Liliana Michelena

Lo sabían los griegos: las verdades de la vida ingresan primero por los ojos. Periodista en entrenamiento desde la infancia, cuando vendía sus propias publicaciones a un centavo, descubrió pronto que la belleza podía ser un fin en sí mismo, pero también que funcionaba como publicidad para algo más. 

Portando una máquina de escribir y 8 mil dólares que obtuvo de la venta de sus muebles y otras pertenencias, Hugh Hefner compró una foto de Marilyn Monroe para su portada y lanzó en Chicago el primer número de “Playboy” en diciembre de 1953. Su interior era la revolución.

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La llamada de portada –“Entretenimiento para hombres”– prometía más que un montón de fotos sensuales. En el centro de una era de grandes revistas estadounidenses, “Playboy” confluyó con el nuevo periodismo de Capote, Talese y Mailer, y un lector cultivado, que iba por las chicas y se quedaba por el contenido. Confiado en su visión, Hugh Hefner creyó en la inteligencia de su público y tomó los riesgos necesarios. “Si no fuera por ustedes, seríamos una revista literaria”, le dijo a sus ‘conejitas’ en una reunión de ‘playmates’ en 1979.

Décadas después, con Internet y la aceptación social de la pornografía, la compañía matriz de la revista está a la venta. Las ‘conejitas’ pasaron, pero el genio quedó.

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