El estadio internacional Khalifa, de Doha, fue el escenario de la inauguración y acogerá la mayoría de partidos de un torneo que estuvo a punto de no jugarse. (Foto: AFP)
El estadio internacional Khalifa, de Doha, fue el escenario de la inauguración y acogerá la mayoría de partidos de un torneo que estuvo a punto de no jugarse. (Foto: AFP)
Francisco Sanz Gutiérrez

Una de las regiones más volátiles e inestables del planeta está hoy pendiente de ocho selecciones de fútbol. La Copa del Golfo (Arábigo lo apellidan la mayoría de vecinos de la zona, Pérsico lo llaman los iraníes) ha empezado esta semana en y cuesta imaginar que hace menos de 20 días ni siquiera había certeza de que se jugaría.

En medio de este tinglado se encuentra justamente Qatar, el opulento país asiático que en solo unos días más recibirá a los mejores equipos del planeta para el Mundial de Clubes (ahí estará André Carrillo con el Al Hilal saudí) y que en tres años será el anfitrión de la Copa del Mundo 2022.

En junio del 2017, cuatro países -Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto- rompieron relaciones con Qatar, alegando fundamentalmente dos pecados del pequeño emirato: el apoyo a grupos terroristas que desestabilizaban la región y el exagerado acercamiento a Irán (el enemigo mayor de Arabia Saudita).

Por más que Doha negó desde el primer momento las acusaciones, el cuarteto impuso un embargo y sanciones económicas al molesto vecino. Estas fueron las tres principales medidas impuestas: la prohibición de sus espacios aéreos a los aviones qataríes, el cierre de rutas terrestres y la suspensión de las relaciones comerciales.

Aquel año la Copa del Golfo tenía a Qatar como sede. Como el boicot era inminente en medio de esa convulsión política, apareció Kuwait como organizador de emergencia y el torneo pudo llevarse a cabo.

En este 2019, Qatar -que desde hace años se ha tomado en serio el fútbol como mecanismo de presencia e influencia en el mundo- volvió a postularse como sede, pero hasta el 12 de noviembre se había resignado a acoger un certamen descafeinado con solo cuatro o cinco participantes.

Ese día, sin embargo, salió el sol. Arabia Saudita, EAU y Bahréin confirmaron que enviarían a sus respectivas selecciones a Qatar. Las rencillas y pugnas diplomáticas quedaban aparcadas por unos cuantos días. ¿Pero es realmente así? ¿Cuál es el trasfondo de este movimiento?

Los jugadores kuwaitíes celebran la victoria en el debut sobre Arabia Saudita, que a priori es uno de los favoritos del campeonato. (Foto: Reuters)
Los jugadores kuwaitíes celebran la victoria en el debut sobre Arabia Saudita, que a priori es uno de los favoritos del campeonato. (Foto: Reuters)

UN PUNTAPIÉ HACIA ADELANTE

El viceministro de Asuntos Extranjeros kuwaití, Khaled al-Jarallah, ha declarado que la decisión de estos tres países de viajar a Doha es “una indicación clara de los progresos realizados para la resolución de la crisis del Golfo”.

Para el experto en ciencias políticas emiratí Abdulkhaleq Abdulla, “esta decisión política y deportiva puede significar que el fútbol contribuya en el levantamiento de la prohibición de viajar a Qatar para los hinchas y público en general, y propiciar así el regreso de la cohesión en la zona”.

Si bien las autoridades de Arabia Saudita no han hecho comentarios sobre las circunstancias de la participación del equipo del reino, la agencia oficial SPA publicó videos del seleccionado nacional entrenando antes del debut, lo cual es un reconocimiento significativo de este evento según los entendidos.

Asimismo, el “Bienvenidos a Qatar” que tuiteó la federación qatarí el lunes último, en la víspera del inicio del campeonato en Doha, se antoja a algo más que un formalismo educado y acaso a que la pequeña nación pueda dejar pronto de ser un paria.

Apenas acabada esta copa, Qatar será sede del Mundial de Clubes y en el 2022 organizará la fiesta mayor del balompié en el planeta. (Foto: EFE)
Apenas acabada esta copa, Qatar será sede del Mundial de Clubes y en el 2022 organizará la fiesta mayor del balompié en el planeta. (Foto: EFE)

OTRO ESCENARIO DEL CONFLICTO

No todos comparten, sin embargo, esta visión tan optimista y esperanzadora a mediano y largo plazo. En diálogo con El Comercio, Javier Martín -corresponsal jefe de la agencia Efe en el norte de África y autor de cinco libros sobre el Medio Oriente- enfatiza: “La Copa del Golfo es una competición oficial y a ninguno de los países les interesa deportivamente cancelar dicho evento. Pero no va a servir para limar las diferencias o para aplacar el conflicto político y diplomático”.

De acuerdo con Martín, “el fútbol es otro de los escenarios en los que Qatar y Arabia Saudita libran su conflicto político y su guerra por la influencia en el mundo árabe y musulmán, especialmente por la compra de derechos deportivos, en los que Qatar lleva ventaja”.

El experto español resalta que además del Mundial 2022, “la familia real de Qatar controla los derechos audiovisuales de las principales competiciones internacionales y de las principales ligas a través de Bein Sport, la división deportiva de la cadena qatarí Al Jazeera”.

El emir qatarí Tamim Bin Hamad al Zani es uno de los más satisfechos con la repercusión del certamen y la presencia de los ocho países. (Foto: EFE)
El emir qatarí Tamim Bin Hamad al Zani es uno de los más satisfechos con la repercusión del certamen y la presencia de los ocho países. (Foto: EFE)

EL MORBO Y LA EXPECTATIVA

Se dice que para el cambio de humor de Arabia Saudita, EAU y Bahréin fue clave la mediación de Kuwait y Omán, así como la presión de la confederación asiática de fútbol (AFC, por sus siglas en inglés).

El viraje no ha sido menor. A principios de año se disputó la Copa Asiática de Fútbol en Emiratos Árabes Unidos y hubo dos sucesos que, al margen de lo estrictamente futbolístico, saltaron a las portadas.

El primero fue que un aficionado británico resultó detenido temporalmente en Abu Dabi (la capital emiratí) por acudir a un partido con una camiseta del seleccionado qatarí.

El segundo fue que una vez clasificados Qatar (que humilló 4-0 en el camino nada menos que al local) y Japón a la gran final, las autoridades emiratíes decidieron no acudir a esta ya que de vencer el conjunto qatarí -lo que finalmente ocurrió- nadie quería salir en la foto entregando el premio de campeón al enemigo.

Encuadrados los ocho países en dos grupos, durante la primera jornada de ambas series no ha habido mayores percances. Entre hoy y mañana se desarrollará la segunda y el lunes está pactada la última fecha de la fase de grupos, con un Qatar vs EAU que despierta gran morbo.

Una vez que la pelota deje de rodar en este torneo el domingo 8 de diciembre, habrá que ver cómo continúa este conflicto. Porque lo cierto es que Qatar aún se niega a cumplir con la lista de 13 demandas del cuarteto del boicot, entre las cuales destacan nítidamente tres: el cierre de la cadena de TV qatarí Al Jazeera, la reducción o ruptura de los vínculos con Irán y la clausura de una base militar turca en suelo qatarí.