Esta semana, el presidente ruso Vladimir Putin ordenó una operación militar en el este de Ucrania. En esta oportunidad, los internacionalistas Francisco Belaunde y Carlos Novoa analizan esta invasión y sus implicancias para el mundo. (Ilustración: Giovanni Tazza)
Esta semana, el presidente ruso Vladimir Putin ordenó una operación militar en el este de Ucrania. En esta oportunidad, los internacionalistas Francisco Belaunde y Carlos Novoa analizan esta invasión y sus implicancias para el mundo. (Ilustración: Giovanni Tazza)
Carlos Novoa Shuña

El ataque militar de en territorio de es uno de los peores conflictos que sufre Europa en casi 80 años, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Si se ha mantenido en el poder en los últimos 20 años se debe a que, de una u otra forma, siempre ha impulsado el resurgimiento de Rusia como potencia mundial, por lo que el ataque a Ucrania es una ocasión para demostrar una imposición de lo ruso en las exrepúblicas soviéticas, ya sea por las buenas o por las malas. Pareciera, como lo dijo el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que Putin se habría empeñado en restablecer el régimen soviético.

Las imágenes de la invasión a Ucrania tienen un enorme efecto en la opinión pública mundial y colocan a Putin en las portadas de todos los medios de comunicación del planeta. Es decir, Putin le quiere decir al mundo entero que Rusia es capaz de hacer cualquier cosa.

Sin embargo, no parece que esta feroz ofensiva rusa vaya a desencadenar una Tercera Guerra Mundial porque Estados Unidos y otros países de Occidente no se involucrarán de manera directa en un conflicto bélico con Rusia. Sí se trata, sin embargo, de una grave coyuntura, porque se crea una esfera de tensión más en la atribulada zona de países que fueron parte de la Unión Soviética.

Para los rusos, el problema con Ucrania empieza en el 2008, cuando la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) invitó a Ucrania y a Georgia a integrarse al organismo, lo que fue visto como una afrenta para los rusos, pues consideran que se trata de una amenaza directa a su seguridad.

Un segundo momento surge en el año 2013, cuando protestas populares entre los ucranianos terminaron con la salida del presidente Víktor Yanukovich, que era un incondicional aliado de Moscú y fue reemplazado por Petró Poroshenko, quien durante su mandato se acercó más a posiciones occidentales y se alejó de la esfera rusa.

Para Rusia es imperante mantener una influencia y control sobre los países que fueron parte de la Unión Soviética, como Bielorrusia o Ucrania, por citar dos ejemplos. Moscú, con Putin o sin él, no aceptará nunca que en alguno de los países vecinos se establezcan alianzas con la OTAN porque eso los dejaría en una situación de vulnerabilidad.

¿Qué se viene ahora? Por lo pronto, el mundo occidental que apoya a Ucrania solo puede castigar a Rusia imponiendo fuertes sanciones económicas, pero, aunque esto resquebraja las respectivas economías, no funcionará como arma disuasoria para frenar, en este caso, los ímpetus expansionistas de Putin.

La ferocidad de los ataques rusos busca resquebrajar la capacidad de las Fuerzas Armadas ucranianas. La verdadera batalla se dará en la región este de Donbás, que Rusia reconoce como independiente, pero que Ucrania seguirá reclamando como suya.

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