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Las tropas han matado a 89 militantes islamistas en poco más de una semana de combates en zonas urbanas. Se espera que los enfrentamientos se recrudezcan, mientras hombres armados protegen a tres de sus principales líderes y mantienen un número indeterminado de rehenes, según informó el ejército, el miércoles.

Helicópteros dispararon cohetes en algunas zonas de Marawi, ciudad de mayoría musulmana al sur de Filipinas, que sigue bajo el control de grupo yihadista Estado Islámico.  Los combatientes han matado al menos a 19 civiles y a 21 miembros de las fuerzas de seguridad.

El presidente Rodrigo Duterte declaró la ley marcial en toda la región sureña de Mindanao como respuesta a la crisis, descrita como la mayor campaña realizada por los yihadistas para establecer un bastión en Filipinas, país de mayoría católica.

Otra de las preocupaciones es la seguridad de unos 2,000 residentes, que según el gobierno local, permanecen atrapados en las áreas controladas por islamistas.

El Comité Internacional de la Cruz Roja llamó a un cese al fuego humanitario, el miércoles, para poder rescatarlos. La rebelión separatista musulmana al sur de Filipinas ha matado a más de 120,000 personas desde los años 70.

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