Un grupo de personas camina en una plaza en Punta Arenas, Magallanes, Chile el 25 de junio de 2021.  (Foto:  CLAUDIO MONGE / AFP)
Un grupo de personas camina en una plaza en Punta Arenas, Magallanes, Chile el 25 de junio de 2021. (Foto: CLAUDIO MONGE / AFP)
/ CLAUDIO MONGE
Agencia EFE

La ministra chilena de Salud, Ximena Aguilera, anunció este miércoles el fin del uso obligatorio de las mascarillas a partir del 1 de octubre, que solo deberán portarse en los centros médicos y quedarán como voluntarias y “altamente recomendables” en lugares de aglomeración de personas, como el transporte público.

Asimismo, declaró el final de la exigencia del polémico “pase de movilidad”, un documento con las vacunas inoculadas contra el coronavirus que hasta hoy se exigía para la entrada en la mayoría de locales cerrados, restaurantes, tiendas, centros comerciales, teatros y eventos culturales y deportivos, incluso si estos eran al aire libre.

El citado pase era igualmente obligatorio para poder desplazarse por el país tanto por vía aérea, como en tren o autobús.

“Se mantendrá la obligatoriedad del uso de mascarilla en los consultantes en los establecimientos asistenciales y será altamente recomendable en aglomeración como en el transporte público o privado”, afirmó la ministra.

Además, anunció que se introducirá la llamada “vacuna ambivalente” para los casos de riesgo, un tipo de prevención que al parecer sirve para todas las variantes y que Chile será el primer país en implantar en Latinoamérica.

“Contaremos con una vacuna que se incorporará al programa nacional de vacunación, la vacuna bivalente de covid-19. Será una estrategia de vacunación anual en población venerable, parecida a la de influenza”, subrayó.

La posibilidad del fin del uso obligatorio de las mascarillas y la eliminación del “pase de movilidad” había desatado la polémica en Chile, uno de los países que mantenían una de la política sanitaria más restrictiva del mundo.

Profesionales de la psiquiatría habían pedido su supresión mientras que médicos e infectólogos apuntaban que aún era “pronto”, aludiendo a las cifras de contagios pero sin colocarlas en relación con el número de casos graves o de ocupación de camas de UVI, que son los parámetros que marcan la gravedad de una pandemia.

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