Un combatiente talibán camina frente a una peluquería de Kabul, que muestra fotos publicitarias de mujeres rociadas con pintura negra. Hasta hace unos días, los paneles con imágenes de mujeres eran habituales en la ciudad. (AFP)
Un combatiente talibán camina frente a una peluquería de Kabul, que muestra fotos publicitarias de mujeres rociadas con pintura negra. Hasta hace unos días, los paneles con imágenes de mujeres eran habituales en la ciudad. (AFP)
/ WAKIL KOHSAR
Gisella López Lenci

“Los talibanes son los talibanes. Ellos no han cambiado”, dice con indignación Khadija Amin, una de las presentadoras más conocidas de la televisión estatal de . Hasta el sábado se encargaba de dar las noticias, pero el domingo, poco después de que los fundamentalistas tomaran Kabul y produjeran la caída del gobierno, ya había un talibán en su lugar.

“Soy una periodista y no estoy permitida de trabajar. ¿Qué voy a hacer ahora? La próxima generación no tendrá nada, todo lo que conseguimos en veinte años se irá”, se lamentó Amin, de 28 años, en un chat en Clubhouse, donde también contó cómo otras colegas fueron suspendidas.

MIRA: La pregunta del día: ¿Por qué se teme por los derechos de las mujeres bajo el régimen talibán?

Desde que los talibanes regresaron al poder, una de las principales preocupaciones es la incertidumbre sobre el destino de las mujeres y las niñas, teniendo en cuenta el papel subordinado al que estuvieron obligadas durante los años 90, forzadas a vestir burkas -esa túnica celeste que cubre todo el cuerpo- y sin acceso a la educación, e incluso azotadas en público y ejecutadas por no ceñirse al código de honor y la estricta ley islámica impuesta por los fundamentalistas.

Esta vez, los talibanes -que saben que están siendo observados por todo el mundo- se han empeñado en dar un discurso conciliador afirmando que las condiciones de vida de las mujeres serán diferentes esta vez, que se les permitirá trabajar y estudiar y hasta podrían participar en el gobierno.

La presentadora de noticias Khadija Amin fue reemplazada en la conducción del noticiero el domingo por un talibán. En la imagen se ve la bandera blanca de los fundamentalistas. (Twitter)
La presentadora de noticias Khadija Amin fue reemplazada en la conducción del noticiero el domingo por un talibán. En la imagen se ve la bandera blanca de los fundamentalistas. (Twitter)

¿Se les puede creer? ¿O es mera propaganda?

“Durante su régimen anterior fue evidente que las mujeres no valían. Y no solo eso, sino que incluso podían ser azotadas y ejecutadas. ¿Por qué ahora hay que creerles? Por supuesto que no”, afirma tajante la analista internacional Aribel Contreras, coordinadora de la Licenciatura de Negocios Globales de la Universidad Iberoamericana de México.

“Ellos no cumplieron el pacto que negociaban con Estados Unidos respecto a romper sus vínculos con otros grupos terroristas. Su discurso es solo propaganda y de conveniencia porque saben que las alarmas internacionales están puestos en lo que pasará con las mujeres y las niñas”, agrega.

Ser mujer bajo el poder talibán. (El Comercio).
Ser mujer bajo el poder talibán. (El Comercio).

Dentro de la sharia

“Aseguramos que no habrá violencia contra las mujeres”, dijo el martes el vocero talibán, Zabihullah Mujahid, en una conferencia de prensa el martes. “No se permitirá ningún prejuicio contra las mujeres, pero los valores islámicos son nuestro marco”, agregó. Es decir, que las mujeres estarán sometidas a la sharia, la ley islámica, por lo que la historia que vendrá ya se conoce.

Sin embargo, para intentar mostrarse distintos y como parte de su nuevo discurso, Mawlawi Adulhaq Hemad, otro vocero e integrante del equipo de medios de los rigoristas, fue entrevistado el martes por una mujer, Beheshta Arghand, una presentadora del canal de noticias privado Tolo News.

“El mundo entero reconoce ahora que los talibanes son los verdaderos gobernantes del país. Todavía estoy asombrado que la gente le tenga miedo a los talibanes”, expresó ante la periodista, que aún continúa trabajando, según consignó “The New York Times”.

“Una cosa es la propaganda política que están mostrando hacia el exterior y otra cosa distinta es el terror que está viviendo la población vulnerable, sobre todo las mujeres, las niñas y los niños. Los organismos multilaterales ya deben hacer algo, no solo estar de meros observadores, como el secretario general de la ONU. No se ve nada de acción. ¿Dónde está la ACNUR, por ejemplo? Lo que más me preocupa es qué va a hacer ahora la comunidad internacional”, expresa Contreras.

Al respecto, recuerda que en los últimos 20 años en Afganistán hubo avances para las mujeres: hubo cuatro ministras, una gobernadora provincial, una vicegobernadora de asuntos sociales además y un puñado de alcaldesas.

Una de estas últimas, Zarifa Ghafari, de 29 años, ya dijo que teme por su vida y que los talibanes vendrán por ella y la matarán.

“Estoy sentada acá esperando que vengan. No hay ayuda para mí o mi familia”, dijo el domingo al “Sunday Independent”. Ghafari ya sufrió tres intentos de asesinato por parte de los talibanes, quienes además mataron a su padre en noviembre pasado, simplemente porque trabajaba para el gobierno afgano.

Cuestión de imagen

Hasta el momento, las señales de los talibanes con respecto a las mujeres son contradictorias. Mientras en conferencias de prensa señalan que no se las violentará, tampoco afirman que todo continuará como hasta ahora.

De hecho, este miércoles un alto dirigente talibán dijo que el papel de las mujeres será decidido, en última instancia, por un consejo de eruditos islámicos, conocidos como ulemas.

Un combatiente talibán patrulla las calles de Wazir Akbar Khan en Kabul, la capital de Afganistán.  (AP Photo/Rahmat Gul)
Un combatiente talibán patrulla las calles de Wazir Akbar Khan en Kabul, la capital de Afganistán. (AP Photo/Rahmat Gul)
/ Rahmat Gul

“Nuestros ulemas (eruditos) decidirán si las niñas pueden ir a la escuela o no”, dijo a Reuters Waheedullah Hashimi, que tiene acceso a la toma de decisiones del grupo. “Ellos decidirán si (las mujeres) deben llevar hiyab, burka, o solo (un) velo y abaya. Eso depende de ellos”.

El hiyab suele ser un pañuelo que cubre la cabeza, la burka es una túnica que lo envuelve todo, mientras que la abaya es una túnica que deja el rostro descubierto.

En las ciudades que ya habían sido tomadas por los talibanes meses atrás, las señales del retroceso ya son palpables. Mujeres que antes podían caminar solas y sin burkas, ahora deben hacerlo con un hombre al lado, según exigen los rigoristas.

En Mazar-i-Sharif, al norte de Afganistán, la profesora universitaria Aliya Kazimy, de 27 años, le contó a “The New York Times”, que las mujeres ya no pueden ir a comprar solas al bazar la ciudad.

Lo mismo pasa con las estudiantes del internado de la Universidad de Kabul, que no pueden salir de sus dormitorios sin un acompañante masculino.

Pero por otro lado, muchas escuelas que cerraron por temor a los talibanes, han vuelto a abrir y las niñas han regresado a las aulas, eso sí, vestidas con túnicas negras y velos.

Aunque la burka nunca dejó de ser usado por completo tras la caída de los talibanes, hace dos décadas, muchos temen que se vuelva a imponer como vestimenta única para las mujeres en Afganistán. EFE
Aunque la burka nunca dejó de ser usado por completo tras la caída de los talibanes, hace dos décadas, muchos temen que se vuelva a imponer como vestimenta única para las mujeres en Afganistán. EFE
/ HEDAYATULLAH AMID

¿Veinte años después, y con la explosión de las redes sociales, a los talibanes les conviene seguir mostrando su lado más represor?

Para Aribel Contreras, la imagen internacional que promueven no es algo que les interese. “No es una prioridad en su agenda doméstica”, explica. “Simularán que les importan los derechos de los mujeres, pero no les interesa pues no han mostrado lo contrario en todos estos años”.

“A ellos les interesa ahora tener el control del país, y quien se alinee bien, y quien no, pues tomarán acciones con ejecuciones. Estarán enfocados en su producción y exportación de opio, pues Afganistán es el productor número uno del mundo, y en seguir teniendo el control de la heroína”, agrega la analista.

“Soy de la generación que tuvo muchas oportunidades tras la caída de los talibanes hace 20 años. Pude ser capaz de lograr mis objetivos de estudio y durante un año fui profesora universitaria, pero ahora mi futuro es oscuro. Todos estos años de trabajo duro y sueños fueron por nada”, resume con pesar Aliya Kazimy.

El mundo espera que, ojalá, los sueños de Aliya y las de millones de mujeres y niñas afganas no queden truncos, otra vez.

Tipos de velo islámico. (El Comercio).
Tipos de velo islámico. (El Comercio).

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