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La región rebelde de Guta volvió a pagar un alto precio en el sangriento conflicto de , sufriendo en los últimos días una nueva ola de bombardeos que dejaron decenas de civiles muertos, entre ellos familias enteras y a pesar de constituir una zona de distensión.

Desde hace casi una semana los bombardeos aéreos y disparos de artillería tienen en la mira a Guta oriental, al este de Damasco. Unos 80 civiles murieron, de ellos 14 niños, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

La región, sitiada por el régimen desde 2013, forma parte desde julio de las cuatro "zonas de distensión" creadas en Siria para hacer respetar una tregua en los combates.

Pero el régimen multiplicó sus ataques luego de una ofensiva de los islamistas rebeldes de Ahrar al Sham lanzada el 14 de noviembre contra una de sus bases militares.

"A largo plazo, el gobierno sirio buscará tomar el control total de Guta, aunque ello lleve tiempo", estimó Aron Lund, especialista de Siria en la estadounidense Century Foundation.

"La región está muy cerca de la capital para que quede así", señaló precisando que "las fuerzas de la oposición están rodeadas y tienen pocas posibilidades" de que su situación cambie.

Respondiendo a los ataques del régimen, los rebeldes dispararon obuses en dirección de la capital siria, que dejaron más de una decena de muertos esta semana.

Esta nueva escalada en la violencia se produce cuando los presidentes ruso, Vladimir Putin, iraní, Hasan Rohani, y turco, Recep Tayyip Erdogan, se reunirán el miércoles en Sochi (Rusia) para hablar sobre la situación en Siria.

Irán y Rusia, que respaldan al régimen, y Turquía, que apoya a los rebeldes, tienen un papel de primer orden en las negociaciones con las que se busca poner fin al conflicto que dejó más de 330.000 muertos.

Para el director del OSDH, Rami Abdel Rahman, las fuerzas del régimen utilizaron como excusa el ataque rebelde para "apuntar a la Guta oriental".

Según Rahman, el objetivo es alentar a la "población a dejar de apoyar a los combatientes".

El régimen quiere probar a los civiles que los rebeldes "no son capaces de protegerlos de los ataques del régimen, e incluso que son un peso para los habitantes de Guta", precisó Rahman.

Para los casi 400.000 habitantes que sufren carencia de alimentos y medicamentos, no hay escapatoria posible frente a los bombardeos del régimen.

"Estamos a veces obligados de hallar refugio en lugares que no están equipados para ello, como los aseos o la cocina, y a veces tenemos que dormir allí", lamenta Majed, de 28 años, padre de dos niños, instalado en la ciudad de Duma.

Su hijo de cuatro años ya es plenamente consciente de las atrocidades de la guerra.

"Cuando escucha el ruido de los ataques aéreos, corre a esconderse a un armario, detrás de una puerta, y grita 'un avión, un avión'", cuenta Majed.

Firas al Kahal, de 22 años, es miembro de los "cascos blancos" en Duma. Aun recuerda a una niña de ocho meses que vio el viernes salir arrastrándose de entre los escombros de una vivienda destrozada.

"Vivió los bombardeos y el terror, pero su cerebro no podía comprender lo que le pasaba. ¿Cómo salió?", dice el joven rescatista.
Herida en la cabeza, la pequeña pudo ser salvada.

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