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Grupos de migrantes venezolanos caminan por una carretera ayer, en la región de Tulcán (Ecuador), pese al cierre de fronteras por el coronavirus en los países andinos. (Foto: EFE/ Xavier Montalvo)

Grupos de migrantes venezolanos caminan por una carretera ayer, en la región de Tulcán (Ecuador), pese al cierre de fronteras por el coronavirus en los países andinos. (Foto: EFE/ Xavier Montalvo)

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Grupos de migrantes venezolanos recogen su equipaje ayer, en la terminal de autobuses de Tulcán, Ecuador. Miles de venezolanos sigan cruzando por trochas de un país en otro movidos por el "virus del hambre", todo un desafío para los Gobiernos que tratan de impedir la propagación del coronavirus. (Foto: EFE/ Xavier Montalvo)

Grupos de migrantes venezolanos recogen su equipaje ayer, en la terminal de autobuses de Tulcán, Ecuador. Miles de venezolanos sigan cruzando por trochas de un país en otro movidos por el "virus del hambre", todo un desafío para los Gobiernos que tratan de impedir la propagación del coronavirus. (Foto: EFE/ Xavier Montalvo)

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Se cuentan por miles los migrantes venezolanos que cada mes siguen cruzando de Colombia a Ecuador, y de Ecuador a Perú, en busca de un futuro por decenas de pasos ilegales que las autoridades no alcanzan a controlar: cuando destruyen uno, se abre otro. (Foto: EFE/ Xavier Montalvo)

Se cuentan por miles los migrantes venezolanos que cada mes siguen cruzando de Colombia a Ecuador, y de Ecuador a Perú, en busca de un futuro por decenas de pasos ilegales que las autoridades no alcanzan a controlar: cuando destruyen uno, se abre otro. (Foto: EFE/ Xavier Montalvo)

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Rubén Gallardo, un ingeniero venezolano del petróleo, que pese a una discapacidad en la columna, lleva un mes caminando desde Venezuela y llegó hasta la región de Tulcán. (Foto: EFE/ Xavier Montalvo)

Rubén Gallardo, un ingeniero venezolano del petróleo, que pese a una discapacidad en la columna, lleva un mes caminando desde Venezuela y llegó hasta la región de Tulcán. (Foto: EFE/ Xavier Montalvo)

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Esta imagen muestra a un grupo de soldados en la zona fronteriza entre Perú y Ecuador, en Huaquillas para disuadir la inmigración ilegal venezolana. (Foto: EFE/ Daniel Galue)

Esta imagen muestra a un grupo de soldados en la zona fronteriza entre Perú y Ecuador, en Huaquillas para disuadir la inmigración ilegal venezolana. (Foto: EFE/ Daniel Galue)

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Unidades blindadas del Ejército del Perú que se dirigen a la frontera con Ecuador en apoyo a la Policía Nacional para controlar el acceso de migrantes. (Foto: EFE/ Andina)

Unidades blindadas del Ejército del Perú que se dirigen a la frontera con Ecuador en apoyo a la Policía Nacional para controlar el acceso de migrantes. (Foto: EFE/ Andina)

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Foto de archivo, oficiales y soldados de la Policía Militar de Colombia patrullan las "trochas" - senderos ilegales en la frontera entre Colombia y Venezuela - cerca del Puente Internacional Simón Bolívar en Cúcuta, Colombia, en octubre del 2020. (Foto: SCHNEYDER MENDOZA / AFP)

Foto de archivo, oficiales y soldados de la Policía Militar de Colombia patrullan las "trochas" - senderos ilegales en la frontera entre Colombia y Venezuela - cerca del Puente Internacional Simón Bolívar en Cúcuta, Colombia, en octubre del 2020. (Foto: SCHNEYDER MENDOZA / AFP)

El cierre de fronteras por el en los países andinos no impide que miles de sigan cruzando por trochas de un país en otro movidos por el “virus del hambre”, todo un desafío para los Gobiernos que tratan de impedir la propagación del coronavirus.

Se cuentan por miles los migrantes venezolanos que cada mes siguen cruzando de Colombia a Ecuador, y de Ecuador a Perú, en busca de un futuro por decenas de pasos ilegales que las autoridades no alcanzan a controlar: cuando destruyen uno, se abre otro.

Para cruzar cada frontera desde su lejana Venezuela, los migrantes pagan el equivalente de entre 5 y 10 dólares, una suma nada despreciable para quien no tiene nada.

Para las autoridades, el paso de estos migrantes se ha convertido en una amenaza sanitaria, dado que no hay control sobre posibles contagiados y el virus se desplaza con ellos a lo largo de su recorrido.

Pero frente al coronavirus, para el migrante venezolano pesa más el hambre, la falta de trabajo, la escasez de servicios médicos y la persecución política.

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