“En el Perú, las mujeres destinan un promedio de 40 horas semanales a tareas domésticas, mientras que sus pares varones solo 16. Esta diferencia se ha acentuado con la pandemia”. (Foto referencial: Fernando Sangama/GEC).
“En el Perú, las mujeres destinan un promedio de 40 horas semanales a tareas domésticas, mientras que sus pares varones solo 16. Esta diferencia se ha acentuado con la pandemia”. (Foto referencial: Fernando Sangama/GEC).
Véronique Henry

Directora en el Perú de la ONG Plan Internacional

En el contexto de , la carga de las labores domésticas y de cuidado se ha vuelto más pesada para las , poniendo en riesgo los esfuerzos por aminorar las brechas de género en distintos ámbitos, esencialmente (aunque no solo), en el hogar, en el trabajo, y en la salud sexual y reproductiva.

Por estas razones, desde la ONG Plan Internacional decidimos ser aliados principales del Grupo RPP en la tercera edición de la campaña ; una iniciativa que busca poner en evidencia el incremento de las brechas laborales y sociales entre hombres y mujeres durante esta nueva convivencia, y proponer alternativas. Estos son algunos de los principales desafíos para las mujeres en este nuevo contexto:

En lo doméstico: Según cifras de la Fundación Forge, en el Perú las mujeres destinan un promedio de 40 horas semanales a las tareas domésticas, mientras que sus pares varones solo 16. Esta diferencia se ha acentuado con la . El fenómeno también afecta a las adolescentes y a las niñas que, al verse limitadas por estos roles sociales, ven sus posibilidades de educación y desarrollo profesional truncadas por priorizar las labores y los cuidados del hogar. Estas situaciones –“justificadas” por creencias culturales– son comunes en la sociedad peruana y latinoamericana en general.

Así, según la Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales (Enares) del 2019, un 52,7% de peruanos cree que “la mujer debe primero cumplir su rol de esposa y madre, y después sus sueños”. Roles que están vinculados, además, con otros comportamientos que sustentan la violencia hacia ellas (por ejemplo, que el 33,2% afirme que “la mujer infiel debe tener algún castigo por parte de su pareja”).

En lo laboral: Con los rubros incluidos en la fase 1 de la reactivación económica, según un reporte de Apoyo Consultoría, solo el 8% de las mujeres ha retomado sus trabajos formales, en comparación con el 19% de los hombres. Ya desde el 2018 se indicaba que la tasa de empleo informal era mayor en las mujeres (71,4%) que en los hombres (64,7%). Así también, que ellas ganan en promedio 29,6% menos que sus pares masculinos; tienen un sueldo promedio de S/2.115 mensuales, casi S/500 por debajo de lo que ganan los hombres en la misma situación. La emergencia sanitaria actual ha agravado esta situación, reforzando aun más la vulnerabilidad económica, social y familiar que las mujeres tienen que enfrentar.

En la salud sexual y reproductiva: el número de muertes maternas se ha duplicado en estos tiempos por la saturación de los servicios de la salud producto del COVID-19. Las atenciones pre y post-natales han disminuido en el período de emergencia, por lo que es muy probable que aumenten los embarazos no deseados a fin de año. El número de consejería de planificación familiar durante el período de emergencia (donde se entregan los métodos anticonceptivos) se ha reducido a un 30% de lo que era antes y, en algunas regiones, a un 10%.

Esta situación es más dramática para las adolescentes, que están aun más restringidas en el acceso a sus derechos sexuales y reproductivos, y que son muchas veces víctimas de embarazos productos de violación. En base a cifras del Minsa, se calcula que en lo que va del año 459 niñas y adolescentes fueron madres tras una violación sexual.

En conclusión, las brechas entre hombres y mujeres se han acentuado en estos meses de pandemia, alimentando un círculo vicioso que perdura en el tiempo y en nuestra cultura. Sin embargo, esta nueva normalidad es una oportunidad única para transformar la sociedad, volviéndola más igualitaria.

Es hora de cambiar el chip, de dejar en el pasado los viejos estereotipos machistas y de construir las bases para una visión igualitaria entre hombres y mujeres, niños y niñas, buscando la complementariedad. Este cambio debe empezar ya, desde la familia, la educación y los distintos sectores.