Piqué resalta que Bergoglio es un hombre de gobierno, pero ante todo es una persona libre y auténtica. (AFP)
Piqué resalta que Bergoglio es un hombre de gobierno, pero ante todo es una persona libre y auténtica. (AFP)
Juan Aurelio Arévalo

Jefe de Fidelización y Proyectos

jarevalom@comercio.com.pe

En marzo del 2013 una encuesta de El Comercio elaborada por Ipsos Perú reveló que la mayoría de los católicos de nuestro país (el 25%) creía que el sucesor de Benedicto XVI sería de origen africano. Solo un 14% pensaba que iba a ser de América Latina. En el resto del mundo los pronósticos giraban en torno al italiano Scola, el filipino Tagle o el ghanés Turkson. La única persona que anticipó que el Papa iba a ser el argentino Jorge Mario Bergoglio fue Elisabetta Piqué, la corresponsal de “La Nación” en Roma.

Piqué, argentina nacida en Florencia, en el seno de una familia de origen catalán, se enteró de que en el primer escrutinio 30 cardenales habían apoyado a su compatriota y, además, recordaba que en el 2005 Bergoglio había quedado segundo detrás de Joseph Ratzinger, con una votación muy alta. Con todo esto, la suerte estaba prácticamente echada.

Por eso, cuando el cardenal protodiácono salió por el balcón de San Pedro y pronunció “Georgius” las piernas le empezaron a temblar.

“Lo conocí cuando era arzobispo de Buenos Aires y viajó a Roma, en febrero del 2001, cuando Juan Pablo II lo creó cardenal. Entonces, aunque no solía dar entrevistas, hizo una excepción. ‘La Nación’ me llamó para que lo entrevistara y ese fue mi primer contacto. Enseguida me pareció alguien distinto, por su humildad y habilidad en contestar mis preguntas de manera tan clara y directa. Aunque lo que más me sorprendió fue que a los tres o cuatro días me llamó a mi casa de Roma para decirme: ‘Gracias por la entrevista’, algo que no es normal que nos pase a los periodistas”, dice Piqué.

Luego siguieron coincidiendo y se estableció una relación de amistad al punto que Bergoglio terminó bautizando a sus dos hijos.

Poco después de iniciado el pontificado, la periodista argentina publicó “Francisco vida y revolución”, un ‘best seller’ que inspiró la película “Padre Jorge”, y que es un libro esencial para entender la personalidad del Papa.

Hoy Piqué se encuentra en el vuelo papal, junto con más de 70 periodistas de todo el mundo, lista para iniciar la cobertura de la gira del Santo Padre a Chile y el Perú.

ENTREVISTA

ELISABETTA PIQUÉ
Periodista


— Empiezas un nuevo viaje y me gustaría saber qué esperas tú como periodista de esta gira. El Papa llega a dos países que enfrentan realidades distintas. Un Chile que espera tranquilo un nuevo cambio de mando democrático, mientras que el Perú enfrenta su mayor crisis política de los últimos años.
A nivel periodístico es muy interesante. Es la quinta vez que el Papa visita su continente y nuevamente podrá hablar en su idioma, con lo cual la conexión será distinta. Más cercana. El Perú vive una gravísima crisis, pero para el Papa llegar a un país en crisis no es algo nuevo. Con PPK cuestionado y Fujimori indultado, el mensaje de Francisco será importante. La corrupción seguramente será un tema, pero también el diálogo entre las fuerzas políticas. Esta también será la primera vez que pise la zona del Amazonas y para él, el cuidado del medio ambiente es un tema fundamental. El Papa viaja también al Perú, que es un país muy católico, para alentar a sus obispos a transmitir el mensaje del evangelio de forma comprensible.

—¿Hay temas tabúes para Francisco? Pienso en dos que podrían marcar este viaje. En Chile la controversia por la demanda boliviana en La Haya y en el Perú el Caso del Sodalicio.
Lo de Bolivia es un tema tabú para Chile, pero no para el Papa. Si hay algo que no existe para el Papa son los tabúes. No estoy demasiado informada sobre el Sodalicio, pero el Papa cuando quiere dar un mensaje lo da y claramente.

—En el 2013, cuando empezó este papado, el jesuita Antonio Spadaro calificó a Francisco como “un volcán en erupción”. Tú, que lo conoces desde el 2001, ¿cómo lo defines?
Creo que es un Papa libre. Un jesuita, muy espiritual, pero sobre todo, libre. Por eso desde el principio ha descolocado. Muchos me preguntan por qué puse la palabra revolución en el título de la biografía que escribí de él y es porque él siempre habla de la revolución de seguir a Jesús, de poner en práctica el evangelio. Él le dio un shock a la Iglesia en un momento en que estaba de capa caída. La ha revitalizado. En un momento en que vemos una falta de liderazgo político en el mundo, él se ha vuelto un líder que es escuchado y quizás más en los países que no son católicos. El impacto que ha tenido en Asia, en Myanmar [Birmania] o en el Medio Oriente es enorme. Es un Papa muy exigente que le pide a los curas que se vuelvan pastores con olor a oveja.

—¿Podríamos decir que Francisco nunca dejó de ser el padre Jorge Bergoglio?
Exactamente. A mí cuando me preguntan sobre su ‘media strategy’ yo respondo: ¡Cuál ‘media strategy’! Es auténtico y la gente se da cuenta. Es un hombre de acción que hace lo que dice. No ha cambiado. Cuando era arzobispo de Buenos Aires, cada Jueves Santo, lavaba los pies a los pobres, a los enfermos de sida, a la gente presa y eso lo ha venido haciendo también como Papa. El primer año le lavó los pies a una mujer musulmana y para muchos fue un escándalo. Viajó a Lesbos, la isla símbolo de los refugiados. Le preguntaron para qué iba ahí si todos son musulmanes y él contestó: “Son todos hijos de Dios”. Todo esto hizo que se volviera una autoridad moral.

—Desde el inicio, Francisco pidió una Iglesia más cercana. ¿Cuánto de esta transformación ha logrado plasmar hasta el momento? ¿Cuáles son sus logros?

El mayor logro es haber cambiado la percepción de que la Iglesia está ahí para condenar. Para él, la Iglesia está también para acompañar a la gente en sus problemas cotidianos. Por ejemplo, él dice que el aborto es un pecado terrible, pero recuerda la carta que escribió al finalizar el Jubileo de la Misericordia, en la que autoriza a los sacerdotes a perdonar el pecado del aborto. Es gravísimo, sí. Pero para él la Iglesia está para acompañar las heridas de hoy. Como un hospital de campaña luego de la batalla. Una Iglesia que no excluye. Otro logro es el consejo, el llamado G9. Francisco gobierna, pero de una forma más colegiada y ese consejo de cardenales ha puesto en marcha la reforma de la curia. Pero es cierto que la Iglesia tiene sus tiempos. Otro famoso jesuita que era el cardenal Carlo Martini, gran intelectual, dejó un escrito antes de morir que decía que la Iglesia se había quedado 150 años en el tiempo. Bergoglio está tratando de subsanar esa Iglesia.

—Por lo que cuentas da la impresión de que llegó en el momento adecuado...
Juan Pablo II fue el Papa que derribó el comunismo y el Papa viajero. Benedicto XVI fue el que tuvo que enfrentar el gran escándalo de los abusos sexuales en el clero. Él es el que empieza la política de tolerancia cero contra los abusos, que después intensifica Francisco. Y Francisco es el Papa adecuado para el momento que le tocó. Un momento muy difícil con la renuncia de Benedicto. Pero Bergoglio siempre fue un hombre de gobierno. A diferencia de Ratzinger, quien decía: “Yo no soy un administrador”, Bergoglio sí lo es. Es alguien que sabe mandar.

—Antes de conocerlo, eras una periodista que cubría los conflictos de Medio Oriente: Iraq, Afganistán, la intifada. ¿Cómo revolucionó tu vida?
Fue una revolución total. Jamás pensé que iba a volverme una biógrafa del Papa. Pero son cosas del destino. Lo hice en los primeros meses del pontificado, en plena ebullición del volcán, como diría Spadaro. Y todavía me pregunto cómo lo hice teniendo dos niños, que fueron bautizados por él en tiempos no sospechados. Al inicio me decían: “Ahora no vas a ir más a las guerras”. Y yo digo: “Ahora la guerra está acá en el Vaticano” [risas]. Lo tomo como un enorme honor.

—¿Cuándo volverá a tu país, la Argentina?
Esa es la pregunta del millón que me hacen todos. Hay quienes están muy ofendidos porque va a Chile y al Perú y no a Argentina. Pero no tengo dudas de que ama a su país. Ya lo expresó en un video que mandó a los argentinos. Estoy segura de que irá cuando su corazón le diga que es el momento.

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