Una tienda de la cadena mayorista Costco en la localidad californiana de Novato al día siguiente de que la OMS declarara el brote como una pandemia. (AFP)
Una tienda de la cadena mayorista Costco en la localidad californiana de Novato al día siguiente de que la OMS declarara el brote como una pandemia. (AFP)
Liliana Michelena

La preocupación por el nuevo en Estados Unidos viene escalando como escalan los casos comprobados de contagio: de 550 el lunes por la mañana a 2.345 la tarde de ayer. Y la aproximación poco científica de en lo que va de la crisis solo ha contribuido a agravar el desasosiego.

En el estado de California –como en varias de las grandes zonas urbanas– los espacios públicos han empezado a vaciarse. Como los estornudos o accesos de tos son motivo de sobresalto, la mayoría evita los espacios de aglomeración. De pronto, uno nota la cantidad de objetos que toca a diario: dinero, manijas, botones del ascensor. Para lo primero, se recomienda usar más que nunca las compras con tarjeta. Para lo demás, el codo.

La vida en las calles parece ir cámara lenta y la población ha optado por manejar –en lugar de tomar transporte público– solo para viajes estrictamente necesarios. En el supermercado, en medio de la búsqueda de papel higiénico, lejía y no perecibles, la gente se trata con lo justo. Los servicios religiosos se han suspendido. Hacia el final de un invierno soleadísimo, los parques han quedado desiertos.

El último lunes, la bahía de San Francisco vio con recelo el desembarco del crucero Grand Princess, con muchos pasajeros infectados y otros tantos también expuestos. Esa misma noche, el área contabilizó su primera muerte por el virus. Como varias de las otras 50 muertes en el país, la víctima no tenía historial reciente de viajes ni contacto conocido con alguien infectado. Según especialistas, esto significa que el COVID-19 ya llevaba tiempo incubando en la comunidad.

Prevención debilitada

Empeñado en minimizar la amenaza para limitar su impacto económico y electoral, el presidente de EE.UU. insistió hasta el martes último que el COVID-19 no era peor que la gripe estacional. A nivel federal, bloqueó las recomendaciones del Departamento de Salud de evitar vuelos y cruceros e intentó impedir el desembarco del Grand Princess porque quería “dejar las cifras [de infectados] donde están”. A cada paso, Trump socava los consejos de sus propias autoridades.

Trump junto a su equipo de respuesta al coronavirus en una conferencia de prensa en la Casa Blanca. (Foto: Reuters)
Trump junto a su equipo de respuesta al coronavirus en una conferencia de prensa en la Casa Blanca. (Foto: Reuters)

El primer error no forzado ocurrió en el 2018, cuando Trump cerró la Unidad de Seguridad Sanitaria del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Según dijo el gobernante hace cinco días, “uno nunca se imagina que esto podría pasar”, pero la unidad existía justamente anticipando esa posibilidad.

Sucesivos recortes de presupuesto también debilitaron a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), brazo del Departamento de Salud para emergencias sanitarias como esta. La agencia rechazó el kit de diagnóstico ofrecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para desarrollar uno propio. Cuando lo hicieron, descubrieron un error en el proceso, pero solo después de que las autoridades hubieran enviado cientos de kits a los laboratorios estatales.

Hasta el 2 de marzo se habían realizado menos de 500 pruebas, y menos de 11 mil hasta ayer (menos de 30 por cada millón de habitantes). En contraste, Corea del Sur –uno de los países más exitosos en la mitigación del COVID-19– realiza 10 mil exámenes al día.

Es posible que el número de infectados sea mayor al que se maneja oficialmente. Ashish Jha, director del Instituto de Salud Global de Harvard, indicó a la radio pública NPR que estima que de cinco a diez veces más personas portan el coronavirus de las detectadas hasta hoy.

Según el portal Politico, el secretario de Salud, Alex Azar, advirtió sobre las posibles complicaciones en enero. “El presidente dejó claro que mientras más bajos los números, mejor para la reelección”, explicó al periodista Dan Diamond.

Sin redes de seguridad

Este coronavirus encuentra al país especialmente susceptible a la propagación de epidemias. Un sistema de atención médica con 30 millones de no asegurados y la falta de políticas federales de licencia pagada por enfermedad dan como resultado una gran masa de trabajadores que no tienen otra opción que presentarse a laborar aunque se sientan enfermos.

Un solitario pasajero con mascarilla en el metro de Nueva York, en estos días menos atestado que de costumbre. (Foto: Reuters)
Un solitario pasajero con mascarilla en el metro de Nueva York, en estos días menos atestado que de costumbre. (Foto: Reuters)

Otro problema es la falta de redes de seguridad para quienes no tienen la opción de trabajar desde casa o imponerse una cuarentena. Universidades y colegios siguen posponiendo decisiones porque un cierre implicaría mandar a casa a estudiantes que no tienen dónde comer ni dormir fuera de esa red.

El miércoles, la Cámara Baja presentó una propuesta multimillonaria de provisiones frente a la crisis, que incluye licencia pagada, pruebas gratuitas, ayuda alimentaria y seguro de desempleo. Los republicanos del Senado han postergado la decisión para la próxima semana.

En su discurso del miércoles, Trump aseguró “pruebas y tratamiento gratis” para todos. Lo primero está lejos de la realidad, y lo último fue desmentido por las aseguradoras.

Feos pronósticos

Antes de que Trump anunciara medidas esta semana, y observando el desarrollo de la epidemia en Europa, gobiernos locales e instituciones privadas se anticiparon a cancelar conciertos, festivales y eventos deportivos.

Nuestra respuesta ha sido mucho peor que la de cualquier otro país que ha sido afectado”, advierte Ashish Jha.

Sin pruebas, no tenemos idea de qué tan extendida está la infección. No se puede aislar gente. No se puede hacer nada, y solo queda cerrar todo”, agrega.

Andy Slavitt, exadministrador de los servicios de seguridad social Medicare y Medicaid, tuiteó esta semana que los expertos temen “más de un millón de muertes en Estados Unidos a partir del hecho de que el virus no fue contenido a tiempo”.

Según Slavitt, el problema pudo mitigarse en enero y febrero, si los empleados federales no hubieran estado “amordazados por temor a contradecir a Trump”.

El presidente no está infectado

Donald Trump dio negativo el sábado en una prueba para determinar si estaba infectado con el nuevo coronavirus.

He recibido confirmación de que el test salió negativo”, indicó el médico presidencial, Sean Conley, en una notificación difundida anoche por la Casa Blanca.

Horas antes, el mismo presidente de EE.UU. había anunciado que se había hecho el examen el viernes por la noche.

La polémica sobre si el mandatario debía hacerse la prueba surgió después de que el jueves se conociera la noticia de que el jefe de prensa del Gobierno Brasileño, Fabio Wajngarten, había dado positivo por COVID-19.

Ese funcionario formaba parte de la delegación que el pasado fin de semana acompañó al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a su reunión con Trump en su club privado de Mar-a-Lago.

Otras dos personas que integraban la delegación visitante han dado positivo: el embajador de Brasil en Washington, Nestor Forster, y uno de los senadores de Brasil, Nelsinho Trad.

Por otro lado, Washington anunció que prohibirá viajar a EE.UU. desde el Reino Unido e Irlanda a partir de la medianoche del lunes para frenar el coronavirus, medida que Trump había desestimado hace tres días respecto a esas dos naciones.

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¿Qué es el coronavirus?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden causar diferentes afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV).

El coronavirus descubierto recientemente causa la enfermedad infecciosa por coronavirus COVID-19. Ambos fueron detectados luego del brote que se dio en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

El cansancio, la fiebre y la tos seca son los síntomas más comunes de la COVID-19; sin embargo, algunos pacientes pueden presentar congestión nasal, dolores, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.

Aunque la mayoría de los pacientes (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, alrededor de una de cada seis personas que contraen la COVID-19 desarrolla una afección grave y presenta dificultad para respirar.

Para protegerse y evitar la propagación de la enfermedad, la OMS recomienda lavarse las manos con agua y jabón o utilizando un desinfectante a base de alcohol que mata los virus que pueden haber en las manos. Además, se debe mantener una distancia mínima de un metro frente a cualquier persona que estornude o tose, pues si se está demasiado cerca, se puede respirar las gotículas que albergan el virus de la COVID-19.

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Trump declara el estado de emergencia por la pandemia del coronavirus. (AFP).

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