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Estudiantes realizaron una vigilia en honor a las más de 50 víctimas del , la mayor masacre en la historia reciente de .

El tiroteo de Las Vegas plantea por enésima vez la cuestión de regular la venta de armas de fuego, un debate que ni el presidente Donald Trump ni el Congreso parecen listos a encarar.

Según la investigación preliminar, el atacante, identificado como Stephen Paddock, disponía de 16 armas largas en la habitación del hotel desde donde abrió fuego sobre los miles de asistentes a un concierto al aire libre, dejando 59 muertos y más de 500 heridos.

Pero además, de su casa se requisaron unas 18 armas de fuego adicionales, algunos explosivos y varias miles de cartuchos de munición.

En una breve alocución desde la Casa Blanca, el presidente describió el acto de Paddock como "el mal absoluto" y llamó a Estados Unidos a mantenerse unido y a orar.

Pero no dijo ni una palabra sobre el control de la venta de armas de fuego. Poco después, su portavoz, Sarah Huckabee Sanders, opinó que era "prematuro" iniciar esa discusión.

Aunque la investigación recién comenzó, los adversarios demócratas del presidente estadounidense ya exigen, cualesquiera hayan sido las motivaciones del homicida, una modificación de la legislación sobre armas, un asunto que suscita virulentas pasiones en Estados Unidos.