En esta foto de archivo tomada el 30 de marzo de 2003, los soldados estadounidenses llevan los ataúdes de sus colegas envueltos en banderas nacionales a un avión C-17 durante una ceremonia conmemorativa celebrada en la base del ejército de Kandahar, Afganistán. (Foto de SPC JOHN SLOSSER / POOL / AFP).
En esta foto de archivo tomada el 30 de marzo de 2003, los soldados estadounidenses llevan los ataúdes de sus colegas envueltos en banderas nacionales a un avión C-17 durante una ceremonia conmemorativa celebrada en la base del ejército de Kandahar, Afganistán. (Foto de SPC JOHN SLOSSER / POOL / AFP).
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está a punto de retirar sus últimas tropas de , poniendo fin a una guerra de 20 años iniciada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Las operaciones estadounidenses se habían limitado al mínimo desde que en febrero de 2020 se firmara un acuerdo con los talibanes, que establecía un calendario de retirada de sus tropas a cambio de que se abrieran negociaciones de paz entre los insurgentes y el gobierno afgano. Unas conversaciones que hoy están en punto muerto.

MIRA: 5 claves sobre la retirada e Estados Unidos de Afganistán tras 20 años de guerra

Una vez que la retirada completa se concrete, en Afganistán únicamente quedarán los soldados estadounidenses necesarios para la seguridad de la embajada.

Estos son algunos de los escenarios posibles que se plantean a partir de ahora:

¿Pondrá fin a la guerra la retirada estadounidense?

Aunque con esta retirada termina la mayor guerra que haya conocido Estados Unidos, el conflicto continúa en suelo afgano. Y nada parece indicar que vaya a acabar próximamente.

Los talibanes parecen apostar por una victoria militar, con la que podrían derrocar al presidente Ashraf Ghani.

Recientemente, se han apoderado de decenas de distritos adicionales, sobre todo en áreas rurales, pero el ejército afgano continúa controlando las grandes ciudades.

“De momento, los combates se intensificarán y las fuerzas afganas lo tendrán difícil, por sí solas, para hacer frente militarmente”, advirtió el experto en seguridad afgano Bari Arez.

Según unos análisis realizados hace poco por los servicios de inteligencia estadounidenses, los talibanes podrían tomar el control del país en un plazo de entre seis y doce meses.

Tanto los talibanes como el gobierno afirman a diario haberle infligido importantes pérdidas al enemigo, pero sus balances son imposibles de verificar de forma independiente.

Aún así, los asesinatos de miembros de la sociedad civil afgana han disminuido en las últimas semanas.

¿El ejército afgano puede garantizar la seguridad?

Esto es algo que habrá que ver, porque no se puede descartar la posibilidad de una guerra civil.

La fuerza aérea estadounidense ha sido un factor decisivo en el conflicto, aportando un apoyo vital a las fuerzas gubernamentales.

Hace poco, el gobierno lanzó un llamado a la movilización de milicias para combatir a los talibanes, un indicio de que la preocupación va en aumento. Algunos analistas temen que esto empeore aún más la situación.

“Esta estrategia debe realizarse bien, debe estar bien organizada y bien controlada, o podría terminar siendo contraproducente”, señaló un experto en seguridad extranjero, que pidió el anonimato.

Además, el regreso progresivo de los exjefes de guerra a la primera línea podría propiciar que el país acabe sumido en una guerra civil, con la aparición de nuevas facciones armadas dispuestas a adueñarse del poder.

¿Es posible una solución política?

El presidente Ghani desea lograr un alto el fuego con los talibanes para poder convocar elecciones que conduzcan al establecimiento de un “gobierno de paz”. Ha rechazado los llamados a la formación de un gobierno interino no electo que incluya a los talibanes.

Estados Unidos, en cambio, sí que es favorable a ese gobierno de unidad, y presiona para que los talibanes y el Ejecutivo afgano hallen un acuerdo en Doha, donde las negociaciones abiertas en septiembre se encuentran en punto muerto.

Y aunque los talibanes den pocas precisiones sobre sus planes, pretenden restablecer un emirato islámico que garantice los derechos de los ciudadanos según “los preceptos del islam”.

En Afganistán se han celebrado cuatro elecciones presidenciales desde que los talibanes fueran derrocados en 2001 y millones de afganos han adoptado este sistema, democrático y plural, pese a que los comicios suelan estar salpicados de fraudes.

Con el retorno al parecer inminente de los talibanes al poder, los observadores temen un declive democrático.

“Por ahora, los talibanes parecen convencidos de que pueden tomar el poder por la fuerza”, constató el analista político Ramish Salehi.

“Es un combate que determinará [...] si la democracia gana sobre las fuerzas ideológicas”, sostuvo.

¿Qué destino les aguarda a los afganos?

Existe un fuerte temor a que las mujeres pierdan los derechos conquistados tras años de dura lucha desde principios de siglo.

Cuando estaban en el poder, los talibanes prohibían trabajar a las mujeres y lapidaban a las que estaban acusadas de delitos como el adulterio.

Después de su caída, numerosas afganas entraron en política o se convirtieron en periodistas, activistas o jueces.

Los talibanes aseguran que respetarán los derechos de las mujeres en función de lo que dicta la ley islámica, pero los defensores de derechos humanos destacan que ésta se interpreta de múltiples maneras por parte de los musulmanes.

“Hay una sensación general de inseguridad entre las mujeres, que piensan que los extremistas las volverán a encerrar en sus casas”, declaró la activista Hosay Andar.

“Pero esta vez, no se rendirán [...] Habrá resistencia”, predijo.

¿Cuáles son las perspectivas económicas?

Afganistán es uno de los países más empobrecidos del mundo. Está profundamente endeudado y es muy dependiente de la ayuda externa.

Aunque cuenta con vastas reservas minerales, de las que vecinos como China o India querrían sacar tajada, la situación en términos de seguridad nunca ha permitido desarrollar plenamente la industria minera.

Buena parte de la riqueza nacional proviene del tráfico de drogas, y sobre todo de la heroína, de la que Afganistán es, de lejos, el primer productor mundial.

En noviembre, un grupo de donantes internacionales se comprometió a seguir ayudando al país hasta 2024, pero el gobierno teme que, con la retirada de las fuerzas extranjeras, cambien de idea.

“La economía ya está en fuerte caída [...] y la tasa de desempleo, que es catastrófica, explotará”, vaticinó Salehi.

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