El candidato presidencial iraní Ebrahim Raisi durante el segundo debate televisado entre los postulantes. (Foto: EFE).
El candidato presidencial iraní Ebrahim Raisi durante el segundo debate televisado entre los postulantes. (Foto: EFE).
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Tocado siempre con un turbante negro y ataviado con un largo abrigo de religioso, el ganador de las presidenciales en , Ebrahim Raisi, es un hombre austero que se presenta como el defensor de las clases desfavorecidas y como un paladín anticorrupción.

Jefe de la autoridad judicial, este hoyatoleslam (rango inferior al de ayatolá en el clero chiita) de 60 años, y ultraconservador convencido, es un firme defensor del orden.

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Su lema para las presidenciales del 18 de junio fue el de la “lucha incesante contra la pobreza y la corrupción”.

Dos temas que también ocuparon el centro de su campaña en 2017, cuando obtuvo más del 38% de los votos, insuficientes, no obstante, para impedir la reelección en primera vuelta de Hasan Rohani, líder de la corriente “moderada” y a quien la Constitución le prohíbe volver a presentarse este año.

Nacido en noviembre de 1960 en la ciudad santa de Mashad (noreste), Raisi fue nombrado fiscal general de Karaj, cerca de Teherán, con tan solo 20 años, tras la victoria de la Revolución Islámica de 1979.

Ha formado parte del engranaje judicial durante más de tres décadas: fiscal general de Teherán de 1989 a 1994, jefe adjunto de la Autoridad Judicial de 2004 a 2014, año en el que fue designado fiscal general del país.

En 2016, el guía supremo, Alí Jamenei, colocó a Raisi al frente de la poderosa fundación caritativa Astan-e Qods Razavi, que gestiona el mausoleo del Imán Reza de Mashad y un inmenso patrimonio industrial e inmobiliario. Tres años después, lo nombró jefe de la autoridad judicial.

Mujeres simpatizantes del candidato presidencial iraní Ebrahim Raisi sostienen fotografías que lo representan durante un mitin de campaña electoral en Teherán. (EFE / EPA / ABEDIN TAHERKENAREH).
Mujeres simpatizantes del candidato presidencial iraní Ebrahim Raisi sostienen fotografías que lo representan durante un mitin de campaña electoral en Teherán. (EFE / EPA / ABEDIN TAHERKENAREH).

Alumno del guía supremo

Raisi no es un hombre muy carismático. Luce barba canosa y gafas finas y siempre va ataviado con un turbante negro de “seyyed” (descendiente de Mahoma). Cursó las clases de religión y de jurisprudencia islámica del ayatolá Jamenei.

Según su biografía oficial, es docente desde 2018 en un seminario chiita de Mashad. Varios medios iraníes ven en él al posible sucesor del guía supremo, que en julio cumplirá 82 años.

Además, es miembro de la dirección de la Asamblea de Expertos, que se encarga de nombrar al guía supremo.

Casado con Jamileh Alamolhoda, profesora de Ciencias de la Educación en la Universidad Shahid-Beheshti de Teherán, con quien tuvo dos hijas -ambas con títulos de educación superior-, Raisi es yerno de Ahmad Alamolhoda, imán de la oración del viernes y representante provincial del guía supremo en Mashad, segunda ciudad del país.

Gracias al respaldo de las dos principales coaliciones de partidos conservadores y ultras, es el único de los cinco candidatos ultraconservadores que ha logrado acaparar un amplio número de apoyos dentro del movimiento conservador, muy diverso o, incluso, fragmentado.

Pero, probablemente consciente de que necesita unir a una sociedad iraní dividida por la cuestión de las libertades individuales --en la que Rohani causó tantas decepciones como promesas había hecho--, se ha comprometido a erigirse en defensor de la “libertad de expresión”, de los “derechos fundamentales de todos los ciudadanos iraníes” y de la “transparencia”.

Eliminar la sedición “de raíz

Unas promesas en las que ni los reformadores ni los moderados creen en absoluto, criticando la inexperiencia política de Raisi que, según ellos, lo hace incapaz de gobernar.

Sin embargo, el ultraconservador afirma que quiere formar un “gobierno del pueblo para un Irán poderoso” y ha prometido exterminar “los focos de la corrupción”, valiéndose de su labor desde la autoridad judicial, donde los pleitos por corrupción, muy mediatizados, contra altos dignatarios del Estado se han multiplicado. También lo han hecho los procesos contra los jueces, una novedad.

Para la oposición en el exilio, el nombre de Raisi seguirá asociado a las ejecuciones masivas de detenidos marxistas o de izquierdas en 1988, cuando era vicefiscal del tribunal revolucionario de Teherán.

Al ser preguntado en 2018 y 2020 sobre este episodio oscuro de la historia reciente, Raisi negó haber estado implicado, pero rindió “homenaje” a la “orden” de que se procediera a esta purga, dada -según él- por el ayatolá Jomeini, fundador de la República Islámica.

Partidario de la mano dura frente al “Movimiento Verde”, creado contra la reelección de Mahmud Ahmadineyad en las presidenciales de 2009, declaró en aquel entonces: “A quien nos hable de ‘compasión islámica y de perdón’, le respondemos: vamos a seguir enfrentándonos a los alborotadores hasta el fin y eliminaremos de raíz la sedición”.

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