Andrea Cortés se incorporó a los 18 años a la Policía. En 2015 inició su tratamiento hormonal y, en 2017, hizo el cambio en su registro civil. (Foto: El Tiempo de Colombia, vía GDA).
Andrea Cortés se incorporó a los 18 años a la Policía. En 2015 inició su tratamiento hormonal y, en 2017, hizo el cambio en su registro civil. (Foto: El Tiempo de Colombia, vía GDA).
El Tiempo de Colombia, vía GDA

Andrea Cortés Guarín, de 26 años, es la primera mujer trans en hacer parte de la Fuerza Pública en . Es patrullera de la Policía, está estudiando Comunicación Social y su meta es, a través de su trabajo, convertirse en una abanderada de los derechos de las mujeres y de la comunidad .

Andrea nació en Bucaramanga. Es la mayor de tres hermanas y afirma con orgullo que fue su mamá, Jackeline Cortés Guarín, la que vio por ellas y las sacó adelante.”Mi mamá es una mujer muy trabajadora, honrada, que nos enseñó a luchar por nuestros sueños, pero siempre sobre la base del respeto por los demás”, le contó Andrea a EL TIEMPO.

De hecho, el apoyo y el cariño de su mamá fueron lo que la llevaron a reconocerse desde muy pequeña. “Aunque suena a frase de cajón, estaba atrapada en el cuerpo de Fabio Cortés, el nombre con el que me bautizaron cuando nací, porque era hombre, aunque yo me identificaba y me sentía como mujer”, relató con cierta nostalgia.

Andrea vivió y creció en el colegio Vicente Azuero, en Bucaramanga, donde su mamá trabajaba. Allí, junto a sus hermanas, estudió la primaria y secundaria y se graduó en 2012. Y precisamente en el colegio, Andrea empezó a notar, como ella misma dice, que “era diferente”. “En esa época me la ‘montaban’. Me hacían lo que hoy llaman bullying o matoneo. Eso sí que lo sufrí. Se burlaban de la forma como corría, en fin, toda una pesadilla”, aseguró entre lágrimas.

No es para menos. Ella tenía 8 o 9 años, era una niña. “A mi mamá le decían: ‘Jackeline, tenga cuidado, ese muchacho es muy amanerado’. Mi mamá muy adentro de su corazón sabía quién era yo”, cuenta Andrea, quien resalta que ella nunca la recriminó o le pidió que “se comportara como hombre”.

Reconoce que nunca fue buena estudiante, pero sí muy juiciosa, y le gustaba quedarse en la casa. Entre sus recuerdos de infancia están los juegos con sus hermanas. Hoy una de ellas trabaja en la Policía y la otra está en la universidad. “Era muy cotidiano entre nosotras jugar a los reinados de belleza, maquillarnos con las cosas de mi mamá. Eso nos divertía mucho”, relata con una amplia sonrisa.

Andrea señaló que durante el bachillerato sufrió mucho por lo que califica como su “condición”, y por las burlas a la que la sometían, aunque aseguró que, por fortuna, logró afianzar una gran amistad con otro joven (hoy mujer trans), con quien compartían sus tristezas, pero a la vez, con quien se unían para enfrentar a quienes los maltrataban. Como anécdota, Andrea recuerda que siendo adolescente les tenía “mucho miedo a las trans”, pero advierte que jamás las discriminó. Hoy concluye que ese miedo que sentía era en realidad que quería ser igual a ellas. “Ser una mujer trans”, puntualizó.

Durante su etapa como auxiliar de la Policía, la patrullera Andrea descubrió su vocación de servicio a la comunidad. (Foto: El Tiempo de Colombia, vía GDA).
Durante su etapa como auxiliar de la Policía, la patrullera Andrea descubrió su vocación de servicio a la comunidad. (Foto: El Tiempo de Colombia, vía GDA).

Al terminar su bachillerato, como todo ciudadano colombiano, en ese momento Fabio tenía que definir su situación militar y se fue a prestar servicio como auxiliar regular de la Policía.

”Cuando yo entré a prestar mi servicio militar como auxiliar de la Policía, la Institución sabía que yo era homosexual. Esa condición hoy es avalada y respetada en la Fuerza Pública”, señaló Andrea, quien cuenta que lo único que le pidieron fue que se comportara de manera profesional.

Se incorporó a los 18 años como auxiliar regular y la enviaron por tres meses a la Escuela de Policía ubicada en Vélez (Santander). Al culminar su capacitación prestó su servicio en Vélez, Chipatá y Guabatá, todos municipios en Santander.

Ese año y medio en el que Andrea estuvo como auxiliar le sirvió para descubrir su vocación de servicio a la comunidad y se enamoró del trabajo que venía desempeñando. También tomó dos grandes decisiones en su vida: seguir la carrera de policía e iniciar su transición a mujer.

De hecho, a los 19 años, mientras estaba en la Escuela, a mediados de 2015 empezó su tratamiento hormonal. “Mis compañeros para esa época ya sabían que yo era homosexual. Fueron siempre muy respetuosos, no tengo queja de ellos o de los instructores”, contó.

Andrea se graduó en enero de 2016 como el patrullero Fabio Cortés Guarín, y fue designada al departamento de Cauca.

Viajó a Popayán y a los nueve días la trasladaron para el municipio de Santander de Quilichao. Fue en ese momento en el que ella les informó a sus superiores sobre su identidad como mujer trans.

Una psicóloga que evaluó a Andrea le sugirió que pusiera en regla sus documentos, y que lo hiciera legalmente cambiando su nombre.

En un permiso viajé a Bucaramanga (en septiembre de 2017), y fui a la Registraduría y cambié mi registro civil y mi cédula. Y regresé con una contraseña que me identificaba como Andrea Cortés Guarín”, señaló.

Así, quien hasta ese punto era reconocido en la Fuerza Pública como un patrullero, notificó a la Policía Nacional que a partir de ese momento era Andrea Cortés, de sexo femenino, para que se hiciera los respectivos cambios en su documentación.

Mientras Andrea esperaba la respuesta, por necesidades del servicio la trasladaron a Toribío. Cuando llegó a este municipio, “era la única mujer entre los uniformados. Estábamos en una montaña. Allí salí a patrullar con mis compañeros, lo hacíamos con fusil y chaleco con placas metálicas”, recuerda con orgullo.

Cuando estábamos en Toribío, la Policía le notificó que no podían aceptar el cambio de su nombre y sexo porque cuando se incorporó a la institución lo hizo como hombre. Así, le dijeron que como hombre debía continuar su labor, tomando como base el número de cupos asignados en ese momento.

Frente a esta situación, ella decidió instaurar una tutela contra la Policía y tomó contacto con Diana Navarro Sanjuán, una reconocida abogada trans que ha luchado en diferentes instancias por los derechos de la comunidad LGBTI.

“En un permiso viajé a Popayán y la doctora Navarro me estaba esperando. Ella redactó la tutela, me asesoró y apoyó en todo el proceso, que no fue fácil. A esta mujer le debo mucho”, enfatizó Andrea.

Y su gran triunfo se concretó en mayo del 2018, cuando el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Popayán le notificó a la Policía Nacional que la debía reconocer el derecho al desarrollo de la libre personalidad, la personalidad jurídica, la vida digna y la igualdad a Andrea Cortés Guarín.

En la Policía acataron lo que dijo el tribunal y cambiaron sus documentos. En Toribío estuvo cuatro meses, y fue trasladada a Puerto Tejada, donde estuvo por dos años. Y hace unos meses fue enviada a Bogotá. En la capital trabaja en una estación, en donde desarrolla actividades administrativas.

Al preguntarle si se ha sentido discriminada en la Policía, Andrea responde pausadamente: “En la gran mayoría de compañeros he encontrado mucho respeto hacia mi persona, y hacia mi decisión de ser una mujer trans”.

Andrea se describe como una persona fuerte, porque “gracias al bullying” que sufrió de niña y adolescente logró afianzar un carácter que no la deja amilanarse o rendirse ante los retos que le impone la vida.

Por eso desde su labor como policía quiere volcar su servicio a defender los derechos de las mujeres en situación de vulnerabilidad, para prevenir y combatir la violencia de género o la violencia intrafamiliar. Y, por obvias razones, también quiere ser una abanderada de los derechos LGBTI.

El mensaje de Andrea al lograr romper estereotipos dentro del personal de la Fuerza Pública es uno: “Mi condición no influye para garantizar los derechos y deberes de los ciudadanos”.

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