Redacción EC

París, EFE

El presidente de Francia, François Hollande, nombró hoy primer ministro a Manuel Valls, hasta ahora titular de Interior, para reemplazar a Jean-Marc Ayrault, con la misión de enderezar el rumbo del país.

El nombramiento de Valls, nacido en Barcelona en 1962, se produjo en una declaración televisada de Hollande y al día siguiente de una histórica derrota del gobernante Partido Socialista (PS) en las elecciones municipales.

En un mensaje de siete minutos y en diferido, Hollande agradeció a Ayrault por su "valentía y abnegación" y abrió una nueva etapa en su mandato, que inició en el 2012 y culminará en el 2017, tras haber comprendido el mensaje de las urnas.

"No [hay] suficientes cambios y por lo tanto [hay] demasiada lentitud. No [hay] suficientes empleos y por lo tanto [hay] demasiado desempleo. No [hay] suficiente justicia social y [sí] demasiados impuestos. Es el mensaje que me habéis dirigido y que recibo personalmente", dijo el presidente.

Aunque solo avanzó el nombre del próximo primer ministro, apuntó que el nuevo Gobierno tendrá menos carteras que las 38 actuales y trabajará sobre tres ejes: devolver a Francia su fuerza económica, concentrarse en la justicia social y aumentar el poder adquisitivo.

Hollande, que en el 2012 derrotó en las urnas al conservador Nicolas Sarkozy, subrayó que "la recuperación del país es indispensable" y pasa por renovar el aparato productivo, sanear las cuentas públicas y reconquistar la influencia internacional.

"Sabía que la situación era grave y no me quejo. Asumo la total responsabilidad", afirmó un presidente que, lacerado por una cota de impopularidad sin precedentes en la democracia francesa, prometió bajar los impuestos "de aquí al 2017".

El anuncio del nombre del nuevo primer ministro puede poner en peligro el pacto de Gobierno con Europa Ecología Los Verdes (EELV), formación que había amenazado con salir de la coalición si el elegido era Valls.

Más allá de la escasa sintonía personal con el hasta ahora titular de Interior, ese partido discrepa políticamente con Valls en asuntos como la gestión de la inmigración y de los gitanos llegados de Bulgaria y Rumanía, su apoyo a la energía nuclear o su mano dura contra el cannabis.

Cuestionado por todos

Valls representa el ala más a la derecha de los socialistas y se alinea con la "tercera vía" del ex primer ministro británico Tony Blair.

Detractor de la semana laboral de 35 horas, uno de los símbolos de la izquierda francesa, y partidario de cambiar el nombre del PS al considerar superado el adjetivo "socialista", ha encarnado una línea dura al frente de Interior.

Valls se encontrará con una economía estancada que avanzó solo un 0,3% en el 2013, un déficit público del 4,3% -por encima de lo acordado con Bruselas- y un desempleo creciente, que roza el 10%.

Además, será el encargado de implementar el llamado "pacto de responsabilidad" que Hollande anunció en enero y que le aleja del electorado de izquierda, al proponer a las empresas una rebaja fiscal de 30.000 millones de euros a cambio de más empleos.

Valls, de padre español y madre suiza, tiene un carácter firme, mientras que Ayrault es un político discreto y curtido en la política municipal y como jefe del grupo parlamentario, al que se consideraba un hábil gestor y un estratega capaz de tender puentes con Berlín.

Sin embargo, sus dos años de gestión gubernamental, en los que su popularidad ha caído casi tanto como la de Hollande, no han convencido a los franceses, que le achacan falta de liderazgo.

Desde el ultraderechista Frente Nacional, su presidenta, Marine Le Pen, describió a Valls como un hombre "peligroso" que no tiene "ningún respeto por las libertades individuales y públicas" y señaló que Hollande le quiere "carbonizar" para descartarle como candidato presidencial.

El líder del Partido de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, opinó que Hollande ha entregado la responsabilidad del Gobierno "al mayor divisor posible de la izquierda" y ha respondido a "un desastre electoral" con "un suicidio político".