"En las últimas semanas, el ejército de trabajadores sanitarios rurales de la India se ha desplegado para tocar puertas y registrar a los aldeanos para recibir la vacuna". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"En las últimas semanas, el ejército de trabajadores sanitarios rurales de la India se ha desplegado para tocar puertas y registrar a los aldeanos para recibir la vacuna". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Alia Allana

Periodista

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La segunda ola del en está aquí. El país de más de mil millones de personas ya tiene 11,3 millones de casos y más de 158.000 muertos. Después de un promedio semanal bajo de menos de 11.000 casos por día en la segunda semana de febrero, estos han aumentado a un promedio semanal de más de 18.000 por día.

Esto da mayor urgencia al proceso de inoculación de la India, que tiene como objetivo vacunar a 300 millones de personas contra el COVID-19 entre mediados de enero y agosto.

Cuando comenzó la el 16 de enero, estaba bastante segura de que saldría bien. India es una potencia farmacéutica mundial. Igualmente, el país tiene una larga historia de ejecutar con éxito programas de inmunización en geografías desalentadoras y difíciles.

Pero esta se ha visto obstaculizada por la burocracia, la entrega ineficiente y una disparidad entre ricos y pobres. India logró vacunar solo a 14 millones de los 30 millones de trabajadores de atención médica que pretendía inmunizar entre el 16 de enero y el 1 de marzo.

Desde el principio, la respuesta a la del Gobierno Indio ha estado envuelta en secreto y sin amplias consultas. Hace un año, el 24 de marzo, el primer ministro Narendra Modi impuso abruptamente una cuarentena nacional.

En agosto, el gobierno de Modi creó un grupo de expertos integrado principalmente por burócratas federales para formular la política de implementación de vacunas de la India. Su principal error fue no aprovechar las redes de programas nacionales de inmunización altamente eficientes.

El 16 de enero, Serum Institute of India, la empresa que fabrica la vacuna Oxford-AstraZeneca, ya estaba produciendo entre 2,5 y 3 millones de dosis de la vacuna todos los días.

Otra empresa, Bharat Biotech, estaba produciendo su propia vacuna en colaboración con un organismo gubernamental indio. El regulador de medicamentos de la India aprobó repentinamente el Covaxin de la compañía para uso público antes de completar sus ensayos de fase 3. La decisión apresurada generó dudas sobre la seguridad y eficacia de la vacuna.

Y la India, que se enorgullece de su destreza en tecnología de la información, se propuso desarrollar un sistema de gestión de vacunas digital. El Ministerio de Salud presentó CoWIN, un sitio web, y Aarogya Setu, una aplicación móvil de rastreo de contactos que se introdujo después del brote de la pandemia.

El enfoque en los registros en línea ignoró un hecho fundamental: más de la mitad de la población india no tiene acceso a Internet, computadoras o teléfonos inteligentes.

El grupo de lanzamiento de vacunas de Modi procedió a limitar la primera fase del programa de vacunación al sistema de salud pública de la India y dejó fuera las instalaciones de atención médica privadas.

Después de que las infecciones comenzaron a aumentar a mediados de febrero, una combinación de crítica política y reacción popular finalmente llevó a India a corregir el rumbo. El 1 de marzo, cuando comenzó la segunda fase de la campaña de vacunación, la elegibilidad se amplió a los ciudadanos mayores de 60 años y aquellos mayores de 45 años con comorbilidades.

El gobierno también ha involucrado a los hospitales privados, permitió el registro presencial en los centros de vacunación y que las personas elijan dónde inocularse. El 3 de marzo, la publicación de los datos del ensayo de Covaxin, de Bharat Biotech, que demostraba una eficacia clínica del 81%, aumentó significativamente la confianza en él.

Al 10 de marzo, India había administrado 25 millones de dosis de la vacuna. Pero eso aún no es suficiente.

La segunda ola de la pandemia está surgiendo a través de pueblos y aldeas más pequeñas que carecen de los recursos de las ciudades más grandes. India aún puede enfrentar el desafío aprovechando la infraestructura y las redes de su programa de inmunización.

Hay señales de movimiento en esa dirección. En las últimas semanas, el ejército de trabajadores sanitarios rurales de la India se ha desplegado para tocar puertas y registrar a los aldeanos para recibir la vacuna.

La segunda ola avanza más rápido que la burocracia de la India. India necesita mantener el ritmo.

–Glosado y editado–

© The New York Times