"Me enamoré de este deporte (...) Dejé mi trabajo por el rugby" ,  asegura Mohamed Abbas, joven jugador de 20 años. (AFP)
"Me enamoré de este deporte (...) Dejé mi trabajo por el rugby" , asegura Mohamed Abbas, joven jugador de 20 años. (AFP)
Redacción EC

Mohamed Abbas no hubiera renunciado por nada en el mundo a su trabajo de jornalero, única fuente de ingresos para financiar sus estudios, pero el día en que se unió al primer equipo de rugby siete de Iraq abandonó todo.

Hace tres meses encontró un anuncio: un entrenador buscaba una veintena de voluntarios para probar el rugby en un país en que el fútbol es rey.

Se presentó y desde entonces, con otros 19 jugadores, este habitante de Bagdad de 20 años se entrena todos los días -salvo los viernes, día de oración- durante varias horas.

"Me enamoré de este deporte", lanza. "Dejé mi trabajo por el rugby" dice asegurando que no abandonará aunque sea difícil física y económicamente, en un país en que el desempleo causa estragos, en particular entre los menores de 25 años que representan más del 60% de la población.

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"Hago lo que puedo para intentar distinguirme en mi equipo" que "tiene que hacerse conocido" en el país, a diario ensangrentado por nuevos incidentes, explicó con entusiasmo.

Durante mucho tiempo Mohamed cargó y descargó bidones de aceite en pos de juntar el dinero necesario para financiar sus estudios, con la esperanza de llegar a ser profesor de educación física. Hoy sueña con ser una celebridad.

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Ningún apoyo


Rasul Shaye, de 26 años, desarrolló su musculación trabajando como albañil, a falta de encontrar trabajo como periodista, de lo que se diplomó.

Aún hoy, cuando puede, trabaja en obras para poder cubrir los gastos de transporte desde su domicilio en la gran periferia de Bagdad hasta el estadio.

Ninguno de los jugadores recibe salario.

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Ghaith Kazem, estudiante y miembro del equipo, que proviene de una familia acomodada, confía que de vez en cuando esconde en los bolsos de sus compañeros una pelota, un par de botines o un nuevo pantalón o camiseta. "Los anima y los alienta a quedarse en el equipo", dice.

El pequeño club sólo puede contar con el autofinanciamiento para existir. "No tenemos ningún apoyo del Comité Olímpico iraquí", explicó Ahmed Qassem, que dirige el equipo.

Este iraquí de 47 años, a cargo del club de deportes del ministerio de Electricidad, descubrió el rugby en el extranjero, en Marruecos, Egipto y Túnez en donde vivió y jugó como aficionado.

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De regreso a su país espera crear vocaciones para poder formar oficialmente una Federación y obtener financiamiento público. Recién después se podrá incorporar a la Unión de Federaciones Arabes de Rugby, que cuenta con una sede en casa país "con la excepción de Iraq".

Pero para ello deberá encontrar primero un local y un estadio propio. Desde hace tres meses su equipo de rugby se entrena en un terreno de 100 metros por 70 m -dimensiones reglamentarias-- que le presta la Universidad de Agricultura de Bagdad.

En octubre, Jordania organiza el campeonato árabe de rugby. El equipo de Qassem representará a Iraq, que se presenta por primera vez.

Fuente: AFP
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