Dominik Livakovic, héroe en doble tanda de penales. Ante Japón y ahora con Brasil, por el pase a semifinales. (AP Photo/Luca Bruno)
Dominik Livakovic, héroe en doble tanda de penales. Ante Japón y ahora con Brasil, por el pase a semifinales. (AP Photo/Luca Bruno)
/ Luca Bruno
Miguel Villegas

Es, por lejos, el arquero del mundial. El número 1 de los número 1. No solo por sus estadísticas de escándalo -ayer Brasil le pateó 11 veces al arco y les atajó 10-, o su doble jornada penalera -de 8 penales en Qatar 2022 tapó 4 hasta hoy-, sino que , arquero héroe de Croacia, Man of the Match para FIFA, lo hizo en instancias definitivas, donde el temple cobra peso mayor que el talento. Donde la personalidad se distingue a miles de kilómetros. Livakovic lo hizo, además, frente a la selección con mayores recursos ofensivos del mundial, el Brasil de Neymar, que juega siempre como si la cancha fuera un interminable sambódromo, y que este viernes, mientras pasaban los últimos segundos del tiempo complementario, se preguntaba cuántos brazos tenía realmente el portero croata. Qué resortes tenía en las piernas, qué imanes se había implantado en los guantes.

Por él, camino a la altura de un Subasic en Rusia 2018, Croacia hoy está en semifinales de Qatar 2022.

Si le tiran una pelota a un brasileño con capucha -decía Ángel Cappa-, la para de pecho, amaga, busca una pared. Es su festa. Si se la dan a un inglés, los inventores, ocurre otra cosa: devuelve de inmediato un pase largo, vertical. ¿Y si se la tiran a un croata? ¿Cómo responde un croata? Apenas 30 años de nacida oficialmente como selección, desligada entonces de la ex Yugoslavia, Croacia tiene la histórica y silenciosa serenidad de los Balcanes, forjada en el frío y en el espíritu combativo que se aplica para las guerras independentistas que lucharon, y para su fútbol. El señor arquero Livakovic lo dijo de otra forma, mientras declaraba tras el partidazo: “Somos unos luchadores”.

Con esa declaración de principios, todo lo demás sobra. Croacia no es otra cosa que un equipo, en el que alguna vez lució un Davor Suker o un Robert Prosinečki, y donde ahora luce un Luka Modric. Los demás, a pelearlo. Y para eso, se necesita de un enorme ministro de defensa. Un arquero como Livaković.

Será la última temporada de este arquerazo en el Dinamo de Zagreb. Se irá, es casi un hecho. Con 27 años -parece de 17-, 1.87cm -dudo, es tan inmenso que parece del tamaño de Gulliver- y un subcampeonato del mundo en Rusia como suplente de Danijel Subašić, se ganó esta tarde de viernes en Doha, el derecho a ser más campeón que los Pentacampeones. Hoy ya es otro día. Le queda un partido más para abrir, ahora sí, de par en par las puertas de la gloria.

Los mundiales se hicieron para eso.