"Someterse a Washington no es un asunto menor en América Latina. Entre los partidarios de Fernández, puede ser visto como una herejía o una traición".
"Someterse a Washington no es un asunto menor en América Latina. Entre los partidarios de Fernández, puede ser visto como una herejía o una traición".
Jorge Castañeda

Exministro de Relaciones Exteriores de México

Aparte de Nicaragua, Cuba y Venezuela, países sumidos en dictaduras y crisis, los únicos gobiernos democráticos de centroizquierda en América Latina son y . Ambos tienen que lidiar con el acoso de una administración distraída y errática en Washington. El presidente entrante de Argentina, , tiene el desafío más difícil.

Fernández heredó un desastre económico de proporciones monumentales, tanto en el frente nacional como en el internacional, que deben ser tratados simultáneamente, teniendo en cuenta las expectativas lógicamente excesivas de sus propios ciudadanos. El problema más acuciante es la deuda de 57.000 millones de dólares que tiene el país con el Fondo Monetario Internacional (FMI), extendida tal vez de manera irresponsable por la institución y utilizada en gran medida insensatamente por Mauricio Macri, el predecesor de Fernández. Y Fernández solo puede hacer frente a este desafío si la administración de Trump está de su lado. Dada la precaria situación de varios países de la región, esto no será fácil.

Según informes de Washington y Buenos Aires, la administración de Trump ha advertido al gobierno de Fernández de que tenga cuidado en su apoyo a las causas de la izquierda latinoamericana. Bloomberg informó la semana pasada que “un alto funcionario de la administración Trump” advirtió a Fernández de que, después de extenderle asilo a Evo Morales, Argentina debería negarle una plataforma para sus actividades políticas dirigidas a regresar al poder. No hacerlo pondría en peligro el apoyo de Estados Unidos a la renegociación de esa deuda de 57.000 millones de dólares con el FMI. Aparentemente, Washington también instó a Fernández a no acercarse demasiado al dictador venezolano Nicolás Maduro y al presidente cubano Miguel Díaz-Canel, que asistieron a la toma de posesión del nuevo presidente.

Es difícil saber si esta actitud refleja la posición del presidente Trump o solo la de su oficial del Consejo de Seguridad Nacional a cargo de América Latina, quien iba a representar a los Estados Unidos en la toma de posesión de Fernández, pero se negó a asistir tras enterarse de que un funcionario venezolano de alto nivel también asistiría. El desafío para Fernández, y en menor medida para el presidente Andrés Manuel López Obrador de México, es que incluso si Trump no está manejando plenamente la política hacia la región, consumido como probablemente lo está con Irán y el juicio político, los funcionarios de menor nivel pueden complicar las cosas para países como Argentina y México.

Los principales puntos de discordia son la situación de Bolivia, junto con la de Venezuela, y, como siempre, Cuba. El día después de la visita del fiscal estadounidense a la Ciudad de México, Morales partió hacia La Habana y, días después, llegó a Argentina, donde ha obtenido asilo permanente. Desde Buenos Aires, continúa realizando actividades políticas, y ha llegado incluso a inaugurar obras públicas por teléfono y ha celebrado reuniones con los delegados de su partido y posibles candidatos para las próximas elecciones.

Argentina necesita liberarse de sus deudas. Trump no puede entregar este alivio fácilmente, pero puede bloquearlo. Fernández haría bien en dejar atrás a Bolivia.

Someterse a Washington no es un asunto menor en América Latina. Entre los partidarios de Fernández, puede ser visto como una herejía o una traición. Algunas concesiones a los Estados Unidos son claramente excesivas. Sin embargo, incluso López Obrador ha optado por no cruzar la supuesta línea roja de Trump en México: no hay médicos cubanos en el país y no hay petróleo mexicano subvencionado para Cuba. Para Argentina, defender una causa perdida en Bolivia, donde hay pocos principios involucrados, y ayudar a Cuba y Venezuela a perpetuar la miseria de su pueblo a costa del apoyo estadounidense donde realmente cuenta, simplemente no vale la pena.

–Glosado y editado–

© The New York Time

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