Un soldado paramilitar indio hace guardia en el puesto de control de la autopista que conduce a Ladakh, en Gagangeer a unos 81 kilómetros de Srinagar, la capital de verano de la Cachemira india. (Foto: EFE/EPA/FAROOQ KHAN)
Un soldado paramilitar indio hace guardia en el puesto de control de la autopista que conduce a Ladakh, en Gagangeer a unos 81 kilómetros de Srinagar, la capital de verano de la Cachemira india. (Foto: EFE/EPA/FAROOQ KHAN)
Redacción EC

El enfrentamiento que hace dos días tensó nuevamente las relaciones entre e -los dos países más poblados del planeta, con 2.800 millones de habitantes entre ambos- nada tuvo que ver con arsenales nucleares ni con bombas. Ni siquiera con armas de fuego, pues lo ocurrido en un punto de la extensa frontera que ambas potencias comparten fue un violento choque cuerpo a cuerpo entre efectivos de ambos Ejércitos con puñetazos, garrotazos, piedras y barras de hierro.

Como resultado del sangriento incidente, 20 soldados indios perdieron la vida y por ahora no se conoce de bajas mortales en el bando chino. La situación de los heridos en el enfrentamiento se agravó por el intenso frío reinante en el territorio limítrofe en el Himalaya. Ambos países se han acusado mutuamente de haber sido los causantes del ataque, ¿pero qué hay más allá de este acto inamistoso, el primero que provoca muertos en los últimos 45 años entre ambas potencias nucleares?

China e India comparten una de las fronteras terrestres más largas del mundo, aproximadamente 3.500 kilómetros. En 1962, los dos estados asiáticos sostuvieron una encarnizada guerra limítrofe que terminó con una aplastante derrota militar de la India. Desde aquel conflicto bélico, Beijing y Nueva Delhi se han acusado de ocupar territorio propio.

Ambas naciones tienen diferentes visiones sobre dónde se sitúa la frontera en esa región del Himalaya. La Línea de Control Actual (LAC, por sus siglas en inglés) fue fijada en 1993 como un intento para acabar con las escaramuzas, pero su demarcación es ambigua y borrosa, pues la presencia de ríos, lagos y montañas dificulta mayor precisión. Ninguno de los dos países tiene certeza de dónde termina uno y empieza el otro.

Durante las tres últimas décadas, tal como resalta la cadena BBC, la India y China han protagonizado diversas rondas de diálogo sobre las disputas fronterizas que han fracasado en hallar una solución permanente, pero al menos mantuvieron cierta estabilidad y una calma tensa en la región.

 Soldados del ejército indio viajan en un convoy a lo largo de una carretera que conduce a Leh, en la frontera con China, en Gagangir. (Foto: AFP / TAUSEEF MUSTAFA)
Soldados del ejército indio viajan en un convoy a lo largo de una carretera que conduce a Leh, en la frontera con China, en Gagangir. (Foto: AFP / TAUSEEF MUSTAFA)

Pero en mayo de este año las dos partes se acusaron mutuamente de haber sobrepasado la LAC tras una serie de enfrentamientos entre soldados chinos e indios en una remota y montañosa área cerca del Tibet. Once de ellos -cuatro indios y siete chinos- resultaron con heridas menores debido a un “comportamiento agresivo por las dos partes”, según portavoces de los ministerios de Defensa de las dos naciones. La acumulación de soldados se hizo patente en los últimos días

Principales puntos de fricción

Hay varios factores que están detrás de este conflicto. En la raíz está la rivalidad entre ambos por sus objetivos estratégicos. Tanto el Gobierno Chino como el Gobierno Indio han construido infraestructura para apoyar a las tropas desplegadas en el terreno, entre ello muchas carreteras. Para Beijing, la zona tiene relevancia estratégica debido a que conecta la región occidental de Xinjiang y el occidente del Tibet.

Si bien la economía china es casi cinco veces mayor que la de India y rivaliza en el campo geopolítico global con Estados Unidos, el estado indio alberga visiones de un orden mundial multipolar en el cual poder desempeñar un papel de importancia.

Nueva Delhi, además, siempre ha desconfiado de la relación entre China y Pakistán -gran enemigo de India-, y ha acusado a los sucesivos gobiernos chinos de ayudar a su rival a adquirir tecnología nuclear y de misiles. Beijing ha invertido unos US$60.000 millones en infraestructura pakistaní como parte del corredor económico China-Pakistán.

Un punto de discordia adicional es la relación entre el Gobierno Indio y el dalai lama, el líder espiritual tibetano que huyó a India tras el fallido levantamiento popular de 1959 en el Tibet. A pesar de que Nueva Delhi no reconoce al gobierno tibetano en el exilio, su principal líder estuvo entre los invitados de honor a la ceremonia de toma de posesión del primer ministro indio en el 2014, lo cual irritó mucho al Gobierno Chino.

China ve, además, a la India como un país que podría colaborar potencialmente con sus contrincantes tradicionales en la zona, como Estados Unidos y Japón.

Finalmente, aquí también cuenta el rol que han jugado medios de comunicación chinos e indios con llamados nacionalistas a la acción y en contra de dar marcha atrás. Tanto el presidente chino, Xi Jinping, como el gobernante indio, Narendra Modi, han obtenido apoyo público debido al nacionalismo y sus promesas de grandeza futura, lo cual se traduce a menudo en una retórica agresiva.

Manifestantes gritan consignas mientras queman carteles e imágenes del presidente chino Xi Jinping durante una protesta contra China en Siliguri. (Foto: AFP / DIPTENDU DUTTA)
Manifestantes gritan consignas mientras queman carteles e imágenes del presidente chino Xi Jinping durante una protesta contra China en Siliguri. (Foto: AFP / DIPTENDU DUTTA)

El poderío bélico de cada país

Más allá de las importantes relaciones comerciales entre ambas potencias, es indudable que los desacuerdos políticos pueden llevar la situación a escenarios insospechados. Según el sitio especializado Global Firepower, detrás de Estados Unidos y Rusia, los Ejércitos de China e India son el tercero y cuarto más poderosos del planeta.

China, convertido además en un adversario cada vez mayor de Washington, tiene un personal activo estimado de 2′200.000 efectivos, el más grande del mundo. Posee 74 submarinos, 52 fragatas y 36 destructores, según dicho sitio web.

En tierra, China tiene 33.000 vehículos blindados y 3.500 tanques. Su Fuerza Aérea está compuesta por 1.232 aviones de combate. Se estima que gastará US$ 237′000.000.000 en sus FF.AA. en este 2020.

Por su parte, India tiene un estimado de 1′444.000 efectivos. En cuanto a tanques suma 4.292, así como 4.060 unidades de artillería remolcada y 538 aviones de combate. Se calcula que gastará US$ 61′000.000.000 en su Ejército en este año.

Y ya se sabe, además, que tanto China como India son dos de los diez países en el mundo que han detonado armas nucleares a lo largo del tiempo. Beijing tendría en su poder 280 ojivas nucleares (almacenadas o reservadas), mientras que Nueva Delhi suma entre 130 o 140. Y entonces, pasar de las piedras y palos usados esta semana en la frontera a las armas nucleares se torna en una preocupación con fundamento.

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