diseño Publicitario en el instituto Aráoz Pinto que está en La Marina, pero me dediqué más al gráfico. Trabajé en agencias, pero luego me independicé, y tuve la oportunidad de ser profesor de diseño y me pasé 10 años siéndolo.

Siempre en paralelo a la actuación.

Claro, fueron épocas en que nadie entendía qué ganaba haciendo teatro. No recuperaba ni el taxi que gastaba para llegar al ensayo. Pero era mi pasión. Era como una doble carga además, porque yo estudiaba o trabajaba y de ahí me iba al ensayo. Llegaba muy tarde a casa.

Después de ese primer taller, ¿dónde estudiaste?

Yo soy un actor empírico. Fue mucho después de mi primera obra que estudio en el Club de Teatro de Lima. Me inicié con amigos aficionados, pero eso me llevó poco a poco a un mundo más profesional. A mí me vieron en una obra y me llamaron, y luego otra, fue una cadena. Siempre he saltado de una cadena a otra porque alguien me vio, porque le pasaron la voz. Si alguien del medio me conocía y me decía "¿quieres hacer esto?" yo por supuesto le decía sí a todo. Cuando me di cuenta yo ya estaba trabajando con profesionales, con gente como Hernán Cortés, César Ureta. Luego trabajé con Haydeé Cáceres, Reynaldo Arenas, y empecé a aprender de ellos.

¿Ellos fueron tus más grandes maestros?

Sí, en la cancha. Empecé a trabajar con Carlos Victoria, por ejemplo. Y yo se los he dicho. De repente no lo sabían pero yo los seguía con entrega y pasión porque veía su compromiso y puntualidad. Así que la suerte que he tenido es que no he parado nunca. He sido buen pobre también. Empecé a los 16 y ahora tengo 52.

"La cosa" (1984) fue la obra con la que debutó Pold Gastelo.
"La cosa" (1984) fue la obra con la que debutó Pold Gastelo.

¿Recuerdas cuál fue la primera obra en la que actuaste?

Claro, se llamó “La cosa”, del dramaturgo peruano Juan Rivera Saavedra. Además, debuté con el pie derecho, hice el protagónico. Para mí fue como mi máster. Nunca me había aprendido tanta letra junta. En el colegio no podía ni aprenderme una poesía y no sabía cómo me aprendería 50 páginas. Pero el director me calmaba y me decía que en el proceso, con los ensayos y las acciones el texto se iría incorporando poco a poco, y así fue. Debuté en el teatrín de la Ensad. Por eso mucha gente piensa que soy de esa escuela.

¿Cuándo ingresas a la TV?

Fue después de hacer 12 años de teatro. Mi paso por la televisión inicialmente fue frustrante. Hice un par de capítulos de la novela “Mala hierba”. La escena me acuerdo fue con Toño Vega que ya había hecho “La boca del lobo”. Me acuerdo mucho de eso porque mi primera vez en la televisión fue un desastre. Yo venía del teatro, tenía la proyección de la energía de mi voz, de mi cuerpo. Me paraba en un escenario y me tragaba el mundo entero, pero me ponías frente a una cámara y era el peor del planeta. Es que al inicio uno no entiende que la cámara no es tu enemigo sino tu aliado. La televisión es un lenguaje muy diferente, pero yo sigo pensando que a los verdaderos actores se les ve sobre un escenario. Ahora yo dicto un taller de acción para la cámara, que en realidad está basado en mi experiencia. Si hubiera empezado en la televisión me habrían botado de cuatro patadas.

¿Cuál ha sido el mayor desafío que has tenido en la actuación?

Ha habido varios retos. Debo agradecer la posibilidad de no haberme encasillado. Algo difícil de hacer fue mi papel en “Operación al rescate”, porque no soy una persona violenta ni tengo esto tan castrense, pero hubo una etapa de formación, nos metieron al ejército, tuvimos que tirarnos de una torre que tenía como ocho metros. “El gran reto” también fue otro papel difícil, donde debía interpretar a un danzante de tijeras, tuve que aprender pasos básicos, pero es más una danza de resistencia. Esa es la chamba que me gusta. Cada trabajo es una puerta a un conocimiento. También recuerdo “Pantaleón y las visitadoras” donde tuve que utilizar el acento charapa y Lombardi quería que fuera muy natural, muy sutil. Nunca he tenido predilección por ningún personaje. He hecho lo que me han puesto en frente, de travesti, de abogado, de corrupto, de bueno, de malo.

El joven Gastelo en los primeros años de su carrera en "El Mago de Oz"
El joven Gastelo en los primeros años de su carrera en "El Mago de Oz"

La comedia y su regreso a la actuación

¿Tampoco tienes preferencia por algún género escénico?

Inicialmente a mí me dolía, por mi desconocimiento, que me llamaran siempre para hacer comedias. Tengo una cierta predilección por la comedia, pero que yo mismo me lo negaba porque tenía la idea de que es un género menor. Con el tiempo me di cuenta de que es un plus. Ahora que soy profesor lo puedo ver. A veces la gente ningunea la comedia, pero es un género difícil porque necesitas desarrollar el timing, el ritmo, una energía especial. Me encanta la comedia y con el tiempo he aprendido a valorarla.

¿Dirías que es más difícil hacer reír que llorar?

Definitivamente. A veces puedes conmover en una escena solo con una música de fondo, con un texto muy bien escrito. En la comedia, en cambio, si no tienes un actor que sostenga, es un problema. Tú puedes contar un chiste, pero eso no significa que dé risa. Debes tener cierta gracia. Tuve un paso fugaz por el Stand Up Comedy y me encantaron los monólogos, eso fue hace como ocho años. Ahí me di cuenta de que la comedia es un género matemático, tiene una fórmula que si tú no la logras manejar, es difícil que hagas reír.

Precisamente la obra que te devuelve a la actuación es una comedia.

Por eso acepté. Siento que en este momento ya tenemos bastante drama. No sé si la gente quiera entrar a torturarse un poco más. Me da curiosidad este nuevo formato. Me llamó Sergio Paris, con el que he trabajado en improvisación y es un capo. Yo le sugerí a Biviana Goto, que en algún momento fue mi alumna y que maneja la comedia, pero sin hacerse la payasa. Yo creo más en la comedia de situaciones, cuando lo que pasa es lo que hace reír, no cuando el personaje se está haciendo el chistosito. Además, esta obra de Esmeralda Fern está escrita en este contexto, no estamos forzando la situación. No tocamos el tema de la pandemia, pero las circunstancias tienen que ver con ella. Es sobre un profesor que está dictando un curso de español a una persona de Japón a través de zoom. En ese sentido toca el contexto actual y no pasa de 30 minutos.

En plena actuación de "Monstruos en el parque" (1996)
En plena actuación de "Monstruos en el parque" (1996)

¿Qué te parece que es lo más complicado de este formato virtual?

Tener que lidiar con las conexiones. En el mundo teatral tú ensayas con tu partner, sientes, percibes, miras a los ojos, ahora esto es a través de una pantalla. Hay cosas que se han perdido y que debemos reemplazar. Uno está muy preocupado con los encuadres, por cómo me voy a trasladar. Es un medio que estamos explorando, que ha nacido en las actuales circunstancias, pero creo que va a tener larga vida. Cuando volvamos a las salas, este formato va a seguir. Está ganando un público porque siento que ha pluralizado y democratizado el acceso al arte. Ahora ya no existe el problema de tener que venir a la centralizadora Lima, pagas en tu casa y lo ves.

Su peor pesadilla

Hace tres meses te infectaste con el Covid-19, ¿de niño tuviste alguna enfermedad que haya frenado tu día a día?

Tuve las enfermedades comunes. Después una hepatitis normal, no la B. Y es precisamente, porque no tengo ninguna enfermedad preexistente, que he resistido el COVID-19. Si no, hubiera colapsado. He estado 10 días en UCI, intubado, para eso te inducen a coma. He estado literalmente muerto durante ese tiempo. Es la primera vez que me pasa algo así. Es más, yo nunca he sido operado de nada. Ni en el dentista. Esto que me ha pasado ha sido extremo para alguien que no ha tenido contacto con los hospitales ni clínicas en general. Fue traumático. Ha sido como una pesadilla. Cuando salí, yo estaba como después de un derrame, no podía caminar, ni hablar, ni comer, no podía ni agarrar un lapicero. Te ponen tantos químicos, bloqueadores musculares. ¿Te imaginas mi nivel de frustración? Me decía “vivir así no tiene ningún sentido”. Ya cuando me bajaron de UCI, recién tuve contacto con el mundo y me enteré de lo que decían mis compañeros, de mis alumnos, la gente de a pie. Me quebré y cambié el chip. Me dije, si tanta gente está pidiendo por ti, ayúdate. La enfermera me contaba que por la depresión muchos no pueden superar la enfermedad.

Como 'Chupito' en "Pantaleón y las visitadoras" (1999). Junto a Pilar Bardem.
Como 'Chupito' en "Pantaleón y las visitadoras" (1999). Junto a Pilar Bardem.

¿El Covid te ha dejado algún daño colateral?

Mi secuela más importante tiene que ver con que he perdido masa muscular, por eso debo hacer ejercicio. Bajé bastante de peso, imagino que como 15 kilos. Según me dijo el doctor, estar subido de peso me jugaba en contra. Cuando me dieron de alta también recibí unos papeles donde decía que mi condición de entrada era obesidad. Casi me desmayo. A veces uno no se asume obeso. Lo que nos ha demostrado esta pandemia es que la gente debe entender lo que significa cuidarse. Siento que en estos momentos la gente no se está muriendo de Covid, sino porque su cuerpo no va a resistir el entubamiento o el respirador artificial.

Pasaste tu cumpleaños en UCI, lo tuyo fue en realidad un renacer….

Pucha, me internaron el 17, un día antes. El 18 yo ya estaba intubado. A mí me han contado tantas cosas. Ha sido muy milagroso, la verdad. Estoy muy agradecido porque soy un privilegiado, mucha gente me ha ayudado. Michelle Alexander prácticamente me ha rescatado del hospital y me ha llevado a una clínica. Si no hace eso no la cuento. Mis dos hermanos estuvieron en hospitales, uno en Sabogal y el otro en Mongrut.

¿Toda tu familia se contagió de Covid?

Y al mismo tiempo, eso fue lo dramático. Tú sabes que yo un día antes de caer internado llevé a mi hermano al hospital y ahí fue que yo me enfrenté a una carga viral muy fuerte. Ya tenía los síntomas y hacer una cola de más de 30 personas y ver cómo mi hermano resistía fue demasiado fuerte. Anímicamente eso me estaba matando, yo sentí aquella mañana en que estaba en la cola que la espalda me dolía, que podía tener una bronco pulmonía, pero ¿qué podía hacer? Alguien tenía que llevarlo.

En "De vuelta al barrio", con algunos de los protagonistas.
En "De vuelta al barrio", con algunos de los protagonistas.

¿Y a tu otro hermano quién lo atendía?

Yo he tenido que llevar a un hermano al hospital e inmediatamente regresar a cuidar al otro. Nosotros somos tres varones y una mujer, que es la última. Ella es nuestra heroína, porque no sé con qué fortaleza ha podido gestionar todo lo que hizo mientras tenía uno hospitalizado, al otro en Uci y uno más con problemas de oxígeno.

¿Ella también enfermó?

Sí, todos los que viven en la casa de mi papá, que es aquí al costado. Vivimos frente a un parque, estamos todos juntos. Le ha dado hasta a mi papá que tiene un ACV y tiene 83 años. A mi sobrino de cinco años. Vinieron los del Minsa y todos salimos positivos. Yo vivo solo, a mí me dio porque yo estaba cuidando a mi otro hermano en casa de mi papá. La enfermera nos dejó. Hubo muchas cosas que se juntaron e hizo que el estrés aumente.

¿Te dieron alguna dieta?

Lo que el médico subrayó fue “come sano”, y comer sano significa bajo en azúcar, en sal, en grasa. Y sí me dijo claramente evita las bebidas carbonatadas. No he vuelto a probar una gaseosa desde esto. Veo una gaseosa y me empieza a dar urticaria. Siento que me voy a meter un kilo de azúcar. Estamos envenenándonos y no tomamos conciencia de eso. En Lima la gente come muy mal, nos metemos químicos, saborizantes, conservantes. En provincia menos, allá la gente mayor es más fuerte porque está acostumbrada a comer de la chacra a la olla.

Con dos de sus maestros: los actores Carlos Cano y Ricardo Fernández.
Con dos de sus maestros: los actores Carlos Cano y Ricardo Fernández.

¿Qué es lo que más has aprendido luego de esta experiencia?

Que esto no es un juego. Que hay que cuidarse y tener una vida más sana porque todo te pasa factura. Estoy valorando más el presente por encima del futuro. Esto me ha demostrado que somos sumamente vulnerables. Siento que vivimos un poco atormentados por lo que vendrá, de aquí a 20 años, cuando en realidad no sabes si vas a estar. Por esa actitud desaprovechamos lo que tenemos al frente de nuestras narices. En esta etapa de mi vida me voy a concentrar en el presente, me voy a proyectar máximo un mes.

¿Eres un hombre de fe?

Me considero una persona más espiritual que religioso. Creo en un ser superior. Siento que he recuperado mi fe porque si no estás agarrado de algo simplemente debes resignarte. Las cadenas de oración y buenos deseos de muchas personas me han ayudado mucho. Nunca he sido descreído, pero ahora estoy focalizado en recuperar este nexo que debe existir entre los seres terrenales con una fuerza superior. Creo que nuestra energía tiene que ver con algo inexplicable, algo misterioso.

En "Una pícara suerte" (2017)
En "Una pícara suerte" (2017)

Entonces, ¿sientes que la fe te ayudó a salvarte?

Sin lugar a duda, lo sé porque todos los días que yo estuve en sala tuve mucho tiempo para pensar, para hacerme preguntas y responderme. Sentía que estaba en el limbo, en el purgatorio. Yo pensaba que saliendo me iba a encontrar con un panorama desolador, que uno de mis hermanos había muerto y el otro estaba grave. Que mi papá también se había muerto, era horrible. Luego de esa maraña de pensamientos negativos hubo una luz que tenía que ver con algo inexplicable, pero creo que es Dios. Una vez un entrenador de impro dijo algo que se me quedó grabado: actuar o improvisar es un acto de fe. Si tú crees, existe. Si no crees, no existe. Y es verdad, en algún momento de nuestras vidas las cosas pasan porque tú estás haciendo que pasen, porque tú crees. Creo en eso, en un mundo espiritual que tú mismo descubres.

SOBRE EL ESPECTÁCULO VIRTUAL DE GASTELO

Se estrena el 4 de setiembre y va todos los viernes de ese mes a las 10 p.m. Entradas disponibles en a S/20.

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