José Prado dejó los campos de su natal Michoacán, en México, en la década de los 50 y se fue a vivir a los Estados Unidos. Era un joven de 20 años lleno de sueños que cruzó la frontera como un “bracero”, como los llamaban a los agricultores mexicanos que emigraban legalmente gracias a un contrato laboral.
Un tiempo trabajó en el norte de California, pero terminó renunciando por las precarias condiciones y los salarios bajos. Buscando mejores oportunidades se mudó a San Francisco, donde consiguió empleo lavando platos en un restaurante y limpiando los laboratorios de la reconocida Universidad de Stanford.
Su nieto, Daniel José Martínez, cuenta la anécdota con un sentimiento de satisfacción, porque ahora él hace experimentos en los mismos laboratorios que su abuelo limpio tiempo atrás. Setenta años después, este joven es fruto del esfuerzo de ese migrante que se esforzó por el bienestar de su familia.
“Me siento muy orgulloso y tengo que decir que mucho de lo que he logrado es gracias a mis padres y a mi abuelo, quien fue el primero de mi familia que vino a los Estados Unidos. Si no fuera por él tal vez yo habría crecido en Aguililla (Michoacán) sin tantos recursos”, señaló en declaraciones a Univision Noticias.
Daniel José, de 22 años, es el segundo miembro de su familia en ingresar a la universidad. Su hermano mayor estudió en la University of California (UCLA) en Los Ángeles y él tomó clases en la prestigiosa Princeton University de New Jersey, en la cual obtuvo un título en Microbiología.
Interesado en las ciencias, decidió regresar a estudiar un doctorado en la Stanford Medical School (Escuela de Medicina de Stanford), a la cual siempre quiso asistir. “La curiosidad es mi motivación”, explicó Daniel José al citado medio. Su historia ha sido bastante comentada en Facebook al punto de volverse viral.
Su abuelo apenas estudió unos años de primaria y los padres de Daniel José llegaron hasta la la escuela secundaria. Su madre nació en California, pero vivió su infancia en Michoacán. Ella ha sido ama de casa y ahora trabaja como cajera en una tienda. Su padre, quien también es de origen michoacano, fue albañil y hoy en día es empleado de una productora de azúcar en Florida. A ese estado se mudaron hace unos años.
José Prado tiene 94 años, vive en Michoacán y viene a California para citas médicas. “Le contamos cuando decidí estudiar en Stanford y me dijo que estaba orgulloso. Me dijo que nunca conoció a un científico en México y que estaba contento de que el primero que conocía sea su nieto”, cuenta Daniel José.
Los recuerdos de José Prado limpiando los laboratorios de la Stanford Medical School podrían ser los de cualquier otro migrante que trabaja para cumplir el sueño americano. Su nieto cuenta que una vez tiró una rata que diseccionó un científico porque erróneamente creyó que era un animal que se murió allí.
En otra ocasión no comprendió lo que decía un letrero en la puerta de un salón y terminó bajo un proceso de desinfección. "No podía leer en inglés y no entendió que no tenía que entrar sin el equipo adecuado. Alguien se dio cuenta que entró, lo sacaron, lo bañaron y lo regañaron. Por eso a él nunca se le olvidó esa palabra: radioactivity”, cuenta Daniel José.
Casi setenta años después, su nieto está en una posición mucho más favorable en la Universidad de Stanford. El estudiante de un doctorado hoy en día desarrolla un proyecto enfocado en la malaria, una enfermedad producida por parásitos y transmitida por la picadura de un mosquito infectado.
“Todo el proceso es lo que me da energía. Hacer una pregunta, diseñar un experimento para responderla y ver el resultado”, escribe el joven. Su sueño es que su familia lo vea trabajando como biotecnólogo, como un profesor universitario o liderando de un laboratorio que hace investigaciones científicas.
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