Sergei Skripal y su hija Julia fueron envenenados por un agente nervioso conocido como Novichok. (AFP)
Sergei Skripal y su hija Julia fueron envenenados por un agente nervioso conocido como Novichok. (AFP)

El embajador ruso en el Perú, Andrei A. Guskov, escribe una carta en respuesta a la columna “Rusia y el incidente de Salisbury”, escrita por el funcionario de la embajada británica en Lima Colin Gray y publicada en la web de este Diario el 26 de marzo del 2018.

Estimado señor Director,

En relación al artículo publicado en este Diario y escrito por el encargado de negocios británico Colin Gray sobre el “caso de los Skripal”, en el que este funcionario se permite proferir agravios infundados contra mi país (, por Colin Gray), quisiera pedirles que también nos permitan publicar nuestra opinión sobre el particular:

Las autoridades británicas sistemáticamente ponen de manifiesto la incapacidad de garantizar la seguridad de los ciudadanos rusos en su territorio. Valgan como ejemplos el envenenamiento de Alexander Litvinenko, la muerte en circunstancias no esclarecidas de los empresarios rusos Badri Patarkatsishvili y Alexander Perepilichni, el misterioso “suicidio” de Borís Berezovski y el estrangulamiento de su socio Nikolái Glushkov, y, finalmente, el atentado contra la vida y la salud de Serguéi Skripal y Yulia Skripal.

En este último caso desatendieron todas las normas del Derecho Internacional, la ética y el sentido común. Sin haber presentado prueba alguna, sin ofrecer siquiera una versión concreta de lo ocurrido, Londres acusó a Rusia de envenenar a sus propios ciudadanos. Es más, lanzó el nombre Novichok (palabra rusa que significa novato), que es un agente tóxico jamás empleado en nuestro país, y desplegó una campaña mediática y política a gran escala. En particular, alentó la expulsión infundada de diplomáticos rusos de varios países y representaciones en organizaciones internacionales, y anunció la imposición de todo un conjunto de sanciones. Nuestras exigencias legítimas de presentar muestras de la sustancia empleada no fueron atendidas.

Es preciso aclarar que los estudios relacionados con la sustancia denominada en Occidente Novichok se efectuaban en Gran Bretaña, Estados Unidos, Suecia y la República Checa. Los resultados obtenidos por dichos países en el desarrollo de nuevos agresivos tóxicos de este tipo aparecen en más de 200 fuentes públicas de los países de la OTAN.

Por su parte, Rusia proporcionó información completa sobre sus reservas de armas químicas. Los grupos de inspección de la Secretaría Técnica de la Organización de Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) comprobaron estos datos. Además, la OPAQ confirmó oficialmente la destrucción completa del arsenal químico de Rusia.

La propia población de Gran Bretaña se mantiene desinformada con respecto a los elementos clave de este incidente declarado como una gran amenaza. Se desconoce el número exacto de afectados. También se sigila información sobre las actividades del laboratorio secreto de Porton Down ubicado cerca de Salisbury, donde, como es bien sabido, se desarrollaban armas químicas. Asimismo, se ocultan datos sobre los ejercicios militares anuales llamados ‘Toxic Dagger’ (Daga Tóxica) realizados en vísperas del envenenamiento de los Skripal por el centro mencionado y militares británicos para ensayar procedimientos en la lucha contra la contaminación química y biológica.

En los últimos días se hizo obvio que Londres se esfuerza en promover en todo el mundo la presunción de culpabilidad absoluta de Rusia. En este ejercicio trata de involucrar a un máximo número de aliados en una campaña de acusaciones en este y otros casos de “injerencia rusa” sin prueba alguna.

La reciente Declaración del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia informa, tras el análisis de las circunstancias, que las autoridades británicas no están interesadas en descubrir los auténticos motivos del crimen en Salisbury, tampoco en identificar a los autores, y nos hace pensar que los servicios secretos británicos estarían eventualmente implicados en este caso. En el caso de que no se proporcionen las pruebas fehacientes de lo contrario a la parte rusa, consideraremos que se trata de un atentado contra las vidas de nuestros ciudadanos a consecuencia de una gran provocación política. Destacamos que la obligación de presentar pruebas en este caso le corresponde precisamente a la parte británica.

Seguimos dispuestos a mantener una amplia y abierta cooperación con Gran Bretaña para dirimir toda clase de preocupaciones a nivel bilateral, en el marco de la OPAQ, de otros documentos internacionales, y del Derecho Internacional. Rusia jamás recurrirá al lenguaje de ultimátum.

La historia de campañas rusofóbicas en algunos países no es nueva y siempre sirvió para fines políticos, sean internos o geopolíticos. Y es una lista larga. Basta con recordar la famosa “Carta de Zinoviev” publicada el 25 de octubre de 1924 que fue pasada al Foreign Office por la inteligencia británica. El documento, con presuntas firmas de altos directivos de la Komintern o de la Internacional Comunista (en particular, de su presidente el ciudadano soviético Grigoriy Zinoviev), daba razones para culpar a la IC y a la Unión Soviética en injerir en asuntos internos de Gran Gretaña y causó un enorme escándalo. Setenta años después, cuando en la década de 1990 el canciller británico ordenó abrir los archivos del ministerio, se descubrió que la “Carta de Zinoviev” había sido un ‘fake’ que sirvió para incendiar propaganda antisoviética y llevar al partido conservador al poder.

Los tiempos cambian pero los métodos siguen siendo los mismos. Hoy también se pretende llenar el vacío de la base probatoria con un “amplio” apoyo por parte de los aliados y sus satélites. Pero hay una diferencia: ahora las cosas quedan al descubierto mucho más rápido. No creo que tengamos que esperar 70 años para conocer la verdad sobre el envenenamiento del espía británico Skripal. Estoy seguro de que lo conoceremos más pronto.

Gran Bretaña acumula muchos asesinatos pendientes de ciudadanos rusos y británicos. Citaré un ejemplo: ¿recuerden la muerte misteriosa del científico David Kelly quien reveló las mentiras de que Irak presuntamente tenía armas de destrucción masiva? Así sucedió cuando nuestros socios occidentales –Washington y Londres– mostraron un tubo de ensayo y todo el mundo les creyó, porque fue presentado en el Consejo de Seguridad de la ONU. Pasados 10 años, todos entendieron que fue una falsificación y posteriormente pidieron disculpas.

¿Ante quién se van a disculpar esta vez? Lo hizo Tony Blair ante su propio pueblo en el caso de Irak, pero no ante el pueblo de aquél país destruido bajo pretextos falsos, o ante otros pueblos de aquella región –Afganistán, Libia, entre otros– devastados por la coalición occidental.

El 24 de marzo se cumplieron 19 años de los bombardeos perpetrados por la OTAN en Yugoslavia que ocurrieron durante 78 días a espaldas del Consejo de Seguridad de la ONU y violaron todas las normas del Derecho Internacional. Causaron más de 2.000 víctimas, entre ellas 400 niños. Y también se realizaron bajo un pretexto falso llamado “incidente en Rachak”, donde presuntamente los serbios habían asesinado a “civiles” albanos. Expertos patologoanatomistas finlandeses descubrieron luego esa falsificación. Se trató de terroristas kosovo-albaneses caídos a cuyos restos se les había puesto vestimenta civil.

No existe otra alternativa constructiva que la de comenzar aprendiendo de la historia. Se deben dejar de lado los manuales de la Guerra Fría y sentarse a la mesa de un diálogo franco y abierto. Nuestras puertas están abiertas para eso. Para lograr un diálogo normal y establecer la verdad hemos propuesto convocar para el 4 de abril un período de sesiones extraordinario del Consejo Ejecutivo de la OPAQ donde presentaremos preguntas concretas. Espero que nuestros socios occidentales no eludan una conversación franca. De lo contrario, eso sería otra confirmación de que todo lo que ocurre es una grosera provocación.

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