La Marina de Guerra del Perú incautó esta semana en el Mar de Grau, en la región Piura, un submarino que trasladaba al menos dos toneladas de una sustancia que al parecer sería cocaína e intervino a cuatro personas que estarían implicadas en el presunto delito de tráfico de drogas. (Foto: Marina de guerra)
La Marina de Guerra del Perú incautó esta semana en el Mar de Grau, en la región Piura, un submarino que trasladaba al menos dos toneladas de una sustancia que al parecer sería cocaína e intervino a cuatro personas que estarían implicadas en el presunto delito de tráfico de drogas. (Foto: Marina de guerra)
Ricardo León

Periodista. Editor de la sección Nacional

jose.leon@comercio.com.pe

Incluso antes de que el hallado días atrás frente a las costas de Piura por un buque de la Marina de Guerra fuera remolcado hasta el puerto de Paita, en el norte del Perú, los agentes de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional (Dirandro) ya tenían algunas pistas de cuál iba a ser su destino. Por la modalidad, la procedencia de la droga y la nacionalidad de los tripulantes detenidos (un mexicano, un ecuatoriano y dos colombianos), se presume que el semisumergible iba hacia México.

Pero México, y Norteamérica en general, no es ya el gran destino de la cocaína producida en el Perú, principalmente en el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), así como en la selva de Pasco, Huánuco y Puno. En los últimos años, se ha consolidado la presencia de una hermética mafia de narcotraficantes provenientes de Europa del Este.

Un agente policial del Grupo Especial de Inteligencia Orión, que pertenece a la Dirandro y que trabaja de la mano con la Drug Enforcement Administration (DEA), asegura que el cabecilla máximo de esta mafia es un hombre nacido en Serbia, de una edad que fluctúa entre los 45 y 50 años, cuyo nombre no se sabe con certeza y cuyo rostro es un misterio, pero a quien todos llaman ‘Tito’ (el sobrenombre de Josip Broz, el dirigente yugoslavo que peleó contra los nazis y luego presidió la nación balcánica).

“‘Tito’ se ha convertido en un objetivo de importancia para la DEA”, asegura el oficial. Advierte incluso que su importancia como objetivo de las unidades antidrogas del mundo es mayor a la que, en su momento, llegó a tener Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, preso en Estados Unidos y condenado a cadena perpetua más treinta años de cárcel. “Es un monstruo del dinero, no escatima en gastos con tal de satisfacer al mercado de Europa. Pero se cuida bastante”, dice también el agente.

Puertos abiertos

Algunos datos de la biografía incompleta de ‘Tito’ ayudan a entender cómo ha diseñado sus redes, y cómo estas han llegado al Perú.

(El Comercio)
(El Comercio)

El serbio, según las pistas halladas hasta ahora, fue décadas atrás entrenador de exitosos boxeadores profesionales de su país. Según la policía, en el muchas veces turbio mundo del boxeo hizo contactos con traficantes de droga sudamericanos. En poco tiempo, comenzó a hacer negocios con droga producida en Bolivia, Colombia y el Perú, con la cual abastecía al mercado europeo. La mejor manera de que la cocaína llegue hasta Europa es a través de buques comerciales cuya primera escala es el puerto de Amberes, en Bélgica.

En un inicio, ‘Tito’ enviaba emisarios para controlar el envío de la droga por parte de acopiadores peruanos. Uno de ellos, Zoran Mihalovick Jaksic (57), fue condenado en abril de este año a 25 años de cárcel. El fiscal del caso, Arturo Mosqueira, explicó que se emplearon “técnicas especiales de investigación, videovigilancia y levantamiento del secreto de las comunicaciones”.

Otro emisario serbio (y exboxeador), David Cufaj, fue detenido en enero del 2017 en Ate, donde escondía 2.000 kg de cocaína camuflada en una carga de espárragos que iba a enviar a Bélgica. Un juez, hoy bajo investigación, lo liberó a inicios de este año, y está no habido.

Un serbio más, Smail Sikalo, fue detenido en enero en Trujillo, donde escondía casi una tonelada y media de cocaína. Sikalo también había sido boxeador. La droga también iba a ser enviada a Bélgica, el eje del imperio ilegal del escurridizo ‘Tito’.

La imagen corresponde a la incautación de 500 kg de droga que iban a Bélgica, donde tal alijo valdría US$25 mlls. (Foto: Félix Ingaruca / archivo)
La imagen corresponde a la incautación de 500 kg de droga que iban a Bélgica, donde tal alijo valdría US$25 mlls. (Foto: Félix Ingaruca / archivo)

Paita, el centro de acopio de la cocaína

El fiscal coordinador de las fiscalías contra el crimen organizado, Jorge Chávez Cotrina, estuvo el miércoles en el puerto piurano de Paita, hasta donde fue remolcado el narcosubmarino hallado frente a Talara. Chávez explicó que una falla mecánica del semisumergible obligó a que la tripulación pidiera ayuda a una bolichera ecuatoriana. Al salir a la superficie, el submarino fue detectado por la Marina de Guerra del Perú.

Por coincidencia, Paita se ha convertido en el mayor centro de acopio de la droga que es enviada hacia Bélgica y, desde allí, a las grandes ciudades de Europa. “Los narcotraficantes saben que es un puerto de seguridad frágil, vulnerable”, explica una fuente de la Dirandro que investiga a la mafia encabezada por el serbio ‘Tito’.

Una de las incautaciones de droga más recientes relacionadas a ‘Tito’ se logró a mediados de año en Piura. Según la policía, el corredor de autos Fernando de Olazábal, quien sería uno de los acopiadores que envían cocaína a Bélgica, logró embarcar una primera carga de 500 kg a través del puerto de Paita. El plan funcionó, por lo que ‘Tito’ pidió que le enviara 3,3 toneladas por la misma vía. Pero los agentes del grupo Orión y de la DEA ya le seguían los pasos. Ahora De Olazábal está escondido en alguna parte de Estados Unidos.

Así opera la mafia

Cártel serbio

“Ya podemos hablar de un cártel serbio de la droga en el Perú”, opina Jaime Antezana, analista en temas de narcotráfico.

Lavado de dinero

Según investigadores de la Dirandro, la mafia de ‘Tito’ moviliza enormes cantidades de dinero en el Perú a través de casas de cambio y empresas de varios rubros.

Negocio ilícito

En un laboratorio clandestino del Vraem, un kilo de clorhidrato de cocaína tiene un valor de US$1.000. Ya embarcado en un buque, asciende a US$5 mil. Cuando llega a Bélgica, vale más de US$50 mil.