A inicios de julio, todos los alumnos de las escuelas uruguayas regresaron a las aulas. En junio ya lo habían hecho algunas escuelas rurales. En la foto, estudiantes del Colegio Español Cervantes en Montevideo. La baja incidencia del COVID-19 en Uruguay, la responsabilidad de la población y el estricto protocolo sanitario llevaron al país sudamericano a convertirse en el primero de Latinoamérica en retomar la presencialidad en la educación. (EFE)
A inicios de julio, todos los alumnos de las escuelas uruguayas regresaron a las aulas. En junio ya lo habían hecho algunas escuelas rurales. En la foto, estudiantes del Colegio Español Cervantes en Montevideo. La baja incidencia del COVID-19 en Uruguay, la responsabilidad de la población y el estricto protocolo sanitario llevaron al país sudamericano a convertirse en el primero de Latinoamérica en retomar la presencialidad en la educación. (EFE)
Gisella López Lenci

Desde inicios de la pandemia, apenas ha registrado 1.141 casos confirmados de COVID-19 y 34 muertes. Sí, 34 muertes. Para hacer una odiosa y necesaria comparación, en el Perú hay 1.372 hospitalizados en UCI con ventilación mecánica, mientras que en el pequeño país sudamericano hay solo 149 casos activos de .

Aunque en esta semana ha habido un rebrote, sobre todo en centros de salud, que ha prendido las alarmas de las autoridades, el número sigue siendo completamente manejable (el martes sumó 32 casos nuevos) y permite rastrear los contactos e impedir aún la transmisión comunitaria del virus, que es lo que ha puesto de cabeza nuestras vidas al desatarse la pandemia.

Ciertamente se trata de una población de 3,4 millones de habitantes, con características demográficas relativamente homogéneas y donde la densidad poblacional se sitúa en algunas zonas de Montevideo, que concentra 1,3 millones de personas. ¿Uruguay hizo todo bien y nosotros lo hicimos muy mal? ¿Por qué las escuelas, para envidia de los agobiados padres peruanos, sí han podido retomar las clases presenciales? ¿Por qué las actividades económicas han vuelto casi a la normalidad y los uruguayos, a diferencia del resto de latinoamericanos y estadounidenses, sí tienen la libertad de poder viajar a la Unión Europea?

Los factores son varios, pero hay uno que resalta (y nos duele): la alta responsabilidad de la población que no necesitó que le impongan una cuarentena obligatoria para acatar las medidas de distanciamiento social. Esto sumado a la rápida respuesta de las autoridades, pese a que el gobierno de Luis Lacalle Pou había asumido apenas el 1 de marzo y tuvo que lidiar con la emergencia casi de inmediato; a un sólido sistema de protección de salud; al apoyo del sector empresarial y a una red de científicos que consiguieron prontamente realizar pruebas de descarte de forma masiva en la población.

En la imagen, un hombre recibe alimentos durante una olla popular en Montevideo. Muchas de las personas que se quedaron sin empleo a causa de la pandemia han recibido subsidios estatales. (EFE)
En la imagen, un hombre recibe alimentos durante una olla popular en Montevideo. Muchas de las personas que se quedaron sin empleo a causa de la pandemia han recibido subsidios estatales. (EFE)

“En Uruguay nunca tuvimos la circulación comunitaria del virus y eso ha permitido un combate más efectivo. Ni bien se detectaron los primeros casos se llamó a un confinamiento voluntario y hubo un alto nivel de acatamiento. Desde luego, esto vino de la mano con la suspensión de clases, de espectáculos públicos y se dejaron de atender las oficinas del Estado que no eran consideradas esenciales. Esto permitió que los brotes fuesen muy limitados y hacer la trazabilidad epidemiológica”, comenta a este Diario Fernanda Boidi, politóloga uruguaya y coordinadora senior de campo del Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) de Vanderbilt University.

“Es un éxito colectivo, es una conjunción de factores, pero lo primero y más importante es la toma de conciencia de la población. Muchos, y me incluyo, creíamos que iba a ser difícil que la población acatara un llamado a mantenerse en sus casas y reducir sus niveles de actividad, porque es difícil desde el punto de vista económico. La realidad mostró que esta sociedad está muy apegada a la libertad y, por lo tanto, como colectivo social, tuvimos la responsabilidad de cuidarnos entre todos. Esa es la razón de que Uruguay esté en una posición esperanzadora”, señala, por su parte, el periodista y columnista político Mauricio Rabuffetti.

Salud para todos

Ambos analistas también explican que el país tiene un sistema integral de salud universal, en donde el sector público trabaja de la mano con el privado y puede atender de manera rápida las demandas puntuales de los pacientes. “Tenemos un sistema bastante particular, que son las llamadas emergencias médicas móviles, que son empresas privadas, pagadas por los usuarios, a las que llamas si te sientes mal y ya tienes un doctor en tu casa. Entonces, existe un primer mecanismo de contención domiciliaria que permite que las personas no tengan que desplazarse a un hospital o centro de salud”, agrega Rabuffetti.

Desde el inicio de la emergencia, los científicos uruguayos desarrollaron pruebas masivas que permitieron detectar a tiempo los casos. (AFP)
Desde el inicio de la emergencia, los científicos uruguayos desarrollaron pruebas masivas que permitieron detectar a tiempo los casos. (AFP)

“El acatamiento masivo se dio porque hay una red de protección social. Los que se quedaron sin empleo no tuvieron que salir inmediatamente a la calle a buscar un nuevo trabajo o volcarse al sector informal. Son condiciones estructurales que existen en el país, pero también hubo una comunicación gubernamental muy clara y directa”, explica Boidi. Así como en el Perú, el Gobierno Uruguayo entregó subsidios y además recibió dinero de entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF).

La llegada del conservador Lacalle Pou al poder significó un giro en la progresista Uruguay, que salía de 15 años de haber sido gobernado por el izquierdista Frente Amplio. Gracias a su gestión en la pandemia, una última encuesta le da al presidente una aprobación de 66%, considerando que en la primera vuelta de las elecciones no llegó al 30% de los votos y que para ganar en segunda ronda tuvo que formar una coalición de partidos.

“Los pilares del éxito ante el coronavirus pasan por lo institucional, lo comunicacional, las características estructurales del país, el hecho de que somos pocos, tenemos una población más educada para los estándares de la región y que además es receptiva a la comunicación gubernamental”, resalta Boidi.

En alerta

Pese a la esperanza que supone el caso uruguayo, esta semana se encendieron las alarmas. Mientras que entre mayo y junio hubo días donde no hubo un solo contagio en el país, el martes pasado se registraron 32 casos confirmados y otros 21 el miércoles, la mayoría provenientes de centros de salud en Montevideo.

Aunque los hospitales son los lugares de más riesgo, el aumento no ha dejado de preocupar. Por ello, el jueves, los líderes del Grupo Asesor Científico Honorario, que aconsejan al Gobierno, dieron una conferencia de prensa para explicar la situación y tratar de calmar a la gente:

“Estamos en una etapa que se caracteriza por la aparición de brotes”, apuntó el bioquímico Rafael Radi, coordinador del grupo, quien recordó que el país está en un escenario de “desconfinamiento bastante avanzado”, por lo que se trata de un “escenario razonable”. “Lo que debemos evitar a toda costa es que este curso no pase a otra fase, que es la fase de trasmisión comunitaria masiva”, subrayó, que es cuando ya se hace casi imposible rastrear y contener los contagios.

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, apeló a la responsabilidad de la población y no aplicó cuarentena obligatoria. Los resultados han sido satisfactorios.  (Foto: Presidencia de Uruguay / AFP)
El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, apeló a la responsabilidad de la población y no aplicó cuarentena obligatoria. Los resultados han sido satisfactorios. (Foto: Presidencia de Uruguay / AFP)

“El principal desafío para Lacalle Pou ahora es evitar que se produzca un desborde de contagios desde los países vecinos, porque la situación en Brasil es una tragedia humana y Argentina está en un momento difícil”, apunta Rabuffetti.

Ante ello, el mandatario ya anunció la exigencia para los extranjeros que ingresen a Uruguay de una especie de visado sanitario que acredite que se hicieron un test de COVID-19 y cuyo resultado sea negativo.

Como buen uruguayo, el doctor Radi lo explicó en términos futbolísticos: “En mi consideración, seguimos 0-0, aunque estamos sufriendo algunos embates del adversario. Esperamos resistir. Tenemos buena defensa y buen golero”.

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¿Qué es el coronavirus?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden causar diferentes afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV).

El coronavirus descubierto recientemente causa la enfermedad infecciosa por coronavirus . Ambos fueron detectados luego del brote que se dio en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

El cansancio, la fiebre y la tos seca son los síntomas más comunes de la COVID-19; sin embargo, algunos pacientes pueden presentar congestión nasal, dolores, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.

Aunque la mayoría de los pacientes (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, alrededor de una de cada seis personas que contraen la COVID-19 desarrolla una afección grave y presenta dificultad para respirar.

Para protegerse y evitar la propagación de la enfermedad, la OMS recomienda lavarse las manos con agua y jabón o utilizando un desinfectante a base de alcohol que mata los virus que pueden haber en las manos. Además, se debe mantener una distancia mínima de un metro frente a cualquier persona que estornude o tose, pues si se está demasiado cerca, se puede respirar las gotículas que albergan el virus de la COVID-19.

¿Cuánto tiempo sobrevive el coronavirus en una superficie?

Aún no se sabe con exactitud cuánto tiempo sobrevive este nuevo virus en una superficie, pero parece comportarse como otros coronavirus.

Estudios indican que pueden subsistir desde unas pocas horas hasta varios días. El tiempo puede variar en función de las condiciones (tipo de superficie, la temperatura o la humedad del ambiente).

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