"Un gran error en el diseño de políticas públicas en nuestro país es que se confunde el síntoma con la enfermedad y se busca implementar soluciones sin haber realizado un adecuado diagnóstico". (Ilustración: Víctor Aguilar)
"Un gran error en el diseño de políticas públicas en nuestro país es que se confunde el síntoma con la enfermedad y se busca implementar soluciones sin haber realizado un adecuado diagnóstico". (Ilustración: Víctor Aguilar)

Tres objetivos busca resolver la política de ‘’ para decretada por la : reducir los accidentes de tránsito, aliviar la congestión vehicular y disminuir las emisiones contaminantes en la ciudad.

Al tomar en cuenta el primer objetivo (reducción de accidentes de tránsito), debemos saber que solo el 6% del total de estos accidentes en el Perú ha sido causado por camiones, y apenas el 0,04% por tráileres. Si lo que se busca, entonces, es reducir los accidentes de tránsito, ¿por qué restringir el uso de los vehículos que han estado menos involucrados en esta situación?

El segundo objetivo, por otro lado, es la reducción de la congestión vehicular. A nadie le gusta toparse con camiones en las vías. Son vehículos grandes y lentos. Sin embargo, estos constituyen solo el 8% del parque automotor a nivel nacional y el 6% del de Lima y Callao. El problema de la congestión no radica en tener demasiados camiones, porque, como es evidente, no los tenemos. El problema medular de la congestión en el Perú, según ingenieros expertos en tránsito, es el inadecuado diseño vial que impide que los vehículos se desplacen adecuadamente con fluidez y seguridad. Nuestro parque automotor es muy bajo en comparación con otras ciudades de Sudamérica. A través de una vía semaforizada fluida pueden pasar hasta 800 vehículos por hora por carril. En Lima, eso solo ocurre con entre 400 y 600 vehículos. En otras palabras, a pesar del número bajo de vehículos, sufrimos una gran congestión.

Por último, el tercer objetivo que busca el ‘pico y placa’ para camiones es reducir las emisiones contaminantes derivadas del uso de este transporte en la ciudad. Si de verdad la Municipalidad de Lima está interesada en disminuirlas, debería impartir una política de chatarreo y de renovación de flota. El problema de la contaminación no radica en la propia circulación de camiones sino en el hecho de que, del total que existen de tipo N3, el 61% tiene más de 30 años de antigüedad y, de estos, la mitad tiene más de 41 años. En consecuencia, si lo que se busca es reducir las emisiones, urge renovar la flota. De igual manera, las revisiones técnicas no están cumpliendo con su rol pues seguimos viendo en las calles vehículos que deberían estar prohibidos de circular. Resulta contradictorio, además, que se sancione a vehículos nuevos en vez de a vehículos viejos. Se debería impulsar la aprobación de una ley que empiece a gravar a los vehículos con mayor antigüedad, pues estos son los que más contaminan.

Por otro lado, el ‘pico y placa’ pareciera tener un efecto contrario a lo que se busca: el número de camiones en las vías aumentará. ¿Cómo así? Al prohibir la circulación de camiones N3 y N4 en las vías locales, las empresas de transporte, que no pueden parar su actividad económica, trasladarán sus productos en camiones más pequeños, teniendo como resultado el aumento del parque automotor lo que, a su vez, contaminará más, generará más congestión y más posibilidades de registrar accidentes de tránsito.

Un gran error en el diseño de políticas públicas en nuestro país es que se confunde el síntoma con la enfermedad y se busca implementar soluciones sin haber realizado un adecuado diagnóstico o análisis del problema que se procura resolver. Existen soluciones para la congestión y la seguridad vial y lo bueno es que algunas de ellas, a diferencia del ‘pico y placa’ –que parece sacado de la manga–, sí están plasmadas en el plan de gobierno de nuestro actual alcalde, como el rediseño de vías, las intersecciones y la semaforización. Esperemos que estas se implementen pronto.